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2006
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Per la concordia

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Iraila 24 | 2006 |
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Francesc Cambó i Batle nació en Verges, Girona, hace 130 años, un verano menguante a comienzos de septiembre, en el seno de una acomodada familia campesina. Cambó fue intelectual y empresario, político catalanista y economista, autor de una docena de libros y de los cimientos del programa económico del nacionalismo catalán. Estudió Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona. Desde 1893 estuvo ligado al desarrollo del movimiento catalanista militando en la Lliga Regionalista. Con veinticinco años fue elegido concejal del Ayuntamiento de Barcelona y ocupó diversos puestos políticos en los que mostró gran capacidad organizativa y una notable oratoria. A la muerte de Prat de la Riba en 1917 lo substituyó como líder del nacionalismo catalán orientándolo, eso sí, hacia aguas conservadoras, y así auspició la celebración de la Asamblea de Parlamentarios negociando con la Monarquía la participación de la Lliga Regionalista en el Gobierno de España. Participó en varios de ellos ocupando la cartera de Fomento en 1918 para posteriormente ser ministro de Hacienda los años 1921 y 1922 con Maura, puestos desde los que desarrolló la infraestructura viaria y la electrificación del País. Promovió la vuelta al Patrón Oro y en 1922 estableció el llamado Arancel Cambó vigente hasta 1960. Y aunque a partir de 1923 redujo su vida política para dedicarse con intensidad a la actividad empresarial llegó a ser diputado en Madrid entre 1933 y 1936. Apoyó incomprensiblemente (¿?) el levantamiento militar faccioso de Franco del 18 de julio de 1936, incompatible opción ética y política con el carácter de un Cambó caracterizado siempre por su moderación, por su ejemplo intelectual, moral y político en su intento de comprender al adversario. Se exilió desengañado a mediados de 1940 en Argentina, y allí murió, lejos de tierras catalanas el 30 de abril de 1947. Hoy está enterrado en Montjuïc.
Francesc Cambó i Batle fue un catalanista de pro, cultivó su lengua materna y el amor a la cultura de su tierra, a las formas de vida y al paisaje de su Catalunya, llevaba en su seno la consigna Catalunya endins. Como protector de la cultura catalana, creó importantes instituciones como la Fundació Bernat Metge y la Fundació Bíblica Catalana. Desde su ser y sentir catalán trató de actualizar y democratizar la vida política y social de España entera. Nunca entendió una Cataluña enfrentada y separada de España y fue calificado como el «tercero de los grandes políticos fracasados» del reinado de Alfonso XIII. Mientras Maura lo intentó desde la derecha y fracasó, Canalejas fue asesinado cuando lo intentaba desde la izquierda. Cambó, en fin, lo propugnó y trató de conseguirlo desde el proyecto de una España en la que el problema catalán hubiese sido certera y definitivamente resuelto. Pero tampoco lo consiguió. Y no lo consiguió porque la vida política y social durante el reinado de Alfonso XIII no se actualizó, ni se modernizó, ni democratizó y así se produjo el hundimiento de la monarquía y con ella la quiebra de la carrera política de Cambó.

Cambó fue una persona de acusada personalidad y excepcional preparación, con dotes oratorias y probada fuerza moral, de gran poder de convicción, un auténtico político de acción y pensamiento, de declarada y ejercida vocación humanista, voluntad férrea y tesonera, caracterizado por su espíritu equilibrado y moderado, en definitiva, un hombre de talento y energías precisas. Fue un catalanista que nunca consideró contrapuesta las ideas de su Catalunya y de España: «¿Hay alguien que pueda pensar por un momento que la grandeza de Catalunya pueda chocar, pueda lastimar en algo el progreso y la vida y la dignidad de España? Si alguien pensara eso, cometería el mayor de los sacrilegios. Yo no he podido sospechar nunca que Catalunya y España pudieran ser cosas contrapuestas. Si un día yo pudiera pensarlo, ese día sería el día más triste de mi vida, porque vería comprometida para siempre el porvenir de Catalunya... he rechazado constantemente el separatismo, y no por considerarlo delito, sino por estimarlo un absurdo al día de hoy».

