Iritzia
16Urtarrila
2006
16 |
Iritzia

Tamborradas: historia y cambios

Iritzia
Urtarrila 16 | 2006 |
Iritzia

Luis Bandres

Iritzia

Noticias de Gipuzkoa


Es algo evidente que los ritos y las costumbres nacen en algún momento de la historia de un pueblo por alguna circunstancia, posteriormente van desarrollándose, modificándose y cambiando, para en algunos casos mantenerse con mayor o menor fidelidad y en otros desaparecer. Las Tamborradas de nuestras fiestas no son ajenas a este esquema general.
Ocupémonos brevemente de este peculiar rito nuestro. Una de las primeras constataciones al respecto es el que si bien sabemos donde nació, en Donostia, no sabemos muy bien cuando surgió la primera Tamborrada. Todo parece indicar que su origen no es ni más ni menos que el de una comparsa del Carnaval donostiarra, de la misma manera que en otras ediciones de esta fiesta habían salido la Comparsa de Ciegos Valencianos, la de Jardineros o la de Caldereros, por citar algunos ejemplos.
 
Hay que tener en cuenta que actualmente en el ámbito urbano los días de Carnaval están férreamente fijados y limitados a los tres días anteriores al Miércoles de Ceniza (entrando en la Cuaresma). No ha sido así históricamente y ni aún hoy lo es, al menos en el ámbito rural vasco, donde prácticamente a partir de la Epifanía (Reyes) ya comienzan los carnavales, de ahí que las fechas de celebración de esas comparsas de Donostia, durante el siglo XIX, pudieran extenderse a lo largo de un periodo que comprende, entre otros, días como San Sebastian, Santa Águeda, San Blas o la Candelaria sin problemas mayores.
 
Lo que sí parece cierto es que a partir de 1836 y para festejar al Santo Patrón, algunos donostiarras recorrían las calles acompañando, exclusivamente con barriles al principio y más tarde con la incorporación de algunos tambores, diversas melodías populares, y entre ellas un zortziko preparado por el maestro Santesteban, zortziko o marcha Zaharra de San Sebastian, que ha venido siendo interpretado por la Banda Municipal de Txistularis con ocasión de la fiesta del Santo Patrón de la ciudad.
 
Posteriormente, todo esto fue evolucionando. En un principio los participantes en la fiesta comenzaron saliendo a las tres y media de la madrugada del local de la Sociedad La Fraternal, situada en la subida del Castillo, pensamos que tras cumplida cena, tocando sus barriles y tambores en espera de la sokamuturra. Así, desde las tres y media y hasta las ocho y media recorrían la Parte Vieja donostiarra a los sones de tan melódicos instrumentos.
 
A esta hora en la esquina de las calles San Jerónimo y 31 de agosto se unían a la Banda de Txistularis  con objeto de entrar juntos a la Plaza de la Constitución al son de Idiarena (música de txistu muy popular en todo Gipuzkoa y que se sigue interpretando en los festejos taurinos de la mayoría de nuestros pueblos) para correr el toro ensogado (sokamuturra) en la mención de la plaza.
 
Unos años más tarde. La Fraternal, que en 1879 se fusionaría con la Unión Artesana, fue la primera sociedad que sacó una tamborrada de una manera más "organizada". Esta comenzaba a las cinco de la mañana precedida por tres heraldos a caballo y seguidos por tamborreros disfrazados con uniformes de milicianos de 1800, cerrándose el cortejo con una banda de música que interpretaba diversos aires. Con estos actos se daba comienzo al ciclo de fiestas de carnavalescas donostiarras, que terminaban el martes de Carnaval con el Entierro de la Sardina.
 
Ni que decir tiene que, durante el largo tiempo que precedió a esa tamborrada organizada, los participantes en la comparsa ni tenía un atuendo fijo, cada uno se disfrazaba carnavalescamente como quería, ni había un repertorio de música fijado.
 
Habrá que esperar hasta 1861, fecha en que Raimundo Sarriegui compuso la Marcha de san Sebastian, a la que puso la letra Serafín Baroja, para tener una primera melodía propia de esa comparsa, es decir, unos veinticinco años después del nacimiento de la misma.
 
Tras otros veinte años, 1882, el mismo compositor crearía un Iriyarena propio para la Tamborrada, así como la Diana y la Retreta (o Pasodoble 1º de Tambores). En años posteriores compondría la otra retreta (o Pasodoble 2º de Tambores, conocido popularmente como Tatiago, año 1884), y la Polka de Tambores (año 1885), cerrándose así una colección de melodías que hemos visto recogidas en un cuadernillo musical de principios del siglo XX con el expresivo título de Carnaval de San Sebastian Comparsa de Tambores.
 
Es, pues, desde finales del siglo XIX cuando la Tamborrada donostiarra dispone de un repertorio propio que en años posteriores se irá haciendo fijo y para algunos sagrado, de manera que para éstos el que se interpreten algunas de esas melodías fuera de la fiesta de San Sebastian lo consideren algo rayano en la herejía.
 
Ahora damos un salto en el tiempo, tiempo en el que se habrán ido dando una serie de cambios, no siendo el menor el de la incorporación de las mujeres al festejo, cuando los colectivos organizadores de una particular tamborrada lo han considerado oportuno.
 
A aquella primera Tamborrada organizada por la Fraternal rápidamente le siguió ka organizada por Euskal Billera, y así sucesivamente fueron incorporándose otras al festejo, concretamente entre ellas y ya desde 1927, la infantil organizada por esta última sociedad. Llegamos a 1934, año en que la Tamborrada organizada por la todavía recién fundada Sociedad Gaztelubide va a ir las puertas del Ayuntamiento, entonces en la Plaza de la Constitución, a las 0 horas 0 minutos del día 20 de enero, a acompañar con sus sones de la izada de bandera en dicho edificio, acto con el que da comienzo la fiesta del día de Santo Patrón.
 
Desde entonces esta Tamborrada es la que ha acompañado siempre (excepción hecha de los años en que por diversas razones no se ha celebrado, por ejemplo de 1902 a 1904 como protesta por la prohibición de la sokamuturra, o en 1968 o 1971 por el Estado de excepción) dicho acto de la izada. Analógicamente será la Tamborrada de la Sociedad de La Unión Artesana la que vendrá acompañando el acto de arriada de la bandera, en ese mismo punto a las doce de la noche del mismo día, dándose con él fin a las fiestas. 
 
Con el tiempo y paralelamente, en otros puntos de la ciudad las respectivas sociedades organizan sus actos de izada y arriada de la bandera a las mismas horas del citado día.
 
Esta fiesta, o ya el rito nacido en Donostia, ha ido extendiéndose a otros puntos de nuestro geografía, siendo raro hoy el enclave guipuzcoano (y no sólo guipuzcoano) que no disponga de su particular tamborrada en las fiestas patronales. Es claro que las diferentes tamborradas que hoy conocemos adecuan sus fechas, sus uniformes, sus melodías y sus características a las particularidades de cada municipio y de cada sociedad organizadora, de ahí la evolución del rito a que hacía referencia al comienzo de estas líneas.
 
Comienza el año, ya estamos en San Sebastian, ya empiezan a sonar las primeras tamborradas a las que seguirán otras muchas a lo largo del mismo, ya tenemos a Donostia y Azpeitia inmersas en la celebración de este sonoro rito: Bejondeizuela eta Aurera!

PARTEKATU