Iritzia
16Urria
2005
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La cuestión territorial

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Urria 16 | 2005 |
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El término Euskal Herria ya se utilizaba en el siglo XVI para referirse al país donde se habla el euskera. Es neutro y describe una realidad histórica y cultural. También es utilizado por la Enciclopedia Espasa y la Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana.

Sin embargo, por una parte, el mismo término de Euskal Herria o Vasconia no suele ser aceptado pacíficamente por la mayoría política, y no se sabe si también social, de Navarra. Aunque no es un problema de terminologías y sea poco riguroso (por redundante respecto a la historia), para facilitar encuentros no rechazaríamos utilizar ocasionalmente también el término de "País Vasco-Navarro". Ya se utilizó por acuerdo entre tradicionalistas y nacionalistas en aquel proyecto que no llegó a buen puerto del "Estatuto Vasco-Navarro"de 1932. Aún es empleado por algunos colegios profesionales y confederaciones (Cajas de Ahorro…) aunque de modo circunscrito a la Vasconia peninsular.
Por otra parte, el vocablo Euskadi lo ideó Sabino Arana, como patria de los vascos, pensando en toda Euskal Herria. No obstante, el tiempo ha situado el sentido de los términos en planos distintos, incluso jurídicamente. Parece oportuno reservar el término de "Euskal Herria" para la entidad histórica y espacio cultural, comunicativo y relacional que configuran todos los territorios vascones; y el término de "Euskadi" para la Comunidad Autónoma que así se define en su propio Estatuto.


Naturaleza de Euskal Herria y sus planos


Se ha solido partir del axioma de que Euskal Herria es una nación por razones históricas. (Sin embargo, políticamente eso es discutible, dado el limitado y alejado tiempo en el que estuvieron de hecho las tierras vascas bajo un mismo reino, y no hay memoria de unidad política que soporte la distancia de ocho siglos ni un agravio invasor que soporte cinco). También se ha dicho que por la lengua. (Pero ello es un hecho cultural, no político, y no es mayoritaria en la mayoría de los territorios).
Asimismo se ha dicho que es una nación por la presencia de partidos nacionalistas. (No obstante, esa presencia es mayoritaria en Euskadi pero minoritaria en Iparralde -10%-, Navarra -20%- y Euskal Herria -40%-). Y, finalmente, se ha dicho que, por definición, Euskal Herria sería objetivamente la nación de los vascos. (Pero eso no parece convincente para los no convencidos, ni repetirlo hará ganar adeptos. Al contrario, generará rechazo como ya ocurriera con el "Nafarroa Euskadi da" de antaño).
Hay que abordarlo de otra manera. Posiblemente haya que diferenciar tres planos, no irreversiblemente encadenados: el comunitario-cultural, el societario y el político.
a) Más allá de las estructuras políticas o administrativas, Euskal Herria es la comunidad de los vascos (o vasco-navarros). Una comunidad se define por las formas de vida y la identidad cultural (heterogénea y cambiante pero identificable). Es también un sujeto histórico y de derechos (culturales y relacionales). Y ello por anclajes tanto en la historia identitaria y comunitaria en gran parte compartida (ancestros, cultura, idioma, relaciones, conflictos, un reino común de dos siglos, guerras carlistas, proyectos estatutarios…) como en las relaciones sociales vigentes (culturales, idiomáticas, económicas, inmigración interna, instituciones sociales, sindicales o partidarias compartidas, ideologías, contactos regulares, sistema mediático parcialmente transversal, simbología, deporte, folclore…).
b) Sin embargo, la estructuración institucional y económica diferenciada de siglos, los modos de vida, la visión autocentrada… de Iparralde, Navarra y Euskadi como espacios organizados, han generado sociedades que se perciben a sí mismas como diferenciadas entre sí. Se entiende aquí por sociedad un modo organizado de la vida social e institucional, aunque haya un halo comunitario, cultural y relacional superior.
c) Hoy, políticamente, en dos de los tres espacios políticos, las mayorías no se ven a sí mismas como una nación, o sea como una entidad política con un proyecto común nacional con los otros territorios. Y todo ello como resultado de lo antes descrito y de las apuestas diferenciadoras de sus élites dominantes (y visto el continuado voto popular, con cierto éxito).
Hoy se tratan de tres realidades políticas, sociales y económicas diferenciadas con proyectos políticos no comunes que hacen que Euskal Herria se estructure desde tres espacios sociales y políticos -con su vida propia en problemáticas, sensibilidades y mayorías políticas- y organizadas desde tres ámbitos jurídico-políticos independientes entre si (en el caso de Iparralde sin personalidad jurídica propia, y en otro Estado).


