Las supuestas dos ´almas´ de EAJ-PNV, las dos sensibilidades internas, la ley del péndulo, nacionalistas radicales y transversales posibilistas, independentistas y autonomistas, soberanistas y cosoberanistas... son algunos de los calificativos que periódicamente, cual guadiana dialéctico, aparecen en las bocas y plumas de periodistas, historiadores, tertulianos y políticos cuando, cual ´peneuvelógos´ avezados, descubren lupa en ristre pequeñas-grandes-supuestas contradicciones en las declaraciones, escritos y actuaciones de diferentes líderes del PNV. Antes que nada, y en tono distendido, quisiera manifestar que yo mismo reconozco que en mí anidan ciertamente ambas sensibilidades, y más, es decir, manifiesto que el péndulo existe en mí y que no por ello deja de ser un péndulo patriótico a todos los efectos. Es más, debería reconocer que además soy dueño, a falta de un alma, de las dos almas, cuando no de tres o incluso en períodos de gracia reflexiva hasta de cuatro.
Bromas aparte, en mi opinión al menos, parecería como si únicamente fuera tan sólo y exclusivamente en el PNV donde los análisis políticos, las actitudes y las percepciones tuvieran matices, más o menos afortunados y correctos es otra cuestión, a la hora de traducir e interpretar la fotografía de la realidad de la sociedad vasca. Pero, incluso si así fuera de exclusivo y excepcional, habría en consecuencia que manifestar la gran habilidad de este curioso partido para, a pesar de todo -me refiero a la existencia de las dos almas-, continuar siendo una de las piezas políticas fundamentales y centrales que vertebra la sociedad vasca. Habría que reconocer públicamente el mérito del PNV en su curiosa rareza de ser capaz, a pesar de las almas, de continuar siendo el partido mayoritario en la política vasca y la referencia más seguida en el campo nacionalista estos muchos últimos años. Pero hablando más en serio, la línea política oficial del PNV, su única alma corpórea en este mundo hoy y aquí, corresponde a la dictada por su máxima dirección, es decir, por el Euzkadi Buru Batzar presidido por Josu Jon Imaz y su equipo.
Pero es cierto que, con todo esto, a uno le viene a la mente una serie de reflexiones que, con todo el respeto debido a las personas y políticos a mencionar, paso a manifestar. Sin hacer un ejercicio intensivo de memoria periodística uno retiene en sus retinas, insisto, lo digo con todo y el mayor de los respetos, las lamentables gracias, inasumibles desde el punto de vista democrático e infumables incluso desde el estético, del ex vicepresidente del Gobierno socialista en tiempos de Felipe González, Alfonso Guerra, cuando hace muy poco en un encuentro con jóvenes socialistas en Bizkaia se jactó (¿?), incluso gestualmente, de actuar cual hábil «carpintero» a la hora de «cepillar» el plan Ibarretxe, éste antes de entrar en la Comisión Institucional, y de «cepillar» el Estatuto de Cataluña dentro de dicha Comisión. Un Alfonso Guerra leyendo la cartilla a aquellos socialistas que hablan como nacionalistas (¿?), afirmando que el ser socialista es incompatible con el nacionalismo (uno supone que quiso referirse al nacionalismo vasco, catalán o gallego, que no al español o francés). Escuchar, por otro lado, al ex ministro de Defensa Bono disertando engoladamente sobre la unidad de la patria, la bandera, el ejército, su orgullo de ser cada vez más español; y añadir a dicha audición algunas perlas del presidente de Extremadura, Rodríguez Ibarra, con reflexiones en la línea de dificultar la presencia de partidos nacionalistas en el Congreso de los Diputados, por no amigos de la patria... A uno personalmente dicha concatenación de discursos no le llevan precisamente a encajarlos en un mismo puzzle ordenado y coherente con otros discursos mantenidos por socialistas como Maragall, Patxi López, Egiguren, Buen, Gema Zabaleta o el mismo alcalde de Donostia, Odón Elorza, no precisamente en sintonía con, por ejemplo, Paco Vázquez. Podríamos ejercitarnos en colocar en algunas de las "almas" del PSOE a militantes como, Jáuregi, Rojo, Chivite, Lizarbe, Rosa Díez, Gotzone Mora, Nicolás Redondo, Chaves, Pérez Rubalcaba, el presidente Rodríguez Zapatero o el vilmente asesinado Ernest Lluch y sus continuas llamadas al diálogo y la negociación.
