Editorial
Iritzia
Noticias de Gipuzkoa
Es cierto que a los políticos, cuando el ambiente está espeso y usan brocha gorda, se les escapa más de una tontería. A la presidenta del PP vasco, María San Gil
, se le calentó la boca hace unos días ante el periodista del diario catalán Avui que le entrevistaba, y le declaró que "con Franco se vivía en paz y con el PSOE se vive la dictadura del terrorismo".
Nada menos. María San Gil, licenciada en filología bíblica, está convencida de que con Franco se vivía mejor. Lógico, en una dirigente política que todavía se niega a condenar la dictadura del sanguinario general. Pero por muy consecuente que haya sido la presidenta del PP vasco, su afirmación es un insulto a la inteligencia muy probablemente fruto de su admiración sumisa a aquel presunto candidato a presidente del Gobierno que acabó apartado de toda aspiración en eurodiputado, por nombrarle algo.
A María San Gil, dispuesta a ganar puntos en esa disparatada carrera que se disputa en su partido para ver quién la dice o la hace más zafia, no le basta con agredir a su oponente político con un vídeo que roza la injuria y se deja caer -sonriendo, eso sí- con el más difícil todavía de la añoranza del franquismo y su paz de los cementerios y las cárceles. Vivimos, según ella, en la dictadura del terrorismo. No importa si su idolatrado José Mª Aznar dialogó con ETA, o acercó más de cien presos. No importa si aquello sucedió o no, porque lo que verdaderamente le importa a San Gil y a todos los que le preceden en el escalafón es empujar fuerte hacia el fracaso de un proceso de paz y normalización para Euskadi, su tierra, sólo y exclusivamente porque ha sido una iniciativa de su adversario político. Y si para ello hay que editar un vídeo nauseabundo, si hay que rememorar nostalgias y ensalzar la paz delCaudillo , todo vale. Hasta ahí podíamos llegar.
Enfrentar un proceso de fin del terrorismo desde un Gobierno democrático es delictivo, mucho más que llegar al poder a costa de un millón de muertos y gestionar como sátrapa una dictadura de cuarenta años. Como bien escribe un periodista catalán, escandalizado por las añoranzas franquistas de San Gil, la presidenta del PP vasco es "de las que consideran inapropiado equiparar al Caballero Mutilado del Glorioso Ejército Nacional con el cojo de mierda del ejército republicano".