El anuncio de un alto el fuego permanente por parte de ETA, se mire como se mire, es una muy buena noticia. Como esperable era el contenido de los comunicados en que lo hace público. Probablemente el único posible en el actual momento de ETA. Ciertamente no cumple todas las expectativas de un alto el fuego definitivo e irreversible, pero no es comparable a otros pronunciamientos y no cabe, en absoluto, denominarlo como "tregua trampa". Voy a dar dos ejemplos de capital importancia tomados de los comunicados de la tregua de septiembre de 1998 y del alto el fuego de marzo de 2006.
Concedo mucha importancia a la segunda frase del comunicado de ETA de este miércoles. Dice así: «El objetivo de esta decisión es impulsar un proceso democrático en Euskal Herria para construir un nuevo marco en el que sean reconocidos los derechos que como pueblo nos corresponden y asegurando de cara al futuro la posibilidad de desarrollo de todas las opciones políticas». Compárese con este otro que se puede leer en el comunicado de ETA anunciando la tregua de 1998: «Es hora de romper acuerdos y ataduras con los partidos políticos que tienen por objetivo la desaparición de Euskal Herria. En consecuencia, es hora de romper todo pacto con partidos, estructuras institucionales y represivas que tienen como objetivo el aniquilamiento de Euskal Herria y la construcción de España y Francia». Hemos pasado de «romper ataduras con partidos políticos» a posibilitar «el desarrollo de todas las opciones políticas».
En el documento de 1998 se afirmaba que «de entre todos los pasos a dar, el de mayor importancia será el poner en vía de superación la actual división institucional y estatal; para ello, desde hoy mismo hay que dar pasos efectivos para crear una estructura institucional única y soberana que englobe a Araba, Bizkaia, Gipuzkoa, Lapurdi, Nafarroa y Zuberoa». Nada de esto se encuentra en el documento de 2006.
De la soberanía y el rechazo a los partidos estatalistas hemos pasado a la mesa de partidos, sin exclusiones. De la estructura institucional única y soberana de los seis territorios vascos, al gradualismo y al respeto soberano de cada de uno de ellos. Todo esto último estaba ya en el pronunciamiento de Anoeta de noviembre de 2004. Ahora todo el discurso de ETA gira en torno a esos conceptos y declara un alto el fuego. En el segundo comunicado, en sus versiones en euskera y castellano, pero no en francés, supongo que por despiste, hay una significativa llamada «a los ciudadanos y ciudadanas vascas en general y a los militantes de la izquierda abertzale en particular» para que se impliquen en este proceso. Parece claro que ese llamamiento va dirigido a los militantes de la izquierda abertzale.
¿Por qué este cambio? Básicamente porque la izquierda abertzale ha internalizado que su proyecto político en la sociedad vasca ha fracasado y que ya no hay margen de maniobra para llevarlo a buen término. Los objetivos de ETA en particular y del MLNV en general a lo largo de su historia han sido siempre los mismos: alcanzar una Euskadi independiente, euskaldun, unificada y socialista. Ése era el proyecto político de ETA. Durante muchos años han pensado que mediante la lucha armada iban a conseguirlo. El último intento fue Lizarra Garazi y rompiendo la tregua quemaron todos sus cartuchos políticos. Pero al día de hoy, repase el lector, uno a uno, los cuatro grandes objetivos de ETA en cerca de cuarenta años de violencia, y pregúntese cuál es el balance que ETA puede ofrecer a la sociedad vasca. 1º: ¿Somos hoy más independientes? Obviamente no y si hoy tenemos más competencias es gracias al Estututo, que ellos no votaron, y al Concierto Económico. 2ª: ¿Están más unidos los diferentes territorios de Euskal Herria? Piénsese dónde ha quedado aquello de "Nafarroa, Euskadi da". Navarra es, políticamente hablando, el gran drama del nacionalismo vasco. Que me hayan echado atrás libros porque había titulado "Euskalherria en la encuesta de valores" y hayan tenido que salir titulados (para no quedarse en el cajón) como "Vascos y navarros en la encuesta europea de valores" es una muestra que he vivido en carne propia. 3º: ¿Somos más euskaldunes? Sí, pero no por obra del MLNV, sino del empuje de la propia sociedad vasca, de organismos como Kontseilua y, sobre todo, por la determinación del nacionalismo democrático impulsando el euskera desde las instituciones, especialmente en los diferentes niveles de enseñanza. Hoy, por dar un ejemplo, en la UPV-EHU se puede estudiar la carrera de Física en euskera. En fin, y 4º, ¿alguien en su sano juicio se atreve a decir que Euskadi es una sociedad socialista en el sentido fuerte de la palabra? Euskadi es una sociedad que sabe aliar como pocas el trabajo y la fiesta, la tradición con la posmodernidad, el bien vivir con dosis de solidaridad y apertura al diferente. Pero, eso sí, con el bolsillo bien lleno y sin aventuras de economías planificadas donde la iniciativa privada no tenga espacio propio. Cuba puede estar bien para pasar unas vacaciones, pero no conozco a ningún vasco, por muy de la izquierda abertzale que sea, que se haya ido a vivir, voluntariamente, al paraíso de Fidel.
Se abre una nueva etapa. Seremos una sociedad normal en la que dirimiremos nuestras diferencias, en ausencia de violencia, mediante el uso de la palabra, el diálogo, la negociación y, en última instancia, en las urnas. Pero en la nueva etapa, más allá del tema político, queda la reconciliación social. ¿Cómo va a vivir la sociedad el periodo posterior a ETA? ¿Propugnará, tras el reconocimiento y reparación de las víctimas, olvidar lo sucedido en aras de no profundizar en las heridas abiertas y sangrantes? ¿Nos servirá de modelo la forma de gestionar el final del franquismo? ¿Cuál debe ser el papel de la memoria en este proceso? ¿Qué es preferible: la amnistía, la amnesia, el recuerdo constante del dolor causado y de las víctimas ocasionadas ? ¿Cómo gestionar el reconocimiento y reparación a las víctimas con los diversos planteamientos políticos? ¿Hay espacio para la reconciliación? ¿Qué exigencias deben darse para que haya reconciliación? ¿Reconciliación de quiénes con quiénes? En fin, desde la perspectiva de los cristianos, ¿hay lugar para el perdón? ¿Tiene contrapartidas el perdón? Cuestiones de gran calado a las que habremos de volver. No podemos legar a nuestros hijos y nietos una sociedad fracturada. No podemos reproducir el final de la Guerra Civil. Ni el final del franquismo.