Desgraciadamente algunos no tuvimos la fortuna de poder presenciar en directo la sesión completa debido a que teníamos que cumplir con nuestras obligaciones en el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz o, lo que es lo mismo, soportar la habitual, maratoniana y surrealista comisión de Urbanismo. Sinceramente, habría sido mucho más gratificante escuchar los brillantes discursos de mis amigos y compañeros Claudio Rodríguez y Alvaro Iturritxa que soportar al concejal de Urbanismo más nefasto que ha tenido nuestra ciudad a lo largo de su historia. Por tanto, tuve que conformarme con seguir este debate de manera discontinua, pero profunda a través de los medios de comunicación. Ello no me ha impedido extraer una serie de conclusiones que paso a desarrollar.
En primer lugar, quisiera hablar de sentimientos, de dos sensaciones antagónicas: orgullo e indignación. Orgullo al ver cómo tanto Álvaro Iturritxa como Claudio Rodríguez desarrollaban sus intervenciones con lucidez, contundencia y brillantez, transmitiendo elevadas dosis de frescura, ilusión y esperanza. Indignación por tener que oír cómo todo un diputado general tildaba de doblemente fracasado el intento de cambio de gobierno planteado.
Querido Ramón, conociéndote, creo que no pudiste decir eso sin ponerte colorado. Si alguien ha fracasado doblemente en toda esa historia, ése eres tú. Primero porque perdiste estrepitosamente las elecciones de 2003 y segundo porque, te guste o no, el pasado martes volviste a perder ya que veintidós junteros y junteras contra diecisiete votaron a favor de la moción de censura. Pero no te preocupes, que seguirás veinte meses más como diputado general gracias precisamente a quienes quieren despellejarte. Por lo visto, te han renovado el contrato hasta junio de 2007.
Pero dejemos ya los sentimientos y pasemos a analizar las imágenes reales y perfectamente visibles que nos ha deparado esta doble sesión en las Juntas Generales de Álava. En este sentido, deduzco que una nueva tarea ocupa con especial entusiasmo a parte de la clase política de nuestro territorio: hacer de palmero. Se trata del político o asimilado que, sin otra cosa mejor que hacer, acude a un parlamento a aplaudir a quien acaba de ser censurado por una mayoría de la cámara.
Dentro de los que practican esta nueva actividad podemos identificar tres tipologías diferentes. A saber, el “palmero oficial” o, lo que es lo mismo, el dirigente político del mismo partido al que no le queda más remedio que aplaudir a su compañero. En ese distinguido grupo destacaba el otro día el señor Alfonso Alonso. Mientras los demás creábamos un foro de debate en el Ayuntamiento para impulsar el nuevo Palacio de Congresos y de la Música, él prefería romperse las manos aplaudiendo al señor Rabanera. Claro, era mucho más importante ejercer de palmero que estar donde tiene que estar.
Luego está el “palmero pelotilla”, aquel que no siendo muy conocido o significado políticamente, pulula por estos eventos dejándose ver -discretamente eso sí- ya que tiene algún interés personal que mantener. El problema es que esto de la discreción cada vez es más difícil ya que siempre queda alguna prueba gráfica que descubre al “tapadillo”.
Y, por fin, identificamos al “palmero acomplejado”. Esta tipología de palmero es ciertamente curiosa. Se trata de aquéllos que no aplauden físicamente, que incluso ponen mala cara, pero que con sus actos son los que con más efectividad agasajan en este caso al diputado general. Al final se constituyen en agentes activos para que las cosas no cambien. En este grupo se encuentra, evidentemente, el PSOE. Prueba de ello es el efusivo “gracias” que le dirigió Ramón Rabanera al portavoz socialista mientras los palmeros arreciaban en su labor.
Desgraciadamente, el Partido Socialista ha antepuesto sus intereses políticos a los generales ya que, lejos de romper definitivamente con las ataduras que le unen al PP, vuelve a sentir pánico electoral, se bloquea y decide que nada se mueva hasta 2007. Pero no ya sólo en lo que se refiere a los gobiernos de Álava y Gasteiz, sino que traslada este mismo esquema a la integración de las tres cajas de ahorro vascas. Los socialistas, asustados y acogotados por la estrategia del PP, concluyen que lo mejor es paralizar el proceso ya que han sacado la calculadora de votos y no les salen los números. Impresionante.
En resumidas cuentas, desgraciadamente nada va a cambiar en Álava ni en Vitoria-Gasteiz. Tendremos que seguir soportando estos gobiernos minoritarios del Partido Popular, inoperantes y autoritarios. Y lo que es peor, este miedo al cambio político nos condena a concluir en una legislatura basura. En cualquier caso la ciudadanía es sabia y sabrá colocar a cada uno en su sitio cuando corresponda.