Iritzia
Diario de Noticias de Álava
El debate sobre el Estado de las Autonomías celebrado durante tres días en el Senado concluyó el miércoles sin avances sustantivos ni acuerdos y, lo que es más preocupante, sin visos de que pueda haberlos a medio plazo.
La cumbre, tal y como se preveía, no ha servido sino para ver reproducidas a escala las posiciones de cada formación y repetir las, en apariencia, insalvables diferencias que las separan, en particular a PSOE y PP. Tres han sido los asuntos fundamentales que se han tratado a lo largo del debate: la reforma del Senado, las modificaciones estatutarias y el sistema de financiación. Tres cuestiones ineludibles tras más de dos décadas de funcionamiento autonómico pero que el clima de desencuentro impide siquiera abordar dentro de un debate sereno, ponderado y propositivo. Si algo ha quedado claro en esta cumbre autonómica es que el PP, en su política de acoso y derribo de todo lo que no controle y de buscar rentabilidad electoral, está dispuesto a llegar a bloquear cualquier cambio.
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, no ha tenido más remedio que echar el freno y reconocer la imposibilidad de abordar la reforma del Senado -una cámara ineficaz desde su nacimiento y que necesita cambios de arriba abajo- ante la actitud de los populares. La formación liderada por Mariano Rajoy ve así que su capacidad de veto refuerza sus posiciones inmovilistas y pone en serios aprietos al Ejecutivo socialista. Un tanto que Zapatero debe tener en cuenta, sobre todo de cara al futuro que se le avecina. Tampoco en las cuestiones de financiación y de reformas estatutarias ha habido novedades. Como era de prever, el debate ha girado en torno al Estatut y sólo ha sorprendido, en cierta medida, la actitud más condescendiente de Pasqual Maragall.
El fracaso del debate sobre el estado de las comunidades -a la última sesión sólo acudieron tres presidentes autonómicos- refuerza también la posición del lehendakari Ibarretxe , que se negó a asistir por el portazo que las Cortes dieron al nuevo Estatuto vasco. Una decisión discutible, pues nada se gana no acudiendo a donde a uno le invitan a debatir, pero coherente por lo que significa de gesto político y por lo ineficaz del foro. El diagnóstico, por tanto, es amargamente claro. El estado de las autonomías es, como poco, de pronóstico reservado.