Voluntad ciudadana


Ciertamente el concepto de nación no depende exactamente de que se disponga de Estado (hay naciones sin Estado aunque no sea lo frecuente) pero sí de que haya una voluntad nacional suficiente como condición imprescindible. Y ésta no existe en dos de los tres marcos políticos de Euskal Herria, salvo en minorías. Se tendrá que trabajar muchos años para convencer a los compatriotas hasta ese umbral mínimo en que el proceso sea asumido. Ello hace difícil decir que Euskal Herria sea hoy una nación, cuando lo que parece ser es una comunidad pre-política, o si se quiere un sujeto político potencial (en sentido aristotélico). Puede ser, algunos lucharemos porque sea pero hoy, aún, no lo es.
Incluir a Navarra e Iparralde simbólicamente a la fuerza en la nación política, por voluntad de la percepción de una mayoría de ciudadanos de la CAV, es tan poco razonable como lo que hace España al incluir, nos guste o no, a los vascos no solo en su Estado -sin permitirnos preguntarnos por ello- sino también en su nación (como "españoles nacionales").
En suma, por razones de realidad y de facilitación de proyecto, hay que entender aquí Euskal Herria como una entidad histórica-cultural con diferencias de naturaleza y de desarrollo territoriales y que se trataría de un espacio cultural e idiomático, identitario, relacional y comunicativo.


Ámbitos culturales y ámbitos políticos


El "Nosotros" cultural es promesa de "nación cultural", pero carece aún de los mimbres de un proyecto nacional con base social y política suficientemente compartida en toda Euskal Herria. En la segunda mitad de los 70 se tuvo la oportunidad respecto a Navarra pero realidades sociales, errores propios, oportunismos ajenos y violencia disgregadora hicieron el trabajo de una creciente separación respecto a las ilusiones que, al compartir luchas y diseños en Hegoalde, legítimamente pudimos hacernos muchos desde finales de los 60.
Hoy estamos en un estadio intermedio. El salto de la "nación cultural" a la "nación política", y no sin problemas, sólo se ha dado en la CAE, en Euskadi, que además tiene que arrancar configurando la Nación vasca desde ahora, pero sabiendo dos cosas: que debe hacer depender, por razones democráticas y de viabilidad, de su ciudadanía y de la de los otros marcos una configuración más amplia; y que transcurrirán muchos años de geometría variable (unos queriendo crear la nación vasca conjuntamente; otros concibiendo la relación solo como de intereses a compartir; y otros más allá negándose a todo). No hay atajos en un marco de legitimidades democráticas. No hay nación sin voluntad ciudadana ni instituciones representativas que lo quieran.
Para lo que no hay excusas es que todos los territorios tienen todas las condiciones y sinergias para cooperar, en condiciones de igualdad y mutuo respeto, en todos los planos culturales, sociales y económicos (en buena parte ya ocurre) y también en los políticos (mucho más atrasados y frustrantes). Pero, para ello, hay que estimular las relaciones y desactivar con inteligencia los discursos agresivos de algunas élites.


Una trinidad sin misterio


El potencial derecho de autodeterminación global de toda Euskal Herria, o de todo el Pueblo Vasco, está subordinado así al derecho previo de decisión o de autodeterminación de cada una de las sociedades de navarros, vascongados y vascos continentales. Dicho de otro modo, hoy está subordinado y atado a tres derechos de decisión distintos en cada comunidad.
Por los avatares de una historia de desarrollos diferenciales, aquel derecho potencial global se expresa hoy (ha de expresarse) en tres procesos decisionales distintos y probablemente sobre problemáticas distintas en Euskadi (desde el soberanismo un nuevo marco de relaciones con el Estado español y una propuesta de relaciones con los otros territorios), en Navarra (las relaciones con la Comunidad de Euskadi o/y el Amejoramiento) e Iparralde (el Departamento propio).
Pero los ingredientes de cualquier proceso son: la paz; la ampliación y estrechamiento de relaciones idiomáticas, culturales, institucionales, deportivas, empresariales, asociativas, universitarias; los proyectos comunes entre entes e instituciones públicos y privados; la gestión razonable de las diferencias; saber que es a largo plazo… Incluso situaciones de "eurorregión" pueden servir en este sentido.
Es suma, hoy el gran paso que toca en la dirección adecuada, es generar conciencia de "nación cultural". La "nación política" -siempre de corte confederal interno y revisable- vendrá con el tiempo, el trabajo integrador y con las mayorías democráticas.

 

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