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Se busca modelo de ciudad

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Urtarrila 30 | 2006 |
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Mikel Martinez

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Diario de Noticias de Álava


Un modelo de desarrollo urbano, un proyecto de ciudad en definitiva, no se improvisa en días, ni en meses. Es el resultado de una reflexión de años, una reflexión dinámica y compartida que está en constante actualización, siempre varios pasos por delante de lo que son actuaciones concretas.
Lo que a día de hoy está tomando forma al este y oeste de la ciudad no es más que la conclusión lógica de un debate que ya se daba a comienzos de los años ochenta. Por aquel entonces se preveía que la expansión lógica de la ciudad debía llevarse a cabo por Salburua y Zabalgana dadas las grandes barreras que al norte llegarían a ser el Zadorra y al sur los Montes de Vitoria una vez suavizada la cicatriz que ha supuesto el ferrocarril.
 
En paralelo a este modelo de desarrollo urbano, se han ido derivando políticas socio-urbanísticas como las de equipamientos de proximidad (centros cívicos), traslado de zonas industriales, políticas sociales, movilidad sostenible, rehabilitación del centro histórico, conservación y desarrollo de zonas verdes, etc. Durante el periodo 1979-1999, pocas ciudades pueden presumir de haber servido de referente en todos y cada uno de estos campos y de haber caminado con un proyecto de ciudad perfectamente definido. Si algo parecía claro, era el estatus modélico de Vitoria-Gasteiz.
 
Han sido suficientes seis años de gobierno del Partido Popular para que todo esto se ponga en tela de juicio. Basta con hacer un pequeño repaso a las actuaciones fundamentales del equipo de gobierno en cada uno de estos ámbitos para comprobarlo.
 
¿Podemos considerar que se ha continuado en los últimos años con un modelo de crecimiento de la ciudad “en mancha de aceite”? Entre las pocas aportaciones que el PP realizó a la revisión del Plan General, cabe destacar el desaforado e injustificable crecimiento previsto en las entidades locales menores, expansión que sobre la marcha se fue corrigiendo y cuestionando por diferentes instituciones y que, a día de hoy, sigue siendo objeto de debate. Para más inri, cuando se suponía que el diseño definitivo de Salburua y Zabalgana estaba cerrado, un demoledor informe sobre la escasa sostenibilidad de la densidad de vivienda planteada obligó a rehacer sectores sobre la marcha. A todo esto, pese a encontrarnos con la mayor operación de vivienda protegida en muchos kilómetros a la redonda, el pacto suscrito en esta materia en 2000 entre el PP y el PSE no ha conseguido frenar y ni mucho menos bajar el precio de la vivienda libre, que en sólo seis años se ha  duplicado.
 
¿Podemos considerar que se ha continuado un modelo de equipamientos de proximidad integrados? El primer equipamiento imputable a la gestión del Partido Popular fue una piscina lúdica dentro del complejo deportivo de Mendizorrotza. No cabe duda de su aceptación; lo que resulta un poco más cuestionable es su carácter prioritario. Hemos conocido actuaciones puntuales como el centro sociocultural de mayores de Ariznabarra o las piscinas de Abetxuko. Y después de legislatura y media, el primer centro cívico fruto de la gestión de Alfonso Alonso es un equipamiento dividido en dos edificios -distantes 600 metros entre sí- que se limita a sustituir al Europa, ignorando la optimización de usos que caracteriza a un equipamiento integrado donde se combinan el área sociocultural y la deportiva y contradiciendo todas las orientaciones que en este sentido plantean expertos en la materia. En cuanto a la oportunidad de saldar una deuda histórica con el vecindario de San Martín, el PP se empeña en impulsar un equipamiento que no responde ni a las demandas ni a las necesidades de este barrio. Y que, además, consigue unir las críticas del vecindario y de la oposición municipal.
 
En cuanto a la recuperación para el ámbito urbano de antiguas zonas industriales, todos podemos recordar cómo el traslado de fábricas históricas como Aranzabal y Areitio permitió generar nuevas zonas residenciales que en poco tiempo pasaron a formar parte de la ciudad consolidada. Durante el gobierno del PP el único traslado industrial que se ha llevado a cabo es el de los terrenos de Sidenor, donde Alfonso Alonso impulsó la instalación de un gran centro comercial rompiendo con otra gran premisa de legislaturas anteriores: la no introducción de más grandes superficies en el tejido urbano. Tendrán que pasar unos cuantos años para analizar los efectos reales de la implantación de El Boulevard, pero ya se pueden observar algunos indicios: destrucción paulatina del tejido comercial minorista, potenciación de un modelo de movilidad basado en el automóvil, alteración radical de los hábitos de ocio… No tenemos más que desplazarnos a un par de centenares de kilómetros para comprobar en qué ha quedado el modelo de grandes centros comerciales impulsado, por ejemplo, en Iparralde.
 
¿Qué podemos decir del modelo de desarrollo de zonas verdes trazado durante los años de gobierno de José Ángel Cuerda? Fue entonces cuando se dibujó lo que hoy son las obras de encauzamiento del Zadorra. Fue entonces cuando se llevaron a cabo actuaciones fundamentales para que el humedal de Salburua se convirtiera en lo que hoy es. También bajo gobiernos del PNV surgió el proyecto del Anillo Verde: una serie de parques perimetrales unidos por corredores ecológicos. Al PP le correspondía lograr el “cierre” de este anillo, algo todavía muy lejos de ser una realidad. Al PP correspondía el broche de este proyecto: el centro Ataria, del que todavía no existen ni los cimientos. En materia de zonas verdes la balanza de acciones tangibles y acciones de marketing se ha desequilibrado exageradamente hacia este último platillo.
 
Nadie puede negar que la rehabilitación integral del Casco Medieval parte de un modelo ideado y puesto en marcha hace varias legislaturas y que requiere de un nuevo impulso para conseguir primero, que sea un lugar tan idóneo para vivir como el resto de la ciudad; segundo, para que no sigamos dándole la espalda; y tercero, para que siga siendo el alma que toda ciudad necesita conservar para no perder su identidad.
 
Hace pocos días y a raíz de la visita del secretario de Estado de Infraestructuras Ferroviarias, asistimos a un interesante debate sobre el soterramiento del ferrocarril a su paso por Vitoria-Gasteiz y lo que va a suponer para la ciudad. En este contexto pudimos escuchar aseveraciones rimbombantes como “esto supondrá una nueva refundación de la ciudad” o “Vitoria-Gasteiz va a cambiar de identidad”. Discrepo abiertamente. Es evidente que esta actuación va suponer una transformación urbanística sin parangón, pero me niego a admitir que Gasteiz vaya a ser refundada o vaya a ser de otra forma, simplemente porque es una exageración y porque estamos muy orgullosos de ser como somos, quizás sólo nos falte creérnoslo de una vez.
 
Todo esto nos lleva a la pregunta que resume la situación actual: ¿Hacia dónde va Vitoria-Gasteiz? ¿Qué modo de hacer las cosas ha planteado el PP? ¿Estamos ahora ante un modelo de desarrollo reconocible o ante una serie de actuaciones inconexas? Desgraciadamente son muchas preguntas sin responder, consecuencia directa de una mala gestión sobre la que, sin lugar a dudas, alguien tendrá que rendir cuentas ante la ciudadanía. De momento, el Partido Popular, después de seis años obsesionado con enterrar un modelo que funcionaba, ha empezado ya a colgar el cartel de “Se busca modelo de ciudad”.

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