Artaraz: "Toda solución al cierre de Reckitt pasa por una alternativa real de empleo"
DE UN DÍA PARA otro, a Koldo Artaraz se le quedó cara de tonto, como él mismo se ha visto. El cierre de la planta que tiene la multinacional Reckitt Beckinser en Güeñes le cogió al alcalde del municipio con el paso cambiado, como al resto. Una semana después de que explotara esta "deslocalización de libro", como la definió la consejera de Industrial plantilla, instituciones y comarca continúan afectados por la pesadilla que supone dejar en la calle a 194 familias.
Los trabajadores explicarán a sus hijos que les echan no por incompetentes, sino por ser víctimas de una multinacional que sólo cree en sí misma y que ni siente ni padece por las historias humanas que deja detrás suyo. Ahora les toca a las instituciones vascas recomponer este descosido laboral, no sin cierto hartazgo: «Empezamos a estar hartos de recoger los platos que rompen otros», han dicho. Una semana después siguen abiertas todas las heridas, aunque la empresa ni se plantea reconsiderar la reversibilidad del cierre.
Se le ha quitado ya la cara de tondo que se le quedó hace una semana...
Por responsabilidad y, sobre todo, pensando en las 194 familias que tienen un importante problema en la medida que se quedan sin empleo, sí, se me ha ido retirando esa cara del primer día... Estamos en la vía de buscar una solución, aunque un ayuntamiento como éste, de ámbito muy local, con 6.000 habitantes, llega hasta donde puede.
¿Cómo se pasa de ser empresa modelo a bajar la persiana?
Es inexplicable. Siempre he defendido hasta hace una semana que el funcionamiento de la empresa siempre se ha desarrollado en el ámbito de lo correcto. Sin embargo, y atendiendo a razones economicistas elaboradas en Londres, la dirección ha decidido que existen otros centros del grupo donde pueden ganar más dinero que en Euskadi, sin empacho alguno. Vivimos unos tiempos en los que se impone una dinámica empresarial sin ningún tipo de ética. En este contexto, a esos responsables les da igual las personas que están a pie de obra ni los vecinos de las Encartaciones que irán al paro en Reckitt Benckiser.
¿Qué impresión le merece las sombras de duda que planean sobre esta operación y que aluden a un posible pelotazo urbanístico de por medio?
Me duele que se haga eso porque es faltar a la realidad. Supone desviar completamente la atención del eje central, como es la decisión de la empresa, y mezclando dos cosas que no tienen nada que ver.
Explíquese, por favor.
La recalificación de los terrenos adyacentes a la planta de producción, y que eran de propiedad de Reckitt, es una actuación que se llevó a cabo hace un año en el Ayuntamiento de Güeñes, de interés público. El Ayuntamiento actuó con toda claridad. De hecho, esta actuación se aprobó por unanimidad en el pleno, es decir, por todos los grupos políticos presentes en la corporación: PNV, EA, PSE-EE y PP. Lo aprobamos todos, sin excepción.
En qué términos.
Es una actuación de la que se derivan 74 viviendas de protección pública, que serán para los vecinos y vecinas de Güeñes, así como cesiones de equipamientos muy importantes y mejoras para el municipio. Eso es una cosa y otra, bien distinta, el cierre de la planta de producción. Ya digo, mezclar ambas cosas es buscar un conflicto donde no lo hay.
¿Sólo hay un responsable?
No me cabe la menor duda. El único responsable de esta situación, de esta pesadilla que vivimos en las Encartaciones, y en Bizkaia en general, es la multinacional Reckitt Benckiser. Lo que debemos hacer los demás es trabajar con humildad para encontrar una solución.
El lehendakari ha respondido con crear más empleo allí donde éste se destruya, hablando de 290 puestos para compensar los 194 perdidos...
El arropamiento institucional ha sido de primer orden. Me ha llamado el lehendakari, la consejera de Industria, el diputado general de Bizkaia... Cada uno de ellos me ha transmitido solidaridad y un mensaje de tranquilidad en este contexto. Me consta que están intentando hallar una salida a este conflicto. No obstante, es conveniente ser comedido porque las cosas no son tan fáciles.
¿Adivina alguna solución?
Toda aquella que pase por una alternativa real de empleo. Es más deseable eso que indemnizaciones astronómicas, aunque pueden existir acuerdos puntuales en algunos casos.