Unai Grajales
Iritzia
Diario de Noticias de Álava
Según el Diccionario de la RAE, contumaz es aquel que se mantiene tenaz en el error. Justo al lado, en su edición ilustrada, aparece una foto del alcalde de Vitoria-Gasteiz, Alfonso Alonso. Y no sólo porque se sitúa fuera del nuevo escenario político sino porque, una vez más, muestra su faceta más prepotente y soberbia impidiendo la comparecencia de una asociación perfectamente legal, admitida por el propio PP en los registros de asociaciones del Ayuntamiento y la Diputación, como es Gasteiz Izan Herri Ekimena.
La solicitud de turno popular de este colectivo en la sesión plenaria del viernes 26 de mayo se realizó cumpliendo con todos los requisitos marcados en los reglamentos municipales. Alfonso Alonso les negó un derecho reconocido un mes antes por un decreto de Alcaldía, es decir, por él mismo. Nos encontramos, por lo tanto, ante la primera ocasión en que se niega a un colectivo la participación en el Pleno contraviniendo el propio Reglamento Municipal. Además, el miércoles el alcalde dio de baja, así porque sí, a Gasteiz Izan del Registro municipal. Es decir, lo que hoy establece un decreto de Alcaldía mañana puede ser derogado y sustituido por otro que diga exactamente lo contrario. Ahí queda la inseguridad jurídica a la que nos someten los que se autoproclaman defensores de la legalidad.
Porque tomando conscientemente todas estas decisiones, el señor Alonso se ha pasado por el forro de sus caprichos nada más y nada menos que su sacrosanta Constitución, las leyes que desarrollan el derecho fundamental de asociación, la Ley de Bases de Régimen Local y los reglamentos municipales, entre otras disposiciones legales que debe proteger y tener en cuenta.
En cambio, ha aplicado con contumacia y sin rubor la Ley de Partidos Políticos. Y no nos extraña que Alfonso Alonso sea cada vez menos alcalde y más presidente del PP en Álava, no es algo nuevo. Lo que no sabíamos es que en ese afán por contentar a la parroquia también quiera ser el niño en el bautizo y la novia en la boda convirtiéndose ahora, por arte de birlibirloque, en juez. Porque sólo a los jueces corresponde determinar la legalidad o no de Gasteiz Izan; y al señor alcalde, acatarla. El Partido Popular, una vez más, ha optado no por el Estado de Derecho, sino por el Estado de Derechas. Cada vez más sólo y más al margen de la realidad, al PP no le basta con haber prolongado durante tres años el silencio impuesto a una parte de la ciudadanía, sino que además ha pretendido usurpar el debate político en el propio Ayuntamiento, no incluyendo la solicitud de comparecencia en el orden del día de la Junta de Portavoces en la que tomamos parte todos los Grupos que a día de hoy integramos el Pleno Municipal.
El futuro de este país y, por lo tanto, de nuestra ciudad pasa por la ampliación y profundización de la democracia y no por su limitación como en la época de Aznar. Y en este contexto, el Partido Socialista no puede seguir mirando hacia otro lado y seguir siendo el colaborador necesario del PP en la amputación de una parte del cuerpo electoral de este país. ¿Alguien piensa que se podrá encauzar el futuro por la vía del proceso de paz o de la normalización política impidiendo la participación de quienes tienen representación popular o social? Que venga alguien y nos diga cómo se puede solucionar esto que llamamos conflicto vasco si no tenemos en consideración la representación popular real de este país.
Como manifestaba el Parlamento Vasco recientemente, "todas las fuerzas y expresiones políticas tienen el derecho de participar en igualdad de condiciones en la vida política y social de todas las instituciones de Euskal Herria, de acuerdo con la representación otorgada por la voluntad de la ciudadanía. Los procesos de ilegalización afectan directa y restrictivamente a derechos y libertades tan relevantes como la libertad ideológica, la de expresión, la de asociación o la de participación ciudadana. Afectan directamente a la convivencia en nuestro pueblo y nos alejan del escenario de normalización política que demanda nuestra sociedad".
Por eso nos hemos manifestado en reiteradas ocasiones contra la Ley de Partidos y hemos solicitado continuamente su derogación. Pero la izquierda abertzale sabe que no está en nuestras manos la desaparición de esta agresión directa a derechos y libertades fundamentales. Sabe que son, precisamente, los ilegalizadores los que tienen la llave para que vuelvan a acceder a las instituciones y para que pare la estrategia jurídico-política permanente que sufren. Son las instituciones del Estado las que han tenido participación y responsabilidad directa en esas estrategias. Y hablamos de partidos políticos y de esas cuestiones iniciadas en el ámbito judicial por influencia de los partidos políticos. La realidad ha demostrado que las posturas políticas inciden directamente para impulsar y llevar a cabo estos procesos así como para acelerarlos, detenerlos y anularlos. Y esta situación sólo puede resolverla quien la provocó. No Aznar, que ya no está, pero sí Zapatero que fue su colaborador necesario. No olvidemos que la Ley de Partidos que en este momento maniata al PSOE es consecuencia del pacto antiterrorista (antinacionalista, más bien) que ellos mismos propusieron. De esto tendrá que hablar Batasuna con Patxi López y el PSOE.
No con el PNV, que ha reconocido a Gasteiz Izan desde el primer momento como interlocutor. No con el PNV, que ha pretendido ser correa de transmisión de la información municipal que se les ha negado por hallarse fuera del Ayuntamiento. No con el PNV, que esta misma semana les ha hecho un llamamiento a profundizar en nuestras relaciones para aportar, desde el ámbito local, al desarrollo del proceso de paz y normalización. Y lo hemos hecho porque nos encontramos en un momento crucial y decisivo como pueblo. Porque se nos presenta una oportunidad histórica para resolver el denominado conflicto vasco que ya dura dos siglos. Y porque ahora más que nunca resulta necesaria la unidad de aquellos que defendemos que esa resolución pasa por el reconocimiento de la existencia del pueblo vasco y su derecho a decidir.
Tendremos que superar desconfianzas, proyectos políticos divergentes, momentos duros pero estamos ante una oportunidad histórica que no debemos desaprovechar. Todos debemos aportar a este proceso, también desde el ámbito local, y el PNV lo hace desde el convencimiento y la responsabilidad de ser la única fuerza que puede encabezar un vuelco a la política contumaz de Alfonso Alonso.