Agirre: "Mi padre siempre nos decía; el año que viene estamos en casa"
Joseba Aguirre tuvo una infancia y una juventud bastante ajetreada. Nació en París el año 1938 y viajó con sus padres y hermanos por Suecia, Alemania y Bélgica antes de vivir en Nueva York, Donibane Lohintzune y asentarse definitivamente en la capital francesa. La razón de ese nomadismo viene dada por su condición de hijo del primer lehendakari del Gobierno vasco, José Antonio de Aguirre.
¿Cuál es el primer recuerdo que tiene de su padre?
El primer recuerdo que tengo de él es en Nueva York . Yo tenía tres años y medio cuando llegamos a la ciudad y recuerdo que nos leía"Xabiertxo", un libro de Isaac López de Mendizabal, que ahora se ha vuelto a reeditar. Nos leía todas la noches y después rezábamos el "Aita guria", ahora "Gure Aita".
¿En qué idioma se comunicaban?
Aita sólo nos hablaba en euskera y con Ama también lo hacíamos en euskera, pero hasta cierto nivel. Y entre los hermanos hablábamos en "americano".
Años después volvieron a Europa. ¿Dónde se instalaron?
En mayo del 46 salimos de Estados Unidos y llegamos a San Juan de Luz. Mis recuerdos de esa época son muy bonitos porque fue cuando descubrí a la familia y la Euskadi real. Allí también conocí a mis primeros amigos euskaldunes, que todavía los sigo manteniendo.
¿En esa época tomó conciencia de lo que pasaba a su alrededor, del exilio y de la situación política?
Todavía no.Era un niño que sólo me gustaba jugar al fútbol y a la pelota. Como no hablábamos francés, una profesora venía a casa a darnos clases. Y no fuimos al colegio porque aita estaba convencido de que allí estábamos de paso y que al año siguiente volveríamos a una Euskadi libre sin Franco.
No fueron a casa y siguieron los años de exilio en París.
Sí, en octubre del 47 nos instalamos en la capital francesa.Y allí sí. Allí tomé más conciencia de la situación porque nos instalamos en la Delegación vasca del Gobierno vasco, en la Avenida Marceau. Aquello ya era la institución y ya veía a un lehendakari que recibía a personalidades. Aunque sólo tenía 10 años, comencé a darme cuenta de que aita era el lehendakari, con todo lo que ello significaba.
Usted fue enviado a Inglaterra a estudiar. ¿Cómo se relacionó entonces con su padre?
De forma epistolar. Aunque volvía en Navidades y en verano, mi relación con él durante casi todo el año era a través de cartas. De esa época guardo un recuerdo muy bonito y creo que le dí a mi padre una de las alegrías más grandes de su vida.
¿Cuál fue?
Recibió un telegrama del rector del colegio donde estaba estudiando en que le decía que me habían concedido una beca para estudiar en Cambrigde. Y es que hasta entonces aita no entendía nada porque cada vez que hablaba con el rector le comentaba cosas sólo sobre mis actividades deportivas. Yo creo que se pensaba que no estaba haciendo nada en Londres.
Supongo que de universitario ya comenzaría a hablar de política con su padre.
Sí, pero no coincidíamos en algunas cosas. Yo, por ejemplo, era entonces pro castrista y anti De Gaulle, porque este último me recordaba a Franco. Pero aita ya me decía entonces que Castro era un dictador y que De Gaulle era un demócrata.
Recién licenciado, usted optó por hacerse británico en contra de la opinión de su padre, que quería que volviese a Euskadi. ¿Por qué lo hizo?
Porque tenía que hacer la mili y además no quería saber nada de Franco. Me quedé en Londres y desgraciadamente aita iba a morir poco después.
¿Cómo se enteró de su muerte?
Yo estaba entrenando a rugby y me vino un policía diciéndome que tenía que volver a casa porque su padre estaba muy enfermo. Yo, que creo en la providencia, cuando volvía en el tren me dí cuenta de que aita había muerto. Llegué a la estación y allí me estaba esperando Jesús Hildman, que era hijo de un inglés y de una vasca, llorando y con el billete para París.
¿Sabían si su estado de salud había sufrido algún contratiempo últimamente?
No, fue una sorpresa para todos porque murió con 56 años de una angina de pecho. Luego se supo que un mes antes de morir se había hecho un chequeo en París y no le dijeron nada, o si le dijeron algo no se lo quiso decir a su mujer. Lo que sí sé es que había dejado de fumar.
¿Y ahora cómo le recuerda?
Como un hombre que era la alegría de la casa, algo que hemos perdido un poco, no sé si será por la televisión... Yo he intentado mantener esa tradición de la familia que me inculcó de celebrar todo, cumpleaños, navidades, pascuas, etc. En casa se celebraba en la alegría ya que él era muy bromista.
¿Tenía sentido del humor?
Mucho. Si no hubiera tenido sentido del humor no hubiese podido haber hecho todo lo que hizo. Hubiera tirado la toalla.
¿Nunca le vio de mal humor?
Yo no. Ama dijo en un ocasión en una entrevista que le hizo Eugenio Ibarzabal, y no tengo porqué dudarlo, que cuando le vió derrumbado fue cuando les echaron de la Delegación de París. Aquel creo que fue un golpe fortísimo para aita.
¿Qué cualidades destacaría de èl?.
Era un hombre con carisma, pero se contenía mucho. Yo le llegué a ver blanco, aguantando, pero jamás le ví exteriorizar los malos momentos. Se contenía enormemente. Mucha gente dice que como lo guardaba todo, eso fue lo que le afectó a la salud.
¿Fue un hombre optimista a pesar de las adversidades?
Si, tremendamente positivo. La prueba es que siempre estaba diciendo: "el año que viene estamos en casa, en Euskadi". No oíamos otra cosa. La democracia triunfará, decía.
¿Le dio algún consejo político?
Aita siempre me decía: tú cree en el pueblo. El pueblo tendrá la razón siempre. Eso lo decía porque era un gran demócrata, aunque primero era cristiano con una fe inquebrantable
¿Hay quien dice que fue excesivamente religioso?
Eso se dice ahora, pero como dicen los historiadores, hay que contextualizar. Fue un hombre que creía en la providencia, pero tampoco fue un hombre mesiánico como se ha dicho.
¿Intentó influir en su pensamiento político?
No. Nunca intentó nada. Siempre respeto las ideas y las decisiones de los demás.
¿Como político con qué se queda?
Yo destacaría que fue un gran europeísta. A aita hay que leerle lo que dijo en el año 45 para ver que era un adelantado a su tiempo, pero no un profeta. No me gusta lo de profeta.Tenía una gran visión. Por otra parte, hay que decir que confiaba demasiado en las personas. Para él todas las personas eran buenas. Y eso se demuestra en que ¿quién habla mal de Aguirre? Hasta José María Areilza habló maravillas de él. Era un hombre bueno en casa y fuera de ella.
Y si viviera ahora, ¿qué cree que pensaría de la situación?
No lo sé. No entró en eso. Yo lo único que digo es que se lea a José Antonio Aguirre. Todo lo que hizo, su primer periodo político, la guerra, la gestión del Gobierno vasco, su filosofía política, todo está escrito. Que cada uno juzgue lo que hizo y lo que fue como político.