Iritzia
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2006
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Elecciones en Italia

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Apirila 08 | 2006 |
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La irrupción del populismo es un fenómeno cada vez más frecuente, no sólo en las frágiles democracias de Latinoamérica, sino también en el mundo desarrollado. Pero el recurso desesperado a un "salvador", provocado por un hartazgo comprensible de las componendas, desgobierno y corruptelas partidarias, agrava una situación política ya de por sí suficientemente deteriorada. En Italia el sistema político que había surgido tras la II guerra mundial, cuyos pilares fueron la DCI y el PCI, colapsó a principios de los años 90 y dejó sin los referentes políticos tradicionales a los italianos. Esta desintegración política unida a la percepción de endémica corrupción en los círculos del poder posibilitó el surgimiento de un hombre "triunfador", incontaminado por el sistema de Partidos, como Berlusconi.
Estos cinco últimos años presididos por "Il Cavaliere", aunque hayan tenido el mérito de agotar por primera vez una legislatura, desde la II guerra mundial, han constituido un fiasco en el terreno económico. Los índices macroeconómicos de estos últimos años se han deteriorado y a pesar de ser miembro del club de los ricos el G-8, su renta per cápita es inferior a la de Euskadi y se sitúa por debajo de la media de los países de la zona euro. El crecimiento acumulado en el período 2001-2005 ha alcanzado el 3,2% mientras que en la zona euro ha sido del 7,1%. El déficit es del 4%, quebrando de nuevo los estándares europeos y la deuda del 106% a cuyo servicio está cautiva una parte sustancial del presupuesto. Esta negativa herencia ha inducido a la prestigiosa revista liberal "The Economist" calificarla del "hombre enfermo de Europa" parafraseando al zar ruso Nicolás I cuando se refirió en el siglo XIX al imperio Otomano.

No obstante y para contextualizar, Italia sigue siendo una potencia económica. Los indicadores definitorios de inflación, desempleo, balanza comercial y renta per cápita son mejores que los de España.

La campaña electoral se ha centrado en la economía. En este apartado, los programas de las dos coaliciones, a excepción de las inverosímiles promesas de Berlusconi en forma de reducciones fiscales en un intento desesperado por reducir la ventaja del candidato de centro izquierda, no existen diferencias sensibles. Al margen de quién gobierne, el espacio de maniobra de las economías occidentales ante los desafíos de este nuevo mundo es estrecho.

Es conveniente que las medidas terapéuticas e impopulares ante situaciones de emergencia, como la italiana, se materialicen desde un consenso básico entre poder y oposición desde la premisa, como dice Anthony Giddens, que el éxito económico es la clave para tener justicia social, no a la inversa. El caso de Alemania nos ilustra que a pesar de la presunta incompatibilidad de las diferencias programáticas en campaña electoral, se ha conformado la gran coalición entre los dos partidos para implementar un programa renovador que incluye dolorosos recortes sociales. Es muy improbable que en Italia, normalmente con unos envidiables tasas de participación electoral, se materialice una gran coalición, aún en empate técnico. El cambio electoral, de última hora, hacia la proporcionalidad, promovido por el gobierno para salvar los muebles, incentiva la alianza con grupos minoritarios que obstaculizarán las necesarias mayorías parlamentarias para gobernar.

La personalidad de los candidatos, Berlusconi extravagante y demagogo, Prodi serio y aburrido, marcan claramente los dos campos. Quiero creer que los italianos están hartos de las continuas excentricidades del primero y sus constantes ajustes con la justicia, y abogarán por la grisacea rigurosidad del segundo. El perfil de "Il Professore" responde al del recientemente elegido presidente de Portugal, Cavaco Silva.

El centroizquierda tiene la desventaja de estar integrado por una coalición muy heterogénea de minúsculas organizaciones. Parte de la ciudadanía percibe a un Prodi vulnerable, sin partido propio, y con enormes dificultades para dirigir una orquesta desafinada, de manera armónica. El apoyo disimulado de una parte sustancial de la Iglesia al centro derecha, evocando la "decadencia moral de nuestras sociedades", le restará también fragmentos de voto católico a la coalición opositora.

Berlusconi, estos últimos días, ha agudizado el diapasón de la chabacanería buscando el enfrentamiento abierto en el terreno embarrado de los mutuos improperios para despertar al presunto abstencionista que le votó hace cinco años. El recurso a extender el miedo al comunismo y a la conspiración se me antojan como el canto del cisne de un hombre que, ojo, fue el fruto de una profunda crisis del sistema político vigente. Si ganase habría que convenir que el miedo a la degradación persiste.

Espero que los italianos acierten con su voto. No solamente por la pesada herencia económica recibida, sino por la dignificación de la política y el buen nombre de Italia y Europa.

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