Iritzia
13Azaroa
2006
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Ciutadans de la font del gat

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Azaroa 13 | 2006 |
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Como suele ocurrir en casi todas las elecciones, en Cataluña, todos han ganado, incluido el partido promovido por la emisora de la Conferencia Episcopal española, ante el asombro de algunos tertulianos fijos. Comencemos por este asunto.
En una buena mañana otoñal, entre insulto a los policías que investigan el 11-M, menosprecios a Josep Piqué y Alberto Ruiz Gallardón, redoble de campaña contra el "ABC" (¿han tomado los obispos partido por "El Mundo", "nuestro periódico", contra "ABC"?), a Jiménez, eufórico, por el abrumador y determinante triunfo de los Ciutadans de Catalunya, se lanza a extender el movimiento: «Si se presentan por Madrid, yo les voto». Ante esto, P. J. Ramírez sólo acertó a balbucear. «Pero, Federico, ¿qué dices?». Es cierto que me interesa saber más que lo que dice Federico, qué opinan los monseñores, ya que Cristina López Schwepps, o Mirinda, que no se cómo se pronuncia, también está por la opción "Ciudadanos". Dicen que en Euskadi ya hay gente interesada en poner en marcha el invento. Lo tienen fácil, sólo tienen que cambiar el nombre al Foro Ermua.

Va a gobernar el tripartit catalán: la socialdemocracia celtibérica, unida a la izquierda "aber-tzale" que allí, dicen, está representada por Esquerra Republicana. Convergencia i Unió, de momento, se queda en la oposición. Es cierto que, a partir de ahora, queda claro que sólo se puede ser nacionalista en Catalunya en el entorno de CiU. La izquierda con apellido, cuando llega la hora de la verdad, renuncia al apellido y a lo que haga falta.

CiU tiene en parte responsabilidad del crecimiento de ERC dando a entender, en algunos momentos, que tanto da, como da lo mismo. El nacionalismo democrático, en procesos de construcción de un país, no puede renunciar a la hegemonía a favor de alternativas de izquierda. ERC, que se opuso al Estatut de Maragall, que fue humillada por el presidente Zapatero, no duda en conformar una mayoría españolista contra CiU.

El Partido Popular retrocede empujado, curiosamente, por sectores anticatalanes de su propio partido, la Conferencia Episcopal (que llegó a promover un boicot a productos catalanes a través de la COPE) y algún medio de comunicación. Ciutadans, cuyo único programa es el antinacionalismo radical, le ha restado un parlamentario. Todo ello ha dado lugar a alguna tibia razón de Mariano Rajoy. Lo cierto es que el Partido Popular catalán, con muchas raíces socio-familiares en el franquismo, no pinta mucho. Y no sólo eso.

En su momento, CiU, como el Partido Nacionalista Vasco en 1996, cometió el inmenso error de pactar con el PP, lo que le condujo a una sucesión de derrotas que acabaron apartándole del poder.

El PSOE empeñado en sustituir al nacionalismo democrático en Catalunya (y en Euskadi) inició un periodo lleno de contradicciones, especialmente en el plano autonómico. A lo que aprobó el 90 por ciento de la representación catalana, se le pasó la lija en Madrid (como ocurrió con el Estatuto de Gernika). El Estatuto recientemente aprobado es un suelo (aprobado por puro posibilismo), no un techo. Lo peor es que las sucursales periféricas del PSOE, por lo visto (y por lo que veremos) pintan muy poco. Siempre estará Alfonso Guerra para pasar la lija.

Cataluña es un buen ejemplo para Euskadi. De lo que se debe hacer y de lo que no se debe hacer. Mientras tanto, con esos ciutadans de la font del gat, vienen una noia y un soldat.

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