Iritzia
12Uztaila
2006
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Iritzia

Nueva etapa en Euskadi (II)

Iritzia
Uztaila 12 | 2006 |
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Somos el pueblo más viejo de Europa y el mestizaje integrador, incluidas nuevas revelaciones arqueológico-lingüísticas, ha significado secularmente el halo sabio de la supervivencia por encima de todos los avatares. Y así, la necesaria inteligencia del pequeño, que en su pequeñez aspira a poder seguir siendo, se concreta en el siglo XXI y en el contexto en que nos encontramos los vascos en un futuro compartido. Estoy convencido de que el reconocimiento del derecho del Pueblo Vasco a decidir su propio futuro, el compromiso mutuamente adquirido a ejercer este derecho por la vía del pacto y la negociación, el principio de consentimiento de que esta decisión debe integrar las distintas sensibilidades existentes en Euskadi bajo el amplio paraguas de un consenso suficiente, favoreciendo el diálogo multipartito y separando conceptualmente paz y política son precisamente la llave que posibilite una nueva etapa.
El 5 de marzo de 1949, en plena dictadura franquista y en la más radical clandestinidad, el PNV emitió una larga declaración que comienza así: «El PNV proclama el derecho del Pueblo Vasco a expresar libremente su voluntad y a que su decisión sea considerada como la única fuente jurídica de su estatus político. Lo que entraña el deber correlativo de respetar ésa». Pues bien, sin negarlo jamás, reafirmándome diaria, viva e intensamente en todo lo que tiene de sentimiento y compromiso político presente, me intento acoplar a los tiempos que corren, piso tierra firme y concibo a Euskadi y sus símbolos, por supuesto que sí como mi patria y mis símbolos, pero también como un proceso de procesos en la historia singularizado por variables específicas. Y me sigo sintiendo vasco a secas. Y por supuesto, nacionalista.

Hoy como ayer se trata de conseguir la capacidad para la realización de un proyecto elaborado en beneficio de la sociedad vasca, de encontrarse cómodos en niveles de organización de la realidad que pueden ser perfectamente compatibles con el fin común de favorecer vidas individuales libres, creativas y sociedades prósperas y armónicas en las que merezca la pena vivir. No se trata pues de competir en radicalidad, ni de renunciar a ningún principio, ni de blandenguería ideológica, al contrario, se trata, creo, de siendo firmes en los principios ser flexibles ante la aldea global que nos viene y ante una sociedad compleja en evolución. Ni el corazón y el cerebro, ni los principios y los procedimientos, ni la gran política y la praxis diaria deben ser excluyentes entre sí. Pienso que en la Euskadi de hoy, en su contexto de siglo XXI, la única interpretación pragmática y realista de la soberanía y la territorialidad debe, sin renuncias ideológicas a nada, responder exquisitamente a la voluntad ciudadana, a los marcos cambiantes en cada momento y a las nuevas realidades que se conforman.

Pienso que somos un Pueblo con identidad propia en el conjunto de los pueblos de Europa, depositario de un patrimonio histórico, social y cultural singular, que se asienta geográficamente en siete territorios actualmente articulados en tres ámbitos jurídico-políticos diferentes ubicados en dos Estados. Un Pueblo con voluntad de seguir siendo. Estimo que Euskadi tiene derecho a decidir su propio futuro, tal como se aprobó por mayoría absoluta el 15 de febrero de 1990 en el Parlamento vasco, y de conformidad con el derecho de autodeterminación de los pueblos, reconocido internacionalmente, entre otros, en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Así lo manifiesto, porque honesta y sinceramente así lo creo y pienso, sabiendo de antemano que para los gustos se hizo precisamente la multicolor gama del arco iris.

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