Hoy es 9 de mayo, Día de Europa. ´Pakito Txokolatero´, ´Boga Boga´, ´Agur Xuberoa´, ´Bagire´... eran las canciones que los hinchas del equipo vasco-francés del Biarritz Olympique de rugby cantaban, instrumentos musicales incluidos, en las calles y en las sobremesas de los restaurantes cercanos a Anoeta el pasado 22 de abril. Vestidos de blanco y rojo, profusión de ikurriñas y muchas de ellas en manos de personas de generaciones diferentes, abuelos, padres y jóvenes de ambos sexos. Unos 25.000 ciudadanos y ciudadanas de Biarritz, Iparralde, Lapurdi o como se le quiera llamar. Básicamente se oía francés, y euskara algo también. Donostia, al menos algunas de sus zonas, estuvo felizmente invadida por vascos (¿?), vasco-franceses (¿?), vascos de Iparralde (¿?), labortanos (¿?), franceses (¿?) ¿o sencillamente seguidores de un equipo de rugby de Biarritz? Ganaron al Bath inglés por 18-9, irán por lo tanto a Cardiff a jugar la final de la máxima competición a nivel de clubes de Europa de rugby. En Anoeta, los forofos rojiblancos no pararon de animar y de cantar. El pitido final dio lugara un ´Pakito Txokolatero´ multitudinario: niños, no tan niños, jóvenes, maduretes, mayores y ancianos, hombres y mujeres, ikurriñas en ristre, emocionados, aplaudían y se abrazaban.
Al mirar este magnífico espectáculo de alegría incontenida, intergeneracional, oyendo francés pero también canciones en euskera, insisto, ikurriña en mano, al autor de estas líneas le vinieron algunas ideas y muchas dudas. Los casi 25.000 presentes en Anoeta, ¿qué eran, qué ideas tenían, qué votarían, qué se sentirían, por qué llevaban la ikurriña con absoluta naturalidad, se sentirían vascos, qué opinarían de nosotros, de los del sur? Como vascos, como nacionalistas, ¿qué reflexiones deberíamos hacernos ante tal espectáculo-regalo? ¿Ninguna? Es más, ¿cuál es, o debería ser, la función y el papel del deporte, del fútbol, del rugby, del baloncesto, del atletismo, en las relaciones entre los vascos hermanos y en las relaciones con los más o menos otros vecinos? ¿Lo estamos haciendo relativamente bien? ¿O no? No alcanzaba a saber qué me podría unir con aquella multitud rojiblanca, no alcanzaba a medir qué diferencia había entre los miles de aficionados que el sábado 22 de abril cantaban y saltaban por la Parte Vieja de Donostia vestidos de rojo y blanco, txapelas negras y rojas incluidas, con la hinchada futbolera que suele venir de Bilbao a enfrentarse con la Real. Pensaba si sería capaz de distinguir a un hincha del Athletic de un forofo del Biarritz Olympique, o de un sanferminero de pro, navarro o no, el mismo 7 de julio. Biarritz, Bilbo, Iruña. Tuve la percepción cuasi-segura de que aquella masa que se movía emocionada ikurriña en mano al grito de "¿¿eh, eh!!" de "Pakito Txokolatero" era tan vasca como cuando entonaba el "Boga Boga", el "Agur Xuberoa" o el "Bagire".
Desconozco cuál será el recorrido del voto nacionalista o simplemente vasquista en Iparralde -o a este lado del Bidasoa- en los próximos 100 años. No tengo ni idea de cómo llegará a concretarse políticamente en Europa el "Zazpiak Bat" de las siete provincias vascas. No me imagino el tipo de relación que habrá entre vascos de la Comunidad Autónoma del País Vasco, Navarra e Iparralde. Desconozco cómo será la Euskadi de un siglo más tarde. Pero ese día en Anoeta sí supe que sí será. Algo me quedó claro, la apuesta vasca pasa por encima de las fronteras, pasa por abrirse, pasa por ser flexibles, por entender que hay cantidad de maneras diferentes de ser y sentirse vascos y vascas, de sentir y llevar la ikurriña. Me quedó claro que nuestras miradas tienen que posarse hacia el norte, hacia un espacio llamado Europa, y que hoy 9 de mayo es su día y que toca recordar que la historia de ese espacio llamado Europa es la historia de las culturas y de sus naciones, de la vocación de sus pueblos, de los grandes y de los pequeños, de los sometidos y de los sometedores, suma de aciertos y errores, de bellas y gloriosas páginas pero también de vergonzantes y oscuros nubarrones. Suma de anhelos y frustraciones, reflejo de conflictos, constatación de existencia de naciones, pueblos y Estados que generan comunidad. Hoy todos, directa o indirectamente, nos relacionamos con marcos culturales colindantes que son patrimonio de todos y monopolio de ninguno. Incluida la cultura vasca, sus tradiciones, sus costumbres y su folclore, su lengua y su literatura. Hoy vivimos en una Europa de identidades compartidas, pertenencias múltiples, dependencias complejas y perfiles difuminados.
