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2006
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Josu Jon Imaz (El Correo)

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Urria 08 | 2006 |
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Imaz: "En año y medio es posible alcanzar un acuerdo político en Euskadi para dos décadas"
Experto en administrar sus declaraciones, Josu Jon Imaz combina con cuidado la mesura y la esperanza en estos días de incertidumbres sobre el proceso de paz. El líder del PNV desmitifica la trascendencia de la mesa de partidos, incide en que lo importante es el acuerdo y confía en lograr en año y medio un gran consenso entre las familias políticas de Euskadi.

-¿Cómo está de cerca la constitución de la mesa de partidos?

-Bueno, estamos en el camino para que un acuerdo político en Euskadi sea posible. Creo que en el próximo año y medio vamos a ser capaces de alcanzarlo. Y dentro de este proceso, las mesas son instrumentales. El acuerdo tendrá una serie de fotografías en el camino, necesarias para la sociedad y que deberán ser pactadas. Posiblemente la mesa no sea el principio del camino, sino una visualización de ese principio de acuerdo.

-Y ese cimiento, ¿está próximo?

-Pasarán unos meses, va a hacer falta más tiempo. Quiero trasladar un mensaje de confianza, porque estamos aproximando posiciones sobre los temas del diálogo, sobre cuáles deben ser las bases de los acuerdos, cómo se deben tomar las decisiones... Y eso va a tener sus frutos. Espero que en un plazo de año y medio tengamos un proceso político ya terminado en Euskadi, con un nuevo marco de autogobierno compartido por las distintas sensibilidades políticas de este país y en el que seamos capaces de buscar fórmulas complejas en las que todos nos podamos identificar. Un marco que sea respetuoso con la voluntad democrática de la ciudadanía, que sea respetuoso con su pluralidad y en el que, a su vez, todos pensemos que podemos defender nuestros proyectos y materializarlos. Pero que en doce semanas, de aquí a final de año, vayamos a resolver de forma nítida el contencioso político no está a la vista, exigirá más tiempo. Y tampoco creo que podamos alcanzar un acuerdo de una sola tacada.

-¿Realmente es posible un gran consenso sobre el derecho a decidir?

-Sí, sí, sí. Si entendemos que la clave está en combinar el respeto a la voluntad democrática de la ciudadanía con un pacto entre diferentes sobre el marco de autogobierno en que se ejercita, ahí hay espacio para el acuerdo. Sobre una de esas patas difícilmente lo lograremos. El acuerdo estará sobre las dos.

-Se refiere a un doble pacto: entre vascos y con el Estado.

-Sí, sin lugar a dudas. Nosotros ya hemos dicho, y no quiero hacer un tótem de ello, que puede formularse según el principio de no imponer un acuerdo que tenga niveles de apoyo inferiores a los conseguidos anteriormente y, si ese pacto se alcanza, no impedir su traslado al marco de las Cortes.

-Ese objetivo implica atraer a la izquierda abertzale y al partido que gobierna en Madrid. ¿Es factible?

-Sí, sí, debe ser posible y tenemos que hacer un esfuerzo notable para que lo sea. Primero, porque ésa es la mejor garantía de que el acuerdo para la convivencia va a ser sólido y porque va a ayudar a la izquierda abertzale a hacer la transición del mundo de la violencia a la política. Y la inclusión del partido que gobierna en Madrid, además de enriquecer el acuerdo entre distintas sensibilidades en Euskadi, garantiza que el pacto tendrá su traslado en las Cortes al marco jurídico-político. Todos tenemos nuestros límites y nuestras dificultades de movimiento. Pero creo que esos mundos están tratando de transitar por ese camino.

-¿La contrapartida al reconocimiento del derecho a decidir es que nos quedamos en España?

