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Víctima de su propia estrategia

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Urtarrila 30 | 2006 |
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Editorial

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Diario de Noticias de Álava


El acuerdo sobre la reforma del Estatut al que llegaron con nocturnidad Rodriguez Zapatero y Artur Mas podrá calificarse de picardía política, pero la verdad es que ha tenido resultados demoledores para la estrategia del PP, que venían lanzando a la vorágine de desgaste a un Gobierno que suponía víctima de sus propias contradicciones en la resolución del problema catalán.
El hecho de que Zapatero haya privilegiado a CiU, además de sus evidentes efectos colaterales en la política catalana, neutralizada en buena parte el hostigamiento del PP, si se tiene en cuenta que hasta hace cuatro días el partido que lidera Artur Mas era cómplice y socio de José María Aznar y, además, no forma parte del tripartito demonizado por la dirección del PP. En sus atajos por recuperar un poder a cuya pérdida no se resigna, la apuesta estratégica de Mariano Rajoy y su guardia pretoriana venía siendo el catastrofismo y el obstruccionismo político para desgastar a Zapatero. Y, de repente, se han encontrado tan descolocados que se tambalean error tras error. Resolvieron con zafiedad la crisis provocada pro la reflexión sobre la posibilidad de asumir parte del acuerdo sobre el Estatut de su presidente en Cataluña, Josep Piqué, desautorizado desabridamente por Ángel Acebes. Sobresaltaron a la ciudadanía con el anuncio de rajoy de la convocatoria de un referéndum, iniciativa contra la cual cuando estaban en el Gobierno habían aprobado una ley que llevara a la cárcel el lehendakari Ibarretxe si osaba intentarlo. El caso es que no decaiga la bronca.
 
Esta actitud enfebrecida, convulsa, quizá no contaba con el deterioro que ha supuesto para un partido que todavía pretende presentarse como "de centro" el apoyo de lso sectores más reaccionarios del Ejército, de la Iglesia y, para que no les falte de nada en su vida a ninguna parte, el patrocinio del golpista Antonio Tejero. El sorpresivo acuerdo entre Zapatero y CiU ha revelado el mar de fondo en el principal partido de la oposición, abocado a la crisis víctima de sus propios errores. El PP se ha inventado una realidad en lugar de abordar la realidad tal cual es. Está claro que sus nueve millones de votantes no caben, ni mucho menos, en un partido tan estrecho como el que ha diseñado la dirección del PP.

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