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Tribuna Abierta
Seis reseñas de un libro
por JOSÉ MANUEL BUJANDA
la Editorial Anagrama publicó hace unos siete años en su colección Argumentos un interesante libro (De la identidad a la independencia: La nueva transición" escrito por Xabier Rubert de Ventós, y prologado por Pascual Maragall). Oportuno e interesante, en mi opinión, un reclamo al debate y a la argumentación política. Razonamientos y argumentos que salpican con total frescura este sugerente y pequeño libro escrito por una persona que creía que valía la pena intentar tender un puente entre la política y la moral. A continuación algunas interesantes consideraciones a modo de reseñas del libro en cuestión.
1-Derechos individuales y/o colectivos: Se trata de reconocer la interdependencia entre derechos individuales y derechos colectivos. No de negar ni de privilegiar unos u otros derechos. Se trata de reconocer su interdependencia absoluta, hasta el punto de que los unos no pueden existir ni consolidarse sin los otros. Es cierto, que tanto la defensa de los derechos colectivos han podido ser utilizados para reforzar la tiranía social o presión conformista del grupo sobre el individuo, pero no hay que olvidar que también ha menudeado la estrategia inversa: la de los derecho individuales utilizados como excusa para reprimir los derechos colectivos. Los derechos comunitarios no se mantienen vivos sólo a base de unos usos, una tradición o una lengua común, han de existir también intereses individuales... pero también los derechos individuales requieren el apoyo de unos creencias y de un proyecto común.
2-Anécdota: Una señora compra un cartón de leche y se indigna porque las instrucciones (cree) están también en catalán, pero cuando la dependienta le dice que aquello es portugués reacciona y dice: ¡Ah... entonces es diferente !.Y, ¿porqué es diferente?, pues porque está escrito en la lengua de otro estado, por poco extenso o poderoso que sea. Y éste es el primer obstáculo: conseguir el pleno reconocimiento por parte de una gente para lo cual sólo lo oficial es real. Y en España existe un respeto reverencial por lo que es oficial, es decir estatal. El único modo de que acaben respetando nuestra lengua y nuestra cultura es hacerlas la lengua y la cultura de un país oficial.
3-Encrucijada: El individuo de finales del siglo XX aparece en la encrucijada y el solapamiento de las comunidades de origen, de los colectivos de elección y de los sistemas aleatorios que en él concurren. "Mi Derecho Individual" es precisamente el de dar voz a esta encrucijada, a esta identidad compleja que hoy sabemos que no deriva de ninguna constitución divina ni humana, sino que somos nosotros quienes nos la confeccionamos, con los ingredientes que nos han tocado en suerte, cada uno a su manera. Y mi "obligación moral" consiste en mantener viva la conciencia de las diversas identidades nunca perfectamente avenidas con las que cargo. A fin de cuentas, sólo esta conciencia me permitirá mantener una positiva deferencia hacia la diferencia y un respeto no condescendiente a las minorías.
4-Paternalismo y universalismo: No creo en absoluto que una reivindicación pura y dura de la soberanía o incluso de la independencia sea la mejor vía en estos momentos. Pero tampoco creo que nadie tenga derecho a intervenir en lo que algún día pudiéramos votar ni reprochárnoslo ahora, en tono paternalista, aduciendo el carácter ya desfasado del propio Estado-Nación. Porque el Estado puede ser en buena medida una pieza de arqueología política, pero sigue siendo el gestor de la redistribución interior y el que tiene la sartén por el mango en los organismos internacionales. El problema es si nuestras reivindicaciones pueden resolverse de una manera realista, práctica franca o si, por el contrario el contexto español ha de obligarnos a plantearlas como reivindicación de un estado propio y soberano.
5-Preguntas (y respuestas):¿Es posible una reencarnación postmoderna del Estado?, ¿Hay maneras más eficaces de organizar el poder?. En un mundo en el que la identidad brota por abajo y la economía por arriba, el despertar del estado-nación de su sueño de omnipotencia ha sido brusco e inquietante. El que se creía motor inmóvil de la modernidad política se ha visto reducido en el mejor de los casos a relé o intermediario de unas fuentes de identidad más locales o de unas redes de poder más amplias que las imaginadas por el propio Marx.
6-Interdependencia y mi país. Vivimos en un mundo de identidades compartidas, de pertenencias múltiples, de dependencias dispersas, de soberanías complejas y de perfiles borrosos o difuminados. La única independencia plausible de un país dentro de este mundo impreciso y vago es su interdependencia. Hoy, un país, una nación, podrá existir políticamente en la medida en que sepa conjugar estratégicamente las formas de interdependencia que escoge con los núcleos de agregación a los que se adhiere y con la heterogeneidad libremente asumida. Acabo con parte del prólogo de Pascual Maragall: "Su fórmula, la interdependencia para una verdadera independencia nacional, es histórica e ideológicamente robusta, y resulta difícilmente atacable, aunque no fácilmente imaginable. Me atrevo a proponer a todo soberanista puro, tanto de la nación española como de la catalana, que pase, que pasemos, la prueba de refutar a Xabier Rubert de Ventós, si podemos". Pues eso.