Editorial
Iritzia
Diario de Noticias de Álava
Ni siquiera en los tiempos del Plan Ibarretxe se mostró el PP tan activo para trasladar a la opinión pública su defensa de la España única, la España una e indivisible, la España de siempre entendida como la derecha la entiende, con sus sanas diferencias regionales.
Ayer entró en el Congreso el texto del Estatut en un acto sencillo, sin más ruido que el de los hoolligans de la madre patria que desde fuera del edificio abucheaban al presidente del Parlament, Ernest Benach , encargado de presentarlo en el registro. Mucho antes de que este trámite fuera llevado a cabo, especialmente desde el día de su aprobación por un 90% de los parlamentarios catalanes, el PP y sus medios afines han desplegado una furibunda campaña en la que han mezclado insidias, mentiras y prejuicios con la más solemne fraseología en defensa de las esencias patrias. El PP, a sabiendas de que ha mordido bocado en un tema tan sensible para amplios sectores sociales, no ha tenido reparo en presagiar catástrofes llegando incluso a crear artificialmente un ambiente guerracivilista que abruma y atemoriza a algunas gentes. Aunque no haya motivo. Aunque a veces se note demasiado que están sobreactuando. No importa. Lo que interesa es trasladar a la sociedad de la manera más enérgica, más crispada posible, que el Estatut rompe la convivencia, suprime la solidaridad, enfrenta a los españoles y acaba con aquel consenso que trajo la bendición de la Constitución que, precisamente, ellos no votaron.
Por supuesto, de todos estos cataclismos el culpable es el presidente Zapatero , "que nos ha metido en este lío". No da puntada sin hilo el equipo de Rajoy , Zaplana y Acebes , quienes al mismo tiempo que meten a Cataluña en vereda y la ponen en su sitio, desgastan implacablemente a un Zapatero que, además, tiene la desgracia de no ser entendido por notables de su propio partido.
Pocas veces hemos asistido a una campaña tan burda, tan mentirosa y tan histérica como la que estamos viviendo a cuenta del Estatut. Quizá sea una suerte que la derecha la comenzase tan fuerte y con tantas prisas, porque los ciudadanos ya comienzan a estar hartos de tanto apocalipsis.