Tendría que reconocer que la búsqueda de almas, de ortodoxias mal que bien entendidas y de sensibilidades varias, se dificultaría un poco en el PP. Pero aún así podríamos intentar emparejar por ejemplo al alcalde de Madrid, Ruiz Gallardón, con la presidenta de su Comunidad, Esperanza Aguirre, y el catalán Piqué con el vasco Mayor Oreja. Efectivamente, es más fácil colocar en la misma alma a Aznar con Zaplana y Acebes aunque también surgiría la duda razonable del lugar a ocupar por Manuel Fraga, María San Gil, Carmelo Barrio, Carlos Urquijo, Leopoldo Barreda o el propio Carlos Iturgaitz. Pero sensibilidades varias podríamos también encontrarlas, porque haber haylas, en EA, EB, Batasuna, y constatar también la existencia de diferentes almas, nunca mejor dicho, entre los propios obispos vascos y algunos componentes de la mismísima Conferencia Episcopal Española. Dicho de otra manera, en mi opinión, en todos los partidos y colectivos hay maneras de percibir subrayados más o menos afortunados y matices que a veces enriquecen y otras desintonizan. En todos. No creo realmente que ningún partido, sindicato o colectivo eclesial o no tenga esa prebenda en exclusiva, ni se libre de quien con toda naturalidad entiende, en partidos, obispos y sindicatos, que para los colores políticos, sindicales y eclesiales se hizo el gusto y tiene por ello, y en función de sus análisis más o menos particulares, el derecho a veces de disentir de la línea oficial del colectivo al que pertenece.
Diferente cuestión es valorar sobre su relativa oportunidad y sobre su bondad, o no, en función de contextos muy concretos. Pero hablando del PNV, y llegados a este punto, quisiera hacer un pequeño recorrido, digamos del último año, por los documentos y manifiestos estratégicos más importantes aprobados en el EBB por unanimidad. A saber, y salvo error, los documentos correspondientes al Aberri Eguna de 2005, "Aurrera bidean erabakitzeko garaia", y de este año 2006, "Nación de valores". Otro documento estratégico aprobado por unanimidad fue el del 24 de octubre, "Ante el final dialogado de la violencia y la normalización política", amén de otro de 19 de diciembre, "Frente a la extorsión de ETA". El 6 de marzo se valoró unánimemente por la máxima dirección política del PNV la situación política actual, "Tiempos de responsabilidad, tiempo de hacer política y tiempo de paz"; y el 16 de febrero tomó posición respecto al Sumario 18/98; y fue el 22 de marzo cuando el EBB hizo público un comunicado "Ante el alto el fuego de ETA. Es decir, en lo importante, unidad.
Supuestas almas aparte, el PNV como partido opina en clave de unanimidad en cuestiones de fondo, claves y estratégicas y como partido nacionalista vasco que es cree consecuentemente que Euskadi es una nación y trabaja en la perspectiva de que esa nación política vasca sea una meta alcanzable para lograr una cohesión territorial basada siempre en el respeto a la voluntad democrática de la ciudadanía de la Comunidad Autónoma Vasca, de Navarra y de Iparralde. Supuesta almas que en todo caso buscan la sinergia necesaria para que Euskadi nación política apueste por construirse así misma, abierta a los demás, buscando los mecanismos de autogobierno que le permitan poder liderar los retos de identidad, de la formación de las personas, la innovación y la solidaridad. Es por ello que en el PNV -todos y todas, como un solo hombre y como una sola mujer- se trabaja por la capacidad de decisión para marcar políticas, prioridades y necesidades. Supuestas almas dúplex aparte y bajo las directrices de la dirección política del EBB y de su presidente Josu Jon Imaz, y en total sintonía armónica con el lehendakari Juan José Ibarretxe, el objetivo pasa por la consecución de la capacidad de decidir y de la responsabilidad y del compromiso de pactar.
El compromiso del PNV es con la libertad, con la capacidad de decisión, con el pacto y con la corresponsabilidad, es decir, con la Euskadi nación política moderna y abierta. El reto asumido es traducir la realidad y los cambios que se están produciendo e incorporar nuestra identidad como vascos a dichas realidades cambiantes y avanzar en nuevos valores. El 28 de marzo de un ya muy lejano 1932, el periódico "El Día" describía así el Aberri Eguna de Bilbao: «Serenidad y entusiasmo, tranquilidad y optimismo, paz y fortaleza, potencialidad y dominio de sí, fe en el porvenir y actuación en el presente». Hoy también. El PNV sabe de su responsabilidad ante la ciudadanía y ante Euskadi, sabe de su centralidad, y, así seguirá intentando concitar la mayor adhesión ciudadana posible en aras de conseguir para Euskadi y su ciudadanía mayores cotas de libertad y democracia, soberanía y autogobierno, progreso solidario y justicia social. Es para lo que el PNV nació ya hace más de 100 años. Es lo que hoy y aquí le sigue dando pleno sentido y vigor.