Editorial
Iritzia
Diario de Noticias
Aunque repetidamente en los últimos tiempos las macroencuestas indican que los problemas que más preocupan a los ciudadanos son el trabajo, la vivienda y la emigración, por ese orden, la dirección del Partido Popular parece tener comprobado que cuando acosa al Gobierno socialista bajo los pretextos de la unidad de la patria, de la lucha antiterrorista y de la defensa de las víctimas, se reduce porcentualmente la diferencia que le lleva el PSOE. En esa línea marcada a comienzos de la era Aznar por su sociólogo de cámara y asesor Pedro Arriola
, la dirección del PP vigila con más atención los sondeos triviales y casi diarios de algunos medios de comunicación para sus cargas de profundidad contra el Gobierno. Se trata de sondeos sin un elevado rigor científico pero con suficiente eco mediático como para arremeter y pisar el acelerador de la provocación, el enfrentamiento y el insulto.
Todo vale, aunque en esa estrategia a corto plazo el aprovechamiento político sea flor de un día. En esa obsesión por reducir la distancia demoscópica con los socialistas, los actuales dirigentes del PP trasladan a la sociedad mensajes deliberadamente inquietantes, estremecedores incluso, en los que la artillería dialéctica pesada no se para en sutilezas. Si hay que exagerar, se exagera; y si hay que mentir, se miente. Fuera de Cataluña, y aunque el asunto no les quite especialmente el sueño, millones de ciudadanos creen que puede ser verdad eso de que el Estatut va a acabar con el idioma castellano. Incluso muchos se lo creen de verdad. Serán, quizá, votos para el PP. Las falsedades sobre el conflicto vasco deliberadamente propagadas por los Aznar , Rajoy , Acebes , Zaplana , Mayor Oreja y el resto de aventajados discípulos agazapados tras fundaciones, o asociaciones, o medios de comunicación, han ido a ritmo de encuesta. Y poco les ha importado poner en riesgo la convivencia ciudadana, eliminar libertades, arrebatar derechos, a cambio de un mejor resultado en el sondeo semanal. Esta dependencia cortoplacista de la demoscopia, tal como la está gestionando el PP, puede volverse en su contra; comienza a aburrir ya a los ciudadanos cuyas principales preocupaciones siguen siendo más próximas y menos trascendentales.