El debate sobre qué es España se caracteriza por un gran confusionismo terminológico interesado, como si nación y estado fueran lo mismo. Lo cierto es que para una clara mayoría de los españoles España es estado y nación, la única, pero para muchos vascos es sólo lo primero. La polémica es la constatación de la complejidad en la que encuentra España: estado-nación, nación de naciones, patria común de todos, estado plurinacional... invención, artificio, realidad histórica, sociedad forjada por la historia... incluso para algunos (todavía demasiados) España sería desde los Reyes Católicos una "unidad de destino en lo universal".
Disquisición por disquisición, debate por debate y polémica por polémica, pero la realidad cruda es la que es, y la historia es la que es, y lo realmente cierto es que un 25 de octubre de 1839, finalizó la primera guerra carlista con el llamado "Abrazo de Bergara" llegando sus nefastas consecuencias hasta nuestros días. Se inauguró así en su crudeza histórica el proceso de desencaje entre "lo" vasco y "lo" español, sima que se agrandó con la aparición a finales del siglo XIX de un nuevo factor político-ideológico hasta entonces ausente: el nacionalismo vasco que fructificó y tomó cuerpo en una Euskal Herria magullada por el martillo de la frustración social, del resentimiento político y de la amargura por las sucesivas derrotas políticas y militares.
Es decir, por encima de las disquisiciones y de los conceptos en liza, existía firme voluntad de ser, de seguir siendo. Posteriormente, ya proclamada la República en 1931, el nacionalismo vasco enarboló el Proyecto de Estatuto de Autonomía conocido por el de "Estella". El ataque al autonomismo vasco fue inmediato, directo y frontal: "No autorizaremos jamás la existencia de un Gibraltar vaticanista en el norte de España".
Al producirse el alzamiento militar fascista del 18 de julio de 1936, el nacionalismo vasco defendió la legalidad republicana y cuando ya solamente Bizkaia y unos pocos municipios de Gipuzkoa y de Araba estaban fuera del dominio de las tropas de Franco se logró el Estatuto de Autonomía, el del 36. Se volvió a aplicar parecida doctrina que en ocasiones anteriores: Bizkaia y Gipuzkoa, traidoras. Antes por reaccionarias, luego por republicanas, el autogobierno vasco, el sentimiento de pertenencia a la nación vasca, pagano eterno, víctima propiciatoria y trofeo, "domuit vascones", de las periódicas y cainitas contiendas civiles en España.
Por encima de disquisiciones más o menos cultivadas acerca de lo que ha sido la historia más o menos compartida con nuestros vecinos, de lo que es realmente España y Euskadi, se puede afirmar que el Pueblo Vasco, Euskadi, su ciudadanía tiene vocación y voluntad mantenida, legítima y democrática de ser nación. Los vascos hemos sabido no perder el pulso en el transcurrir de la historia y tras siglos de avatares continuamos con la conciencia de querer seguir siendo y como una especie de supervivientes de la historia seguimos manifestando nuestra voluntad colectiva de querer siéndolo en el futuro. Somos un pueblo pequeño, una pequeña realidad en el conjunto del tablero político internacional, un pueblo que ha pervivido a culturas mucho más poderosas y a civilizaciones que han dejado su huella como legado permanente en la historia.
Desde la perspectiva presente de comienzo de milenio en que nos encontramos se puede observar el sinuoso camino que hemos seguido para convertirnos hoy en una realidad sociopolítica, compleja y cambiante. Factores internos, aspiraciones e iniciativas surgidas en su seno y presiones exógenas, intervenciones agresivas de fuerzas exteriores han contribuido de forma desigual, según las épocas, a la configuración de la Euskadi de hoy. Pero a pesar de los bruscos cambios soportados, a pesar de las difíciles circunstancias a las que han tenido que enfrentarse, los vascos hemos mostrado reiteradamente nuestra voluntad de permanencia, hemos sabido preservar en medio de las dificultades nuestras señas de identidad, nuestros referentes histórico-culturales, el euskera milenario además de sentimientos de pertenencia a una comunidad por encima de delimitaciones político-administrativas.