Político discutido, a nadie dejó indiferente. Sufrió con otros compañeros militantes un atentado en la localidad de Hostafranchs, el 17 de abril de 1907, cuando iba a dar un meeting al casino de Sans, el coche donde iba sufrió una emboscada por radicales y fue herido de suma gravedad con una bala que se le alojó debajo de la axila y que le perforó el pulmón. Cambó, no intervino en política por afán de poder, ni por ansias de notoriedad, sino por fiebre de creación y deseo de eficacia. En un momento dado tomó el firme propósito de retirarse puesto que la misión que él mismo se atribuyera resultaba incompatible con el ambiente reinante «aquende y allende el Ebro». El envilecimiento a que había llegado la vida política española y catalana le causaba una repugnancia invencible. Y, así, antes de hacer pública su retirada quiso proclamar abiertamente su fe inquebrantable en los ideales de siempre y en la política con que siempre había querido servirlos, a la vez que su reprobación de la doble intransigencia que la hacía ineficaz, el «asimilismo español» y el no inteligente -por ineficaz- «nacionalismo radical catalanista». Siempre abrigó la esperanza de que vendría un día en que la solución para el problema catalán encontraría en Madrid y en Barcelona un ambiente más favorable. En el mes de Enero de 1923 Cambó dio en la Asociación Catalanista de la Barceloneta una conferencia que revistió caracteres de testamento político, convencido como estaba de que las prevenciones tanto de Madrid como de las impaciencias de Catalunya restaban tiempo a la eficacia de su acción encaminada a buscar una solución de concordia al problema nacional de Cataluña.

Dicen los analistas del alma catalana que en sus manifestaciones colectivas ésta oscila entre el seny y la rauxa, y entre el pactisme y el tot o res. Cambó se inclinó hacia el seny y el pactisme, porque así se lo exigía su percepción de la realidad. Un seny y un pactisme que deja a salvo, eso sí, la fuerza, la cultura y el espíritu de Cataluña. La concordia que propone Cambó se mueve entre dos extremos, a saber, por un lado el asimilismo de tantos y tantos españoles, es decir, el deseo de hacer cultural y políticamente uniforme a España, la expresa o tácita voluntad de borrar todo lo que en Cataluña sea hecho diferencial, y por otro lado, el separatismo independentista catalán. ¿Qué hacer entre una España asimilista y una Catalunya separatista? Pues, acción política en dos vertientes, una previa, en la que demuestra cómo la práctica del asimilismo sólo ha conducido y conducirá a la progresiva intensificación del sentimiento catalanista y al deterioro creciente de las posibilidades históricas de España, y cómo el independentismo separatista, es imposible y ruinoso para Cataluña. Y otra consecutiva, idear un proyecto de concordia que suponga convencer a españoles y catalanes de la viabilidad y de la conveniencia de un Pacto. Son dos las bases de la concordia propuestos por Cambó: la consagración de la unidad de Cataluña mediante la creación de organismos centrales que englobasen directamente todo el territorio catalán, y el reconocimiento definitivo de que la Lengua Catalana es la Lengua Propia de los Catalanes, con derecho a otorgarle los máximas honores en la vida interior de Cataluña. Y en cuanto a la determinación de las facultades que se han de atribuir a los Poderes Catalanes, se debía ofrecer a Catalunya un margen amplísimo a la transacción, seny y pactisme. Apostó por la acción Concorde de intelectuales españoles y catalanes, en cuanto que titulares del conocimiento de lo verdadero, de la denuncia de lo injusto y de la imaginación de lo posible, y soñó además con un Rey de y para todos y que pusiera la fuerza de su prestigio frente al espíritu asimilista y uniformizante. A la publicación de la Per La Concordia le siguió la Repúblic. El Catalanismo ya republicano, no perdonó a Cambó su actitud pactista con la Monarquía española. Luego vino el Estatut, y el tajo mortal que el fascismo golpista del 36 infligió al catalanismo y al autogobierno, a la democracia y a la libertad.

Cambó abogó por vivir en una España que fuera realmente un Estado de Derecho, en el que todas las personas fueran libres en sus opiniones, en sus sentimientos, creencias y en sus actividades políticas. Una España abierta y respetuosa con Catalunya, Euskadi y Galiza, tolerante en sus formas y al servicio de la plural ciudadanía. Una ciudadanía culta y capaz de defender sus derechos individuales y colectivos sin insultar, coaccionar, matar o morir. Pero no pudo ser.

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