Iritzia
02Urria
2006
02 |
Iritzia

Malos, malotes y menos malos

Iritzia
Urria 02 | 2006 |
Iritzia

Iñaki Prusilla

Iritzia

Diario de Noticias de Álava


Hace unos días, el grupo municipal del PNV preguntó a la concejala de Función Pública sobre el conflicto laboral existente en la Policía Municipal de Vitoria-Gasteiz y el grado de implicación del alcalde en la resolución del mismo. Como ustedes saben, las protestas se iniciaron en el mes de julio. Los desencuentros entre los agentes y los representantes municipales del PP tuvieron como consecuencia directa la polémica sobre la escolta de Celedón y una escasez palpable de efectivos en las calles durante las fiestas de la Virgen Blanca. Posteriormente, esa menor presencia policial se viene manifestando en multitud de situaciones, como por ejemplo la regulación del tráfico cada vez que tiene lugar un evento o se produce un imprevisto.
Dada la situación, el Partido Nacionalista Vasco solicitó a la concejala responsable que informase a la Corporación sobre la situación del conflicto y los pasos que tenían pensados dar ella y el alcalde para solucionarlo. Hasta ese momento toda la información de la que disponíamos la habíamos recibido fundamentalmente a través de los medios de comunicación; en ningún momento de manera oficial por parte del equipo de gobierno del Partido Popular.

Como he señalado, el grupo nacionalista quería saber cuál era el grado de implicación del alcalde en este conflicto, ya que supimos que el propio Alfonso Alonso había convocado a la plantilla de la Policía Local a asistir a una asamblea a principios de septiembre, cita a la que, al parecer, no acudió mucha gente. Esta actuación del alcalde -nadie sabe al servicio de qué estrategia- nos llevó a recordar que en el caso de las recientes movilizaciones del personal de limpieza municipal el mandatario municipal no se implicó personalmente.

Muchos recordamos aquel conflicto, que tuvo un importante reflejo en el estado de suciedad en el que quedaron muchos edificios municipales, sobre todo los centros cívicos y el Teatro Principal. Pues bien, el señor Alonso únicamente se manifestó sobre esta cuestión cuando el PNV pidió su comparecencia en la comisión de Función Pública casi un mes antes de que ese colectivo iniciase la huelga. Al parecer, nuestra solicitud no le gustó, ya que terminó diciendo que no sabía para qué había acudido a la comisión.

Por tanto, a los hechos nos remitimos para observar que, efectivamente, para el PP y el alcalde en particular existe una doble forma de ver y una doble vara de medir los conflictos laborales que surgen en el Ayuntamiento. A unos los convoca él mismo en asamblea, pero en el caso de otros ni siquiera se cita con sus delegados sindicales. También es cierto que más de un policía local pensará que si negociar directamente con el alcalde es recibir una especial consideración, qué será cuando esa deferencia no exista.

Puede ser que no exista un miramiento extraordinario con los agentes, sino una maniobra para dejar a un lado a los delegados sindicales en las futuras negociaciones. En cualquier caso, algo salió mal porque al final se ha tenido que crear una mesa negociadora en la que sí participan los representantes sindicales de la Policía Local.

El Partido Popular considera que el conflicto laboral en Aguirrelanda responde a una hoja de ruta de las centrales sindicales -a la que parece ser que el gobierno de Alonso ha tenido acceso- presuntamente diseñada para desestabilizar el Ayuntamiento y ganar protagonismo mediante la agitación y la movilización. No sabemos si esto será cierto o no, pero en caso de que lo sea, dice muy poco del nivel de previsión y reacción de los actuales dirigentes municipales. Si sabían con antelación cuál era la estrategia sindical, está claro que no han hecho absolutamente nada para adelantarse a los acontecimientos y mitigar el descontento, ni para evitar los niveles de crispación que se han vivido en el Ayuntamiento y que, por derivación, ha sufrido la ciudadanía.

Dice el PP que el gobierno municipal no tiene una doble vara de medir en relación con los funcionarios. Simplemente es que, a su juicio, la huelga de la plantilla de limpieza estaba basada en falsas reivindicaciones, mientras que algunas peticiones de la Policía sí tienen razón de ser. Nosotros no vamos a entrar en si unas reivindicaciones son mejores que otras, si son falsas o verdaderas… Tampoco vamos a hacer un tratado sobre el derecho a la huelga porque es público lo que pensamos sobre algunas estrategias sindicales, pero lo que no nos vale a la hora de tratar los diferentes conflictos laborales que se han dado y se dan en el Ayuntamiento es que se diferencie entre malos, malotes, menos malos y buenos equivocados. Eso sería entrar en el habitual juego del PP de conmigo o contra mí . Esa estrategia ahonda en el malestar y descontento de la plantilla municipal y no ayuda en la búsqueda de puntos de encuentro, búsqueda que debería realizarse con mayor sosiego y diálogo.

Esperamos, pues, que el conflicto en la Policía Local ("reivindicación de expectativas", según lo llama el PP) termine pronto porque al final todo tiene solución, esté o no en una hoja de ruta . Lástima que alguien se empeñe en dar tantos rodeos para encontrar esa solución.

PARTEKATU