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2006
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Liderazgo

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Urtarrila 27 | 2006 |
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El pacto logrado entre el presidente del Gobierno y el líder de CiU, Artur Mas, sobre el Estatut ha modificado radicalmente los pilares básicos sobre los que se estaba cimentando la situación política. Por una parte, ha desbaratado las previsiones catastrofistas de muchos analistas que, contaminados por su subjetivismo, pronosticaban como únicas salidas bien el fracaso total de la negociación o bien la rendición de Zapatero ante las exigencias de los nacionalistas, lo que -según ellos- representaría el triunfo de la estrategia rupturista, para mayor gloria de ETA. En dicho análisis no había lugar para el acuerdo con los representantes catalanes y por ello unían sus razones a las de aquellos que defendían sin reparo alguno la negociación entre el PSOE y el PP.
Por otra parte, el pacto neutraliza la estrategia de confrontación frentista diseñado por los populares, convencidos también de la imposibilidad de un acuerdo razonable entre las partes negociadoras. La noticia del fin de semana pilló a Rajoy y a su dirección con el "pie cambiado", siendo un auténtico despropósito el conjunto de respuestas y valoraciones realizadas. La iniciativa de la recogida de firmas para exigir un referéndum en el conjunto de España sobre el Estatut nos da una idea bastante clara de la involución constitucional que se ha dado en su pensamiento ideológico.

La Constitución deja meridianamente claro que la última palabra sobre los estatutos tramitados según el artículo 151 corresponde en exclusiva a los ciudadanos de las referidas comunidades. La pretensión del PP no es otra que llevar al ámbito de la expresión ciudadana la estrategia del enfrentamiento entre Cataluña y España. Es una vía con escasísimo recorrido, pues va a ser la propia división y tensión interna las que les va a obligar a desactivarla.

El liderazgo ejercido por Rodríguez Zapatero y Artur Mas en el momento clave de la negociación resulta francamente significativo, tanto en términos estratégicos como de coyuntura. Y lo es por la actitud de compromiso y por la decisión favorable al pacto, más que por los contenidos acordados, que lógicamente resultan muy discutibles. Hay que decir que Rodríguez Zapatero, actuando como presidente del Gobierno, ha logrado consolidar su figura como secretario general frente a bastantes "notables" que últimamente le estaban achicando los espacios, empeñados en reducir la decisión a tener que elegir entre el entendimiento con el PP en el Congreso o la suspensión del debate.

Si bien formalmente Artur Mas ha actuado como líder de CiU, de hecho el papel que se le ha asignado y que él ha representado ha sido el correspondiente al representante de Cataluña en la negociación. Es decir, la de quien con su decisión ha posibilitado la existencia de un pacto con Zapatero y con ello ha garantizado la viabilidad del Estatut. Es normal la ironía de Maragall al referirse a los que se dedican a salir en la foto, mientras otros se dedican a trabajar. También lo es la irritación de Carod Rovira. Pero no deja de ser cierto que CiU es el primer grupo parlamentario. Lo que no tendría sentido político es que ERC votara en contra del Estatut y, además, continuara en el Gobierno tripartito.

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