Editorial
Iritzia
Diario de Noticias
Se celebró la manifestación convocada por la AVT y apadrinada por el PP, una más. Y van tres, en el plazo de un año. Esta vez, el lema ha obviado la mera alusión al recuerdo de las víctimas y ha sido más descarado: Por ellos, por todos... ¡en mi nombre no! Sin rodeos, ha sido una manifestación convocada directamente contra el Gobierno presidido por Rodríguez Zapatero
en línea estricta con la estrategia planificada por el PP para dinamitar las iniciativas del Ejecutivo para acabar con la violencia terrorista.
La manifestación, masiva, como se esperaba, ha contado con la presencia de la plana mayor del PP sin ausencia alguna, y con la entusiasta asistencia de los sectores más ultras del país. Siempre habrá miles de exaltados dispuestos a llenar autobuses para sumarse con sus banderas, sus pancartas y sus iras a cualquier desfile contra la democracia. En esta ocasión, sin embargo, la voracidad opositora del PP ha llegado demasiado lejos. Ya había demostrado en muchas ocasiones el partido de los Rajoy , Acebes y Zaplana , bajo la vigilante sombra de Aznar , que para desalojar del poder al PSOE todo vale, incluso el recurso a la manipulación de los más bajos instintos y las más conmovedoras emociones.
Sin más lógica que la ambición política, el PP ha echado mano de los representantes de las asociaciones de víctimas más afines políticamente y más exaltadas, y les utiliza como punta de lanza emocional para evitar a toda costa que el PSOE protagonice el fin de la violencia. Esta manipulación, por obscena, por hipócrita, ha llegado a un punto que comienza a ser insoportable incluso para buena parte de víctimas del terrorismo, que no están dispuestas a colaborar en esta farsa. No le ha preocupado, ni poco ni mucho, al PP que en esta indecente carrera por el poder resulte fracturado el colectivo de víctimas, siempre que permanezcan de su lado las asociaciones que más ruido mediático causan.
En este obsceno carnaval, el PP sigue con la careta puesta, alimentando odios y quebrando incluso la unidad entre quienes viven en carne propia la memoria de las víctimas. Le da igual. Había que hacer ruido, y lo ha hecho. Aunque haya desfilado con los peores comparsas, los más fanáticos, los más ultras, en su loco refugio hacia la derecha más extrema.