Unai Grajales
14Urria
2005
14 |
Iritzia

Somos quienes somos

Unai Grajales
Urria 14 | 2005 |
Iritzia

No me gusta entrar en polémicas “nominalistas” porque en general no son productivas. Pero, como militante de EAJ-PNV, quiero aportar unas breves reflexiones en torno a la cuestión que últimamente ocupa y preocupa a nuestras gentes. ¿Han cambiado los principios ideológicos y los objetivos de nuestro Partido? Creo que es obligatorio para cualquiera de nosotros no callar cuando vemos cómo se vuelve, incluso, a reescribir nuestra propia Historia. Ya está bien. Porque si un movimiento como el nuestro es capaz de durar 110 años es por varias razones.

La primera, y más obvia, porque aún no ha alcanzado la meta para la que nació. Tras más de un siglo de andadura seguimos propugnando la validez y vigencia de un proyecto que comenzó de forma organizada como instrumento al servicio de la libertad de Euskadi en aquel lejano año de 1895. Un proyecto que no aguanta por nostalgia de “cuatro gatos”, sino porque es refrendado por una importante mayoría de la ciudadanía.

Por otra parte, en sus 110 años de Historia, el PNV ha experimentado profundas crisis internas y violentas persecuciones externas. No han sido, sin embargo, la represión, la cárcel, el exilio o el silencio impuesto las que han hecho peligrar nuestra andadura. Son las crisis internas -las que atañen al pensamiento en su necesaria claridad y en su no menos necesaria vitalidad para adaptarse al cambio de los tiempos sin perder su identidad- las que en más de una ocasión han hecho zozobrar la singladura de nuestra nave.

El PNV ha sabido históricamente solucionar sus crisis internas, ideológicas o no, con un saldo positivo y tal vez por la sencilla razón de que sus principios fundamentales están hondamente arraigados en el ser vasco y porque, salvando los cambios que se han dado al unísono en la sociedad y el propio partido en el último siglo, éstos no se han visto modificados en lo fundamental.

Desde el “juramento de Larrazabal” hasta la ponencia política de 2004, la brújula del nacionalismo en Euskadi se ha dirigido al mismo norte. Hacia la “soberanía plena” como afirmaba el EBB en 1931, o como decía en 1949 hacia “el derecho del Pueblo Vasco a expresar libremente su voluntad y a que su decisión sea considerada como la única fuente jurídica de su estatus político”.

Decía Koldo Mitxelena que “dentro de un pueblo y sus características no hay nada inmutable; todo cambia. La única cosa esencial es la continuidad”. Esa misma afirmación puede aplicarse a la larga andadura de EAJ-PNV. La capacidad de adaptarse a su pueblo así como a los tiempos, y la firmeza en la defensa de principios claros le han hecho durar. Luchar del lado de las libertades en 1936, no caer en la tentación de los totalitarismos que asolaron el siglo XX, participar como socios de primera hora en la democracia cristiana internacional o en el movimiento europeísta, o la propia apuesta estatutaria que ha dotado de columna a nuestro país en esta última etapa histórica, han sido aciertos clave que han garantizado nuestra pervivencia. Pero sobre todo no haber renunciado nunca a aquello por lo que nacimos: el reconocimiento de la existencia de la Nación Vasca y la incansable lucha por su soberanía. En definitiva, por haber defendido el derecho del Pueblo Vasco a decidir su futuro y a diseñar su propio status jurídico-político en pie de igualdad con el resto de naciones.

Ejemplo de esta andadura histórica, no he podido evitar recordarlo, fue nuestro querido Jesús Insausti “Uzturre”. Yo me afilié a EAJ-PNV el año de su fallecimiento. Uzturre fue para nosotros y nosotras ejemplo de nacionalista comprometido pero también mucho más. Lejos del concepto trasnochado que todavía hoy se nos quiere “endosar”, nos enseñó que la construcción nacional y social de Euskadi eran caras de una misma moneda. Que el nacionalismo vasco debía ser abierto y solidario, internacional y humanista. Comprometido con la justicia y la paz en todo el mundo, allí donde hubiese conflictos e injusticias, nos enseñó que la solidaridad y la justicia social son valores tan arraigados en el nacionalismo como la propia conciencia nacional.

Por eso hoy, al oír esos cantos de sirena que vienen, sobre todo del mundo socialista, para que aceptemos SUS reglas de juego y renunciemos a lo que durante 110 años hemos sido, no he podido evitar acordarme de Jesús y pensar, como pensaba él, que no vamos a cambiar:

“Se equivocan rotundamente los que bajo el señuelo de la renovación tratan de cambiar el color de este partido. Se equivocan a fondo los que desearían vernos en una especie de reserva ideológica y política controlada.

Nosotros somos quienes somos y decimos lo que tenemos que decir. Por eso cuando reclamamos nuestros derechos a ejercer nuestra soberanía, o cuando exigimos la reconstitución de nuestra unidad territorial, o cuando decimos que el euskera es el idioma nacional de los vascos, simplemente demostramos ser fieles, y leales, a la trayectoria de siempre de nuestro Partido. Y no vamos a cambiar. Y se engañará quien pretenda ver en nosotros un ápice de duda”.

Hoy más que nunca hago mías las palabras de Uzturre. Nosotros somos quienes somos. Seguiremos reclamando nuestros derechos a ejercer nuestra soberanía, exigiendo la reconstitución de nuestra unidad territorial y defendiendo que el euskera es el idioma nacional de los vascos. Seguiremos siendo fieles y leales a la trayectoria de siempre de nuestro Partido. Y no vamos a cambiar.

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