Hoy es 9 de mayo, día para evocar una Europa social y solidaria, adalid de la ley y de los derechos humanos y en la que pueblos, naciones y Estado se mirarán en el espejo del respeto mutuo. Una Europa de políticas sostenible y respetuosas con el medio ambiente, beligerante ante la injusticia, la guerra, el abuso, el hambre y la explotación, beligerante con la miseria, solidaria con los pobres. Una Europa democrática fiel a la política y al diálogo como forma de convivencia entre personas y civilizaciones, reparadora activa de las penosas consecuencias de otras épocas en las que fue metrópoli y potencia ante sus colonias lejanas y hoy castigadas estructuralmente por la enfermedad, las guerras y la miseria inhumana. Una Europa capaz de tejer un ordenado tapiz cual calidoscopio multicolor, en el que todos y cada uno de los fragmentos, conservando y desarrollando su identidad, compartirán el conjunto. Y entre ellos, el variopinto de una Euskadi de siete provincias compleja y plural pero de cultura e identidad propias acuñadas en el transcurso de su larga y azarosa historia. Este 9 de mayo mira a un futuro de vecindad que obliga a todos a organizar conjuntamente la convivencia y el espacio. Además, y como vascos, en la visión del primer lehendakari José Antonio Agirre y más allá de lo que entrañaba desde el punto de vista de la paz y la convivencia entre los pueblos, la construcción de Europa significaba sentar las bases que iban a hacer posible la construcción nacional de Euskadi en un contexto moderno, abierto y solidario. Europa se convertía así en los oscuros y duros tiempos de Franco en una opción de valor estratégico para el nacionalismo vasco en coherencia con la libertad, la esperanza y la visión política de los Irujo, Landaburu, Galíndez, Rezola, José Agirre y otros. Este 9 de mayo puede haber quien opine que Europa queda lejos, que Euskadi y los vascos no tenemos que ganar nada por esos lares. Que no nos dejarán, que será imposible, que no vale la pena. Al contrario, yo creo que sí vale la pena, que lo conseguiremos, que Europa para los vascos es sintonía de futuro y esperanza. No será nada fácil y por ello me vienen a la cabeza los lemas de Eusko Ikaskuntza, "Asmoz eta Jakitez" -parte de la epigrafía de un escudo heráldico que dice algo así como: "El de abajo puede alcanzar al de arriba y el pequeño vencer al fuerte con voluntad, tesón e inteligencia"- y el de Euskaltzaindia, "Ekin eta Jarrai", "Labora y persevera".
Ojalá que en lo que va hasta el 9 de mayo del 2007 saboreemos los vascos de un lado y otro del Bidasoa vientos de bonanza al ritmo del "¿¿eh, eh!!" de "Pakito txokolatero" o de la suave cadencia del "Boga Boga" o el "Agur Xuberoa". Y quizás deberíamos plantearnos en serio los vascos del sur del Bidasoa que en vez de hacer crecer un árbol, talarlo y fabricarles una mesa a los de Iparralde, deberíamos dejarles que sean ellos los que directamente la hagan crecer -la mesa rojiblanca- a su manera. Y todo ello -árbol, mesa, rugby, colores y canciones varias- en el seno de un espacio de convivencia llamado Europa. Hoy es 9 de mayo, Día de Europa y día también de una Euskadi soberana y europea, internamente ordenada y articulada, diversa y plural, y dueña de su destino que será compartido y solidario. Por un Europa consecuencia del diálogo, hija del respeto y de la tolerancia, producto de la igualdad y fraternidad entre sus pueblos, sus culturas, sus historias y la conjunción armoniosa entre la diversidad de sus paisajes simbólicos.