Elkarbide
Iritzia
El Diario Vasco
Asistimos a los momentos culminantes del proceso encaminado a un nuevo autogobierno de Cataluña, expresado en un Estatuto de Autonomía y basado en la libre decisión del pueblo catalán. Proceso que incontestablemente es políticamente democrático, formalmente irreprochable y popularmente participativo. La aplastante mayoría expresada en el Parlamento de la Generalitat, revalida y legitima la validez de todo el decurso proseguido. Desde este presupuesto debe entenderse la afirmación del presidente del Gobierno español, de respetar la voluntad del Parlamento catalán; propósito que habrá de confirmar con el postrero paso por las Cortes generales del Reino.
Y, sin embargo, la empresa se presenta particularmente difícil ante un clima alterado por demonios atávicos, revuelto por esencialismos de la derecha -de la no tan derecha- de siempre. Puede decirse que ha llegado la hora de la responsabilidad para los cuatro partidos políticos catalanes proautogobierno, manteniendo incólume su unidad y su sentido de la historia, movilizando a ese 90% del pueblo que apoya a las instituciones representativas en la presente coyuntura; no mostrando la más mínima fisura al potente conglomerado anticatalán. Ellos conforman la base del nuevo proyecto.
Pero es preciso aludir a quienes se prestan desde el plano político a maniobras de todo género, comenzando este nivel por el Partido Popular. Hacemos un llamamiento a la reflexión a este partido: es posible que con la «bagarre» actual ganen votos, pero indudablemente las consecuencias de tierra quemada, de conflictos territoriales, de delirantes presunciones manifestadas en contra de este proyecto, dificultarán en gran medida la normal gobernabilidad, de producirse un turno de partidos en el poder central. Quien siembra vientos recoge demasiados resquemores en un futuro inmediato, susceptibles de paralizar la alternancia pretendida con la normalidad circundante, al menos en Europa. En todo caso le invitamos a salir de su aislacionismo, de su postura política contra todos y contra todo, a abrirse así al ancho y venturoso mundo. Y, en todo caso, ¿quién gana con la balcanización de los espíritus?
Pero existe además un magma nada difuso configurado en una auténtica marea distorsionante compuesta de ataques, vituperios e insultos, dirigidos frontalmente contra el pueblo catalán y la misma Cataluña; realizada con singular saña en los medios de la derecha centralista, con especialísima mención a la cadena de la Conferencia episcopal española. La zafiedad de las invectivas los descalifica por sí mismos y sólo se pueden entender desde el más abismal complejo de inferioridad hacia la briosa realidad de la Cataluña moderna.
Del mismo modo que se ha generalizado la facultad de declarar inconstitucional a todo aquello que no sea de nuestro estricto gusto. En vez de hacer una interpretación útil de la Constitución, se utiliza la ley de leyes como un arma arrojadiza a capricho y voluntad, obviando la institución a la que compete en exclusiva su interpretación. Nada nuevo bajo el sol; también en siglos precedentes la función inquisitorial desbordó a los siniestros inquisidores.
Creemos que ha llegado la hora del respeto a la voluntad de los pueblos, expresada ésta con claridad y con mayoría consistente, tal como manifestara el Tribunal Supremo de Canadá y en virtud del principio democrático. No sería de recibo un nuevo portazo frontal, como en el supuesto del texto autonómico vasco. Tampoco un regateo a la baja, como si se tratara de un zoco de compraventa. Puesto que los catalanes pretenden, con su legitimidad y legalidad, «vivir de otra manera» en el interior del Reino de España, permítaseles hacerlo con generosidad y flexibilidad. En otro supuesto derivado de un rechazo o limitación abusiva, quedaría abierta la probabilidad de romper pactos y puentes y avanzar por otras avenidas más amplias y determinantes.
En todo caso, contemplando la viva sociedad catalana y el alto grado de cohesión que demuestra; su pujanza económica, su europeo nivel cultural, su seny que le permite planteamientos unitaristas y consensuadores a nivel partidista ¿Qué otra nación de tal entidad existe en la piel de toro que pueda compararse a Cataluña? Es por estas razones que nos limitamos a esbozar, como nosotros, profesores de las universidades vascas, mostramos nuestro más firme apoyo y solidaridad al derecho de decidir del pueblo catalán y a su actual proyecto de Estatuto de autogobierno.