Iritzia
09Uztaila
2006
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Nueva etapa en Euskadi (I)

Iritzia
Uztaila 09 | 2006 |
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Como nacionalista pienso que el autogobierno vasco ha de cumplir siempre con precisión fundamentalmente tres características: poder real suficiente para garantizar la identidad colectiva vasca en todas sus manifestaciones, poder suficiente también para desarrollar el potencial económico de Euskadi y capacidad organizativa suficiente para poder articular una sociedad vasca solidaria, equilibrada, justa y cohesionada. Y por ello apuesto por un futuro estatus jurídico-político que permita al pueblo vasco responder a estos objetivos nacionales irrenunciables. Aspiro sinceramente a que sea posible una relación libremente consentida y amable con España, seguramente no la ideal, pero con la que poder afrontar mejor que nunca, avanzando respecto a lo existente, con los tres básicos y vertebrales objetivos antes mencionados.
Quebec y Baviera no son independientes de Canadá o Alemania pero sí tienen un estatus que sí les permite responder suficientemente a estos tres objetivos. Se trata de buscar y de lograr no el instrumento ideal que uno estima merecer(se), pero sí el mejor posible en cada contexto real, una hoja de ruta realista y posible para el futuro bajo la batuta de una autoridad moral, política y sociológica lo más amplia y transversal posible de la cual podamos sentirnos orgullosos e identificados el mayor número posible de ciudadanos vascos.

El futuro pasa, creo, por un nuevo acuerdo entre vascos, una nueva etapa que suponga aún un mayor reconocimiento de Euskadi como nación política, un nuevo avance en el reconocimiento de la existencia del Pueblo Vasco, su derecho a ser y decidir, y un verdadero salto cualitativo en el ámbito de las competencias jurídico-político-legislativos correspondientes al Gobierno y Parlamento vascos. Es decir, un nuevo estatus jurídico-político que nos acerque en la práctica al derecho a decidir nuestro futuro con todas las consecuencias, pactándolo con instancias y marcos superiores donde, nos guste o no, estamos ubicados, es decir, España, Francia y Europa. Hay que acertar, se trata de acertar por encima de cualquiera otra consideración, y ello por responsabilidad ante los que también apostaron y acertaron el 77, el 36 y en tiempos mucho mas remotos a lo largo y ancho del Zazpiak Bat.

Tendremos que acertar por responsabilidad ante la sociedad vasca actual, moderna, compleja y plural. Y sobre todo por responsabilidad ante el futuro que será protagonizado por otras generaciones con sus virtudes y sus carencias, con sus potenciales y debilidades. Se trata de forjar un nuevo eslabón lo más compartido posible entre el pasado y el futuro que están sin escribir. Una nueva etapa. Hoy y aquí, Euskadi de 2006, el derecho a decidir que corresponde al Pueblo Vasco de ser dueño de su destino, la burujabetza, el derecho a soñar con el Zazpiak Bat moderno pasa por acertar de nuevo, por decidir y por pactar, avanzar, acertar, decidir aquí, y pactar allí, no imponer aquí y no impedir allí. En definitiva se trata de con inteligencia, visión de futuro, altura de miras, corazón caliente y cabeza fría acordar el derecho de decisión de los vascos en la Europa del siglo XXI, defendiendo un vigoroso y amplio acuerdo político entre los vascos y pactar luego su ejecución y concreción en el Madrid de las Españas. Hablo de un pacto en el que PNV-EA, la Izquierda Abertzale y el PSE acuerdan junto con EB un buen acuerdo político.

Hace poco más de tres lustros los mapas que estudiaban los niños son hoy tan obsoletos como la cartografía utilizada en el Tratado de Paz de Westfalia o en el Congreso de Viena. Czeslaw Milosz poeta y Nobel polaco hablaba de Europa como de un gran paisaje en la idea y en la civilización en el que toda frontera tendría algo de obsceno. Stefan Zweig y Joseph Roth hablaban en la primera mitad del siglo XX de Europa, como la Europa de los espacios abiertos, de los horizontes, en contraste con la Europa de las fronteras. Checoslovaquia se rompió de forma civilizada y elegante, los eslovacos pidieron la independencia a Praga y se encontraron con unos checos que no deseaban otra cosa. El futuro, lo repito, está sin escribir, el atlas de Europa siempre se queda viejo, y los vascos tenemos de nuevo la oportunidad de apostar, buscar y la obligación de acertar una vez más.

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