-Es evidente que ese derecho va a estar vinculado a un pacto que tendrá un reflejo jurídico a través de un nuevo Estatuto político. Al final del camino, y esto será consecuencia del acuerdo entre partidos, vamos a tener un estatus de autogobierno en el marco del Estado. Que a mí me gustaría que recogiese los principios de la relación económico-financiera entre Euskadi y el Estado; que fuera una especie de "Concierto Político". El Concierto parte del respeto a las decisiones que toman en materia económica las instituciones vascas y de una clara obligación de pactarlas, desde una relación de pacto y bilateralidad con el Estado. Y esto tiene una ventaja, que es que entronca con diferentes tradiciones políticas del país. Pues busquemos en el ámbito político lo mismo, la combinación de decisión y pacto.

-El Concierto no incluye una cuestión tan polémica como la consulta. ¿Están hablando sobre ello?

-Bueno, debemos tratar de desactivar los debates que no tienen por qué ser motivo de conflicto. Si articulamos un nuevo marco político-jurídico, fruto del acuerdo entre partidos y que va a cumplir con los procedimientos institucionales, eso tiene que terminar en un referéndum. Los procedimientos son así.

-El lehendakari plantea que el acuerdo en Euskadi se someta a ratificación sin intervención de Madrid.

-La posición del lehendakari y la del PNV es absolutamente común y compartida; mi nivel de confianza política y personal con el lehendakari es absoluto. La clave no es que sea una doble consulta o un único referéndum, la clave es que busquemos el pacto para que la decisión adoptada por los partidos sea compartida por todos, y ahí cualquiera de los dos mecanismos es válido. Si existe ese compromiso, con un único referéndum sería suficiente para coronar el proceso.

-Existen paralelismos entre su documento sobre paz y normalización y la "doctrina Eguiguren". ¿La vía de entendimiento con los socialistas está ya muy avanzada?

-Aunque seguimos teniendo aún muchas inercias del pasado y con las diferencias que puedan existir, cuando uno analiza el discurso de Batasuna en Anoeta, el documento del PNV, el del PSE o las tesis de Eguiguren hay bases comunes. Y lo que la gente nos pide es que no pongamos los focos en lo que nos separa, sino que seamos capaces de alcanzar un denominador común. Y según mi experiencia de meses de contactos con unos y otros, creo que hay muchos puntos que pueden permitir que un acuerdo sea posible. Yo tengo esa esperanza.

-¿Un pacto que cierre el contencioso político vasco?

-Que lo encauce y nos dé una estabilidad para 15 ó 20 años, es nuestro deber generacional. Nuestros hijos se moverán en un escenario diferente, pero eso es ley de vida.

-¿Han puesto ya negro sobre blanco ese denominador común?

-No, me refiero a que existen mimbres en los discursos que si son convenientemente trabajados pueden hacer fructificar un acuerdo. Lógicamente, nos tenemos que desarmar para intentar explorar el discurso del otro, sus límites, su simbología... Es evidente que en el nacionalismo vasco entendemos que la autodeterminación es un derecho democrático, pero a otras familias políticas les provoca percepciones diferentes. Y posiblemente hay formulaciones sobre el respeto a la voluntad democrática que, encauzadas, pueden marcar un terreno común. Creo que la ambigüedad es una virtud en muchas ocasiones, porque los grandes acuerdos nacen de ambigüedades. La Transición tuvo ambigüedades pactadas, como el Estatuto.

-¿Con qué Batasuna se están encontrando?

-Pues con una que quiere hacer una apuesta por la política y la democracia. Y que tiene dificultades porque son muchos años de inercia, con partes que se han acostumbrado a hacer política con un "primo de Zumosol" detrás y que no están acostumbrados a la cultura política de negociar y pactar. Una Batasuna que va a necesitar vender a su mundo que su proyecto, en democracia, es defendible y realizable si tiene las mayorías para ello. Los acuerdos deben ayudar también -con la línea nítida de que la negociación sólo es posible sin violencia- a que el mundo de Batasuna pueda hacer ese camino hacia la política. Hacia el marco institucional, en definitiva.

-¿Zapatero está en la clave de buscar ese pacto del que hablamos?

-Es evidente que sus límites no son los mismos que los míos, pero existen ingredientes en las distintas familias políticas para que esa solución sea posible. Un acuerdo respetuoso con la voluntad democrática de la ciudadanía, con su pluralidad y con los procedimientos institucionales no debería tener ningún problema para ser asumido por el Gobierno del Estado.

