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Los Estados Unidos de Europa

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Apirila 27 | 2006 |
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Jose Mari Etxebarria

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Diario de Noticias de Álava


La Unión Europea está atravesando la peor crisis de su historia. Las razones del “no”, en Francia y Países Bajos, no son tanto atribuibles al texto del Tratado Constitucional (TC) sino al contexto cambiante en el que se desenvuelven las sociedades desarrolladas.
La globalización nos hace vivir en sociedades en constante variación que generan incertidumbres y ansiedades. Ante los fenómenos crecientes de precariedad laboral, inmigración continua, inseguridad ciudadana.... muchos ciudadanos se refugian en su universo grupal más seguro que le confiere la comunidad más cercana o, incluso, en el estado-nación clásico, rechazando cualquier apertura al exterior, tanto europea como mundial. La gente percibe que, actualmente, Europa no está siendo la respuesta adecuada a sus miedos y observa a los Partidos políticos desbordados a la hora de ordenar y gestionar esta globalización.

La globalización empequeñece al estado-nación europeo y demanda la existencia de organizaciones supranacionales como estructuras adecuadas para preservar, a largo plazo, tanto el bienestar económico de los ciudadanos como para su conversión en actores políticos de primera magnitud en el mundo. En esta tarea estamos inmersos los europeos, pero las rampantes resistencias nacionalistas de los Estados constituyen un freno al proceso de integración. El futuro exige una visión más cosmopolita y menos anclada en esquemas pasados.

En este período de reflexión, solicitado por la UE, no solamente deberíamos analizar el TC, ante el que Euskadi ya se ha pronunciado, sino que la crisis de confianza que sufre Europa exige una reflexión más global. Los parámetros en los que se desenvuelve el nuevo mundo, el proyecto de Europa en ese escenario, el balance de su funcionamiento interno y la consecución de ese proyecto desde el TC, deben ser ingredientes ineludibles en el debate que ahora se inicia.

Una Europa de estructura federal, construida no desde la uniformidad sino desde la riqueza de la diversidad nacional que compendia la identidad europea, sería la más adecuada para dar respuesta a los temores y adaptarnos a este mundo multipolar que está emergiendo. Pero todo esto hay que explicarlo y hasta ahora no hemos sabido trasladar los beneficios tangibles que la institucionalización de Europa ha supuesto en nuestras vidas.

Es necesario formular una autocrítica en el funcionamiento de la UE para mejorar su funcionamiento. La UE, en su afán de regular el mercado interno, se ha inmiscuido en cuestiones que se gestionarían mejor desde la cercanía institucional que desde la burocracia bruselense. Se ha quebrado en muchas ocasiones el principio de subsidiariedad. Y por el contrario, se han dado pasos muy insuficientes en los ámbitos de seguridad y justicia, política exterior y de defensa, áreas claves en la conformación de una Europa políticamente integrada.

Considero que el TC está vivo, porque 13 miembros de la familia europea han votado que “sí”, al que pronto se unirán Bélgica y Estonia, y dos lo han hecho en contra, con todo lo que en términos democráticos este resultado acredita. Apuesto, o bien por la continuación del proceso de ratificaciones o, si hubiera un nuevo acuerdo, por su ratificación simultánea coincidiendo con las elecciones europeas del 2009. En el primer caso, Francia y Holanda, tras la renovación de sus Cámaras, podrían repetir el referéndum, como ya existen precedentes.

Si tras los referéndums existen Estados que rechazan el TC es el momento de replantear el proyecto europeo, con un nuevo paradigma. Sería el momento en que un grupo pionero, nuclear, reunido actualmente alrededor del Euro, redefiniera el proyecto y su objetivo, avanzando hacia una Europa integrada de estructura federal.

Guy Verhofstad, el primer ministro belga, en su libro “Los Estados Unidos de Europa-Manifiesto por una nueva Europa” ha formulado un planteamiento sugestivo, clasificando Europa en dos subgrupos: “Estados Unidos de Europa” y “Organización de Estados Europeos”. El primero, estaría abierto a todos los que incondicionalmente abogan por un proyecto político europeo y el segundo constituiría una confederación de estados integrado económicamente. Sospecho que por ahí va el futuro.

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