"Hay jóvenes en el MLNV y nostálgicos de ETA que desean que el proceso de paz no salga adelante"
El próximo viernes se cumple medio año de la declaración del alto el fuego de ETA. ¿Cuál es su percepción de la situación que atraviesa el proceso de paz?
El proceso de paz está menos apuntalado de lo que yo hubiese supuesto a la vista de los meses e incluso años previos de conversaciones que ha habido. Aún así, sigo pensando que esta vez es la buena, pero ahora con más reparos. Me da la impresión de que los compromisos, aunque sea verbales, que se han podido adquirir, no se están llevando a la práctica. El Gobierno no acaba de tomar un mínimo de decisiones que debería haber tomado con cierta audacia. Entre otras razones, porque se ha encontrado con una mayor resistencia a la política del proceso de paz que la que presuponía y este frente de rechazo no es sólo el PP, sino un sector del propio PSOE y otro sector importante y activista de medios de comunicación, de víctimas y de parte de la jerarquía eclesiástica.
¿Se refiere a decisiones en materia penitenciaria, por ejemplo?
Sin ningún género de dudas, el Gobierno tenía que haber hecho movimientos en relación con los presos después de la última llamada verificación del alto el fuego. Y no sólo eso, se tenía que haber puesto en marcha la mesa de partidos. Creo que este es el mejor tratamiento frente al rechazo del conservadurismo español. Mientras no se ponga en marcha la mesa de partidos, el proceso seguirá estancado.
Sin embargo, el presidente Zapatero insiste en que el proceso transcurre según sus previsiones. Esa contradicción en los diagnósticos de unos y otros da lugar a una cierta confusión, ¿no cree?
Yo creo que la sociedad sabe en términos generales cómo está el proceso de paz y está estancado. Creo que no le cabe la menor duda a nadie. La cuestión está en saber si ese estancamiento es producto de una crisis insuperable o es eso que llama el presidente "el largo, duro y difícil camino hacia la paz", y que empieza a ser también una especie de percha. Debemos dejarnos de retórica y hablar de por qué está siendo largo, por qué va a ser difícil, donde están los hitos para seguir avanzando y cuáles son los compromisos concretos.
Usted participó en las conversaciones de Argel en 1989. ¿Por qué fracasaron?
En primer lugar, tengo que decir que no hay similitudes entre ambos procesos. El primer proceso de contactos con ETA se dio al inicio de la transición entre la organización y los poderes fácticos del Estado. Esa fase es ya casi prehistoria. La segunda fase fue con el Estado, de tú a tú, en presencia de un interlocutor que fue ni más ni menos que un Gobierno de un tercer país como era Argelia. Aquello tampoco dio resultado. ¿Por qué? A mi juicio, porque se veía la negociación como un efecto estático, una foto fija, donde el Gobierno negoció con ETA en presencia de un gobierno anfitrión. Si no se generaban dinámicas de pronegociación, si no había una agenda política clara, como no las había a mi juicio, lo que ocurrió es que cada una de las partes le dio el valor que le dio y aquello fracasó. La tercera fase de negociaciones fue la que dio lugar al Pacto de Lizarra y también fracasó, porque la acumulación de fuerzas nacionalistas no fue suficiente como para que el Estado, que también hizo su dinámica de fuerzas antinacionalistas, se pusiese a negociar.
¿Y por qué cree que esta oportunidad puede ser la buena?
Todo lo anterior se ha desechado. Creo que este proceso está más fundado; no hay foto fija, está claro que corresponde a las fuerzas políticas el futuro político de Euskadi. Y aquí está la cuestión. Es necesario generar una dinámica de fuerzas políticas, cuya expresión es la mesa de partidos. De lo contrario, yo creo que ETA va a tener la sensación de estar, como esa imagen cómica, sosteniéndose de una brocha sin escalera.
Pero para eso, es necesaria la vuelta a la legalidad de Batasuna, otro de los grandes escollos...
Yo creo que Batasuna presentará una nueva marca cuando tenga la garantía de que, obteniendo la legalidad, luego no va a tener que soportar un vía crucis posterior de reclamaciones judiciales.
¿Y cómo se puede garantizar eso?
No se trata sólo de una cuestión de formalidad legal, sino también de que las demás fuerzas políticas asuman a Batasuna dentro de la normalidad política a través de esa mesa de partidos y que, a su vez, se le exija a Batasuna lo mismo que al resto de formaciones. Si ese partido legalizado es aceptado con normalidad en el debate político no será delictivo, salvo que pensemos que la política es en sí misma delictiva.
¿Esta falta de iniciativa política, de pasos en materia penitenciaria y de modificaciones en la legislación es la única causante del rebrote de la "kale borroka"?
Todo tiene que ver. La kale borroka es una forma de diálogo brusca. Un diálogo de nuevo cuño. Tú no me acercas a los presos, yo te lanzo unos cocteles molotov y así vamos tirando. Si no se dan pasos con los presos, no se legaliza a Batasuna, no se crea la mesa de partidos, vamos a seguir en esta drôle de paix (paz de bromas ), donde están iniciando un proceso de paz, se miran, pero sin hacer nada, hasta que ETA, que lo veo altamente improbable porque sería catastrófico para ella, vuelva a la violencia o hasta que quienes están tratando de hacer una violencia de sustitución desde la kale borroka se pasen de frenada, maten a alguien y el primer muerto será el punto de no retorno.