-Todo quedará en aguas de borrajas si la reunión oficial entre ETA y el Gobierno no va bien.

-Es evidente, si estamos diciendo que la negociación política sólo puede producirse con Batasuna incluida en la mesa y en ausencia total de violencia. Espero que ese diálogo avance y que puedan derivarse medidas penitenciarias que sirvan para bajar la tensión en la izquierda abertzale. Y es innegable que ETA tendrá que dar más pasos para hacer irreversible el alto el fuego.

-Compatibilizar el diálogo con la banda con esos contactos entre los partidos, ¿no puede sugerir que se está pagando un peaje político?

-Yo no puedo concebir que el acuerdo sea consecuencia de una organización terrorista, mis principios éticos se revolverían, pero en la medida en que contribuyamos a que la izquierda abertzale dé el paso a la política ésa es la victoria del sistema institucional y de la democracia. Si mantenemos los principios nítidos, podemos ayudar a separar conceptualmente dos procesos que se están mezclando en exceso para mi gusto.

La cita del ministro Rubalcaba con Egibar

En una fecha indeterminada de hace tres meses, el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, celebró un encuentro no secreto pero sí muy discreto -de hecho, no ha trascendido hasta ahora- con el presidente del Gipuzku buru batzar del PNV, Joseba Egibar. En la entrevista concedida a este periódico, Josu Jon Imaz confirma que esa llamativa reunión se produjo este pasado verano y sale al paso de las «lecturas retorcidas» que puedan aventurarse del cara a cara celebrado entre el "hombre fuerte" del proceso de paz -químico como el presidente del EBB, con el que mantiene una antigua y estrecha relación- y la cabeza visible del sector jeltzale que salió derrotado en la pugna por el poder interno de hace casi tres años. «La reunión se la sugerí yo al ministro», sostiene Imaz.

La entrevista, según relata el líder del PNV, se gestó en una conversación previa entre él mismo y Rubalcaba. Imaz, muy escarmentado del fracaso de la fórmula explorada por el Pacto de Lizarra, compartió con el dirigente socialista la necesidad de afrontar el proceso de paz que había arrancado el 22 de marzo con el alto el fuego de ETA «con conocimiento sólido de cuáles habían sido todas las experiencias anteriores, para tratar de aprovechar los aciertos y tratar de modificar aquellas cosas que no salieron bien». El titular de Interior, que había accedido al cargo en abril, se interesó por los detalles del precedente de Estella y su interlocutor le planteó que hablara con Egibar, «una de las personas que conoce con mayor profundidad el proceso de 1998 y 1999», el período de la anterior tregua de ETA.

Imaz puso en contacto a ambos, que se reunieron mano a mano -el presidente del PNV no estuvo presente- en Madrid. El máximo responsable de la formación jeltzale responde así a las interpretaciones que apuntaban a un temor del Gobierno de Zapatero a un eventual reequilibrio interno en el PNV y a una voluntad de conocer de primera mano las intenciones del sector más soberanista, en un momento de plena sintonía con la dirección peneuvista en la gestión del proceso de paz. «Fue sugerencia mía, frente a lecturas un poco retorcidas. Es evidente que uno no se echa piedras sobre su propio tejado», se sonríe Imaz.

«La libertad de expresión está respetada en el PNV»

-Xabier Arzalluz se ha mostrado muy crítico con la expulsión del que fue su asesor más cercano.

-Esa no es, evidentemente, una decisión del EBB, sino de los órganos disciplinarios del partido, que yo respeto como habría respetado si hubiese sido al contrario. Lo de creer en la división de poderes vale también para los órganos internos del partido, y a partir de aquí es evidente que la pluralidad de opinión se da dentro del PNV

-Su antecesor ve peligrar la libertad de expresión.

-Por fortuna no somos un partido a la búlgara, tenemos voces diferentes dentro de un proyecto común. La libertad de expresión está perfectamente encauzada y respetada en el PNV. Y no creo que lo que hayan valorado en este caso los órganos disciplinarios internos haya sido la libertad de expresión.

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