Andan populares y socialistas un tanto alterados a cuenta del próximo inicio de las obras del tranvía de Vitoria-Gasteiz. Los unos protestando cada vez que desde el Gobierno Vasco se toma alguna iniciativa para informar sobre el asunto; los otros, celosos porque no saben qué hacer en este tema para salir en la foto. La verdad es que tanto PP como PSE están dando un espectáculo lamentable. Mientras tanto, desde EAJ-PNV a lo nuestro, que no es otra cosa que trabajar para que este proyecto salga adelante y para informar a la ciudadanía sobre sus indiscutibles beneficios para el sistema de transporte público.
Desde que el alcalde pataleó públicamente como un chiquillo porque no le habían invitado a participar en una rueda de prensa de presentación de la oficina de información sobre el tranvía abierta por el Gobierno Vasco en la calle La Habana, hasta el ataque de celos sufrido por el Partido Socialista en la persona del parlamentario vasco Óscar Rodríguez, varios han sido los episodios protagonizados por estas dos formaciones políticas que bien merecen una reflexión en profundidad.
El tranvía es un proyecto, cuyos primeros intentos se remontan ocho años atrás cuando el alcalde Cuerda barajó la posibilidad de su implantación. Por diferentes razones se renunció a la idea, a la espera de tiempos mejores. Por ello resulta injusto acusar al PNV en exclusividad del fracaso de este primer intento. Simplemente entonces se consideró que todavía no existía el suficiente consenso político y social para su definitivo desarrollo.
Posteriormente, allá por el año 2000, se volvió a retomar el proyecto de tranvía tejiéndose poco a poco un amplio consenso político y social que culminó con un acuerdo interinstitucional que propiciará en pocas semanas el comienzo de las obras. No vamos a incidir en las aportaciones económicas concretas de cada Administración. Sólo diré que es un nuevo ejemplo a seguir de colaboración interinstitucional y de compromiso político con el desarrollo de nuestra ciudad. Pues bien, esto parece que ha sentado mal al PP y al PSE, que desde el momento en que han comprobado que este proyecto no tiene marcha atrás, no han parado de protestar.
Lo cierto es que esta actitud de Alfonso Alonso no nos sorprende. A menudo busca el enfrentamiento con todo el mundo: Gobierno Central, Gobierno Vasco, oposición y en ocasiones hasta con la propia Diputación Foral de Álava gobernada por el señor Rabanera. Sin embargo, sí nos extraña en el Partido Socialista, que ha entrado en este asunto como un elefante en una cacharrería. Dice el parlamentario Rodríguez que dejemos de discutir, que no instrumentalicemos políticamente el proyecto del tranvía y que expliquemos su retraso. Mejor sería que el PSE actuara con más prudencia cuando habla de estas cosas.
En cuanto a peleas políticas, mejor ni hablamos. No tenemos más que ver los distintos medios de comunicación para constatar las lindezas que se dedican populares y socialistas varias veces todos los días. En cuanto a la acusación de utilización política del proyecto del tranvía, recordaré al señor Rodríguez el espectáculo mediático que el Partido Socialista alavés organizó sin ningún pudor y con toda legitimidad en nuestra ciudad a propósito del soterramiento. Con un despliegue de medios humanos impresionante, incluidos el presidente del Senado y el secretario de Estado de Infraestructuras. Todo ello para dejar bien claro quién va a liderar el proyecto de soterramiento del ferrocarril a su paso por Vitoria-Gasteiz. Lo del tranvía es un juego de niños comparado con aquel show. Si a esto añadimos los anuncios de lluvia de millones que alguna ministra socialista prometió en periodo electoral no muy lejano, nuestros llamamientos a la prudencia y a la coherencia están más que justificados.
Y en cuanto a retrasos, admito cierto atasco del expediente por el informe de impacto medioambiental relacionado con las afecciones y la complejidad del trazado. En cualquier caso, mejor miramos al Ministerio de Fomento ya que todavía estamos esperando a la reunión que iba a convocar el mes pasado para avanzar en distintos aspectos ligados al soterramiento del ferrocarril –alternativa para las mercancías, financiación, creación de la sociedad pública, etc. - y que todavía no tiene fecha.
No conviene perder la perspectiva. Creo yo que, debido a su juventud o a sus ánimos impetuosos, algunos dirigentes políticos deberían hacer memoria antes de hablar. Y aquí incluyo también al señor Alfonso Alonso, que tampoco tuvo ningún reparo en pasear al entonces ministro de Fomento Álvarez Cascos, quien en plena campaña electoral de las Municipales de 2003 ofreció cientos de millones de euros para el soterramiento. Hasta hoy.
En fin, será cosa de los nervios o de la ansiedad que les entra a algunos cuando se acercan procesos electorales. En cualquier caso, sería deseable un poco menos de demagogia y un poco más de memoria. Por nuestra parte, seguiremos propiciando acuerdos que consigan mejorar la calidad de vida de vitorianos y vitorianas. Y por supuesto nos reservamos el derecho y el deber de contárselo a la ciudadanía con quien consideremos oportuno, cuando lo veamos necesario y donde nos apetezca. Faltaría más.