¿Desde qué sectores se está orquestando esa "violencia de sustitución" en plena tregua?
Yo, francamente, creo que hay sectores en el MLNV a los que no les hace falta mucha música para ponerse a bailar. Es más estarían deseosos de que se probase que no sale adelante el proceso de paz.
¿Habla de fisuras preocupantes dentro del MLNV?
Lo que observo en el MLNV es que hay gente joven que cree que ellos están en disposición de escribir sobre una página en blanco la auténtica historia de la revolución vasca, alegando que todos los anteriores han acabado acomodándose, olvidándose, envejeciendo, aburguesándose y haciéndose reformistas. Luego están esos otros sectores que empiezan a ser nostálgicos de ETA, de una ETA que ellos conocieron, vivieron o participaron, una ETA potente e influyente. Estos suelen ser gente mayor, al contrario que los anteriores, gente que me recuerda mucho a los que siguen apoyando a los partidos comunistas en Europa. Estos dos sectores yo creo que sí están moviéndose y ya en puntos geográficos concretos se les ve clamando que el proceso se acabe. Pero estos sectores que sí tuvieren mucha influencia para acabar con Argel y bastante influencia para terminar con Lizarra, no tienen tanta influencia hoy en día para acabar con este proceso.
La cohesión de la que hablan los dirigentes de Batasuna brilla por su ausencia...
Ningún grupo político va a aceptar una falta de cohesión interna, porque demostrar debilidad interna les perjudica ante sus propias bases. Pero yo sí creo que tienen problemas de consistencia interna muy serios. Quien tiene un pensamiento político militarizado, en la guerra está unido, pero la paz desune. Un ejemplo claro lo tenemos en el proceso irlandés.
¿La huelga de hambre del preso Iñaki de Juana Chaos es una muestra de las divergencias que hay en ETA?
El caso de De Juana está teniendo un tratamiento muy individual. Si fuese algo orgánico, todos los presos que tenían que estar en la calle habrían iniciado esta protesta. Pero puede tener un elemento testimonial y no me refiero para los familiares de los presos o los presos en sí, sino a aquellos que tienen como referencia a los presos y no sufren esta situación, que son los que pueden estar diciendo que el proceso no va bien.
¿Dónde sitúa actitudes como la del miembro de ETA, Iñaki Bilbao, afirmando que jamás dejará la lucha armada y amenazando a los jueces?
Algunos miembros de ETA están adoptando la imagen de soldados perdidos. Es muy descorazonador.
¿Qué es lo que no debe hacer el Gobierno para lograr que el proceso llegue a buen puerto?
Lo peor que puede pasar es que la credibilidad del interlocutor del Gobierno ante ETA se deshaga. Que dé la sensación de que no es creíble, pensar que Rubalcaba es un fullero, en definitiva, que la persona con la que están hablando no es creíble, que es un poco la impresión que sacamos en Argel. Yo creo que el MLNV cometió errores en Argel, pero por parte del Estado español hubo poca seriedad al firmar una cosa que se iba a leer tal día y que luego no se lea y ya casi me estoy poniendo en la situación actual. Zapatero, que tenía que haber leído su declaración de junio ante el Congreso, al final lo hizo en un pasillo delante de un busto de Isabel II. Es importante cuidar estas cosas.
¿Cree que en los últimos meses se está generando una cierta desconfianza entre ambas partes?
Sí. Yo creo que sí.
¿Está Zapatero rodeado de un buen equipo para afrontar el proceso?
Mi impresión y, según la información que puedo recibir de forma esporádica, creo que Zapatero está rodeado de un equipo de seguimiento del proceso muy reducido. Esto tenía sentido en un primer momento, porque la discreción era absolutamente necesaria, pero ahora empieza a tener menos sentido, cuando empiezan a abrirse tantas brechas en el proceso.
Esta semana el cofundador de ETA, Julen Madariaga, revelaba algunos datos nuevos sobre la cocina del proceso. ¿Cree que puede ser contraproducente o que la sociedad tiene derecho a saber?
No alcanzo a entender el por qué de esa declaración de Madariaga. Es evidente que las posiciones más recalcitrantes contra el proceso han hecho uso de esa declaración. En cuanto a la transparencia, creo que los partidos políticos tienen derecho a saber hacia dónde va el proceso y cuáles son los hitos. Ahora bien, dar información puntual de cómo está el proceso no es conveniente.
¿Qué lectura hace de la declaración de Zapatero el pasado 29 de junio? En el discurso de Batasuna, sigue recibiendo halagos.
Lo que ha hecho este hombre histórico es un mix entre la Declaración de Downing Street y el convenio de Bergara. Reconoce el derecho de los vascos a decidir, pero dentro del ámbito de la Constitución española. Y Batasuna hace una lectura parcial de esa declaración, porque le interesa, y porque trata de hacer a su imagen y semejanza un PSOE o un Gobierno, que no es real. También lo intentó con el PNV en el proceso de Lizarra, donde querían que aplicase de inmediato la territorialidad en toda Euskal Herria.