ETA, después de la transición política de la dictadura a la democracia ha sido baldón, causa y excusa, razón y tapadera, aducida por muchos para rehuir la reivindicación democrática del nacionalismo vasco, o cuando al menos para dificultarla en extremo. Su accionar terrorista manchaba y prostituía en grado sumo plantearla con una mínima naturalidad y normalidad. Pero la persistencia de la violencia no debía silenciar una reivindicación política, trabajar por la construcción de un escenario para la Paz no estaba en contradicción con el derecho legítimo de proclamar el derecho del Pueblo Vasco a decidir democráticamente su estatus político, económico, social y cultural, bien dotándose de un marco propio o compartiendo, en todo o en parte, su soberanía con otros pueblos. Pero resultaba difícil. La defensa de la vida, la lucha contra el terrorismo, no aceptar que ETA condicionase el debate político y liderar con determinación la lucha a favor de la Paz y la normalización, contestar democráticamente a ETA no estaba en contradicción con el ejercicio de este derecho que tiene como finalidad ir haciendo nación vasca, en un proceso dinámico y solidario, gradual y compartido. Pero resultaba difícil. La normalización, la lucha contra ETA no debía ser incompatible con la aspiración mayoritaria de la sociedad vasca de lograr las máximas cotas de autogobierno, con consolidarlas jurídicamente, incluso sometiéndolas a consulta o referéndum. Pero realmente resultaba complicado. ETA no tenía derecho para impedir pasar página en la historia de Euskadi y nos había creado un estado de excepción de las ideas, ETA realmente nos había sometido a una censura en el calendario de las aspiraciones. Ahora, no existe la excusa de ETA. Es la hora
La nación vasca, la Euskal Herria histórica, las reflexiones sobre su conciencia y su ser, sobre sus derechos y su identidad no son invenciones ni del Gobierno vasco, ni del PNV ni de su fundador, ahí están entre otros muchos Joannes Leizarraga, Joanna de Albrete, Bernart Etxepare, Manuel Larramendi muerto un siglo antes del nacimiento de Sabino Arana... El ser de Euskadi, las reflexiones sobre su ser y su identidad, sobre su voluntad de seguir siendo son anteriores, anteriores obviamente a las constituciones españolas y francesas, anteriores obviamente a ETA. ETA en su accionar violento en democracia había sido baldón, causa y excusa, razón y tapadera, obstáculo permanente para que el nacionalismo democrático pudiera haber desplegado todo su potencial ideológico y democrático, legítimo y pacífico al desnudo sin la sombra enfangante de la violencia, sin la vergüenza de la amenaza y sin la chulería de un matonismo sectario e impropio de la Euskadi del 2006.
ETA sobraba desde hace décadas, y quizás, si se me permite el énfasis y dicho con todo el solemne respeto y consideración a todo su victimario, últimamente sobraba más que nunca y era un auténtico insulto al sentido común, a la inteligencia de las personas, era un baldón para el progreso de Euskadi, era un obstáculo a la salida de un contencioso que le precedía y que lo había criminalizado hasta extremos realmente crueles. ETA dificultaba la paz, la normalización y el futuro compartido. ETA desangraba la causa vasca y la bondad del ser humano. La paz, esa paz y esa normalización tan deseada y necesaria en Euskadi también debía aquí ser posible. Un proceso de este estilo seguramente será largo y laborioso, con dientes de sierra, contradicciones, avances y retrocesos, tiempos de alegre esperanza y tiempos de desasosiego. Y este reto que hoy nos apremia no es sencillo, requiere no abordarlo con fórmulas retóricas o simplistas y requiere voluntad, honestidad, tenacidad, responsabilidad, sentido de la historia, visión de futuro, pero sobre todo férrea determinación de querer dejar un futuro mejor. Requiere moverse. Urge priorizar la necesidad de desarrollar un proceso real que normalice la convivencia política y la construcción de un escenario de paz, pues sin ella es imposible construir futuro político sobre las bases de libertad y de libre adhesión. Estamos obligados a mirar al futuro promoviendo y fomentando las relaciones entre las diferentes partes integrantes de la sociedad vasca. Era indispensable, imprescindible y fundamental una tregua definitiva de ETA facilitadora lógicamente de futuros y responsables gestos mutuos de distensión. Ya está. Procede ahora una izquierda aber-tzale legalizada en cualquiera de sus denominaciones que acate y respete el juego democrático fundamentado en mayorías y minorías. Procede que los poderes del Estado sean modelo en la defensa de las libertades ciudadanas, modelo en el más exquisito respeto a los derechos humanos de todos y en todas las circunstancias, y modelo en el respeto, exquisito también, con la voluntad mayoritaria democráticamente expresada en las urnas por parte de la ciudadanía vasca.