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2005
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Solos pero resueltos

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Iraila 22 | 2005 |
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Ha sido un verano laborioso el de este año para los líderes del EAJ-PNV, que no han podido limitarse, como cualquier hijo de vecino, a yacer, mentalmente varados, en un rincón de la playa. Analizar, reflexionar, poner las ideas en orden han ocupado, sin duda, una buena parte de su tiempo libre. La coincidencia de un aniversario, simbólico para el partido y de la sacudida que produjo la aprobación parlamentaria del Plan Ibarretxe, ratificada, con una tendencia a ir más allá, en las últimas elecciones, no habrá sido ajena a la trasformación de unas semanas de merecido relax, en vigilia cogitante.

Hace 110 años, Sabino Arana Goiri proclamaba que "Euzkadi es la única Patria de los vascos", advertía que la multi-secular Nación Vasca -esa trinidad de pueblo, idioma y cultura- se encontraba en trance de desaparición, creaba el Partido Nacionalista Vasco e iniciaba la batalla en la que hoy seguimos comprometidos. Batalla política sin duda, pero sobre todo -y así lo vio Arana Goiri- batalla cultural con el protagonismo absoluto del euskara, considerado como elemento clave definitorio de la Nación Vasca. Planteamientos válidos todavía hoy que, unidos a las particularidades políticas del momento, han generado, en unas fechas entrañables, todo un flujo de reflexiones. Llegándose en ocasiones en torno al concepto de soberanía a conclusiones un tanto sorprendentes pero siempre enriquecedoras. Constituyen un testimonio y una referencia importantes, que animaran sin duda la vida interior del partido en este cuatrimestre final del año.


Y ya en setiembre, paso obligado del mundo de la tranquilidad al de la acción. Un aterrizaje tantas veces penoso, sereno en todo caso, para el lehendakari Ibarretxe que vuelve a ocupar con aplomo, el centro del escenario político vasco. La constitución de nuestro nuevo Parlamento, la tortuosa elección de su presidente, las negociaciones para la formación del nuevo Gobierno y la propia reelección de Ibarretxe, resultado de un fugaz apretar de filas abertzale, todo ello ha supuesto un período de interinidad que se ha prolongado quizá más de lo conveniente, propiciando en la ciudadanía no pocas incertidumbres que tardan en desaparecer.

 
Con el Gobierno gobernando y el Parlamento debatiendo y legislando, iniciamos sin duda la etapa final de ejecución del Plan Ibarretxe tal y como fue aprobado por la Cámara anterior.


Un Plan declarado una y otra vez difunto por los Zapatero, los Rajoy y como no por el Sr. López, al que las elecciones han dejado parco de contenido, convertido en un Lázaro sin esperanzas de resurrección.


El añadir, al proceso institucional establecido, una Mesa de Partidos convocada a instancias del lehendakari puede constituir una aportación positiva en la medida en que facilite el tan necesario diálogo, con el riesgo, sin embargo, de una repetición de las consecuencias esterilizantes de aquella desafortunada Mesa de Ajuria Enea. La participación de Batasuna es sin duda clave para que la nueva Mesa tenga alguna posibilidad de llegar a alguna parte. Con todo, incluso de no producirse ausencias significativas que resultarían debilitantes, las diferencias entre los eventuales partícipes son tales, que alcanzar acuerdos, no va a ser tarea fácil. Por un lado, se alinean los partidos aber-tzales, divididos por sus diferentes posicionamientos ante una violencia que nos sigue asolando de una forma o de otra -aunque no es lo mismo condenar sin reservas que limitarse a deplorar- pero unidos todos para que sean devueltos a la Nación Vasca aquellos derechos -incluido el de autodeterminación- que le fueron arrebatados a golpe de espada.

 
El resto de los partidos ni tan siquiera reconocen la existencia de la Nación Vasca, con lo cual no se ve por donde empieza un diálogo que resulte constructivo. Y es que niegan la realidad nacional vasca con insolente arbitrariedad, agarrados a una Constitución convertida en dogma inamovible y con la impunidad que produce el saberse amparados en última instancia por esa Guardia Civil que en ocasiones produce la desagradable impresión de estar convirtiéndose en un Estado dentro del Estado. No es fácil negociar con quienes manifiestamente prefieren imponer. Con todo, tenemos que negociar porque no nos queda otro remedio. En primer lugar, porque pese a todos los pesares es bueno hacerlo, dando a la ciudadanía pruebas de nuestra sinceridad, de nuestra honradez y de nuestra limpieza y finalmente, para ganar tiempo, porque el paso del tiempo juega a nuestro favor. En 1895, Arana Goiri dio la campanada que despertó a la Nación Vasca. Desde aquel entonces precario han cambiado muchas cosas, se podía decir que casi todas, y han cambiado las gentes, pero la Nación sigue ahí, en pie, increíblemente revigorizada, motivo de afecto y de orgullo para, cada vez, más ciudadanos. Y eso es patriotismo y es fuerza democrática, esas que en última instancia prevalecen sobre cualquier otra.


Es una Nación Vasca en pleno crecimiento y en evolución acelerada, la que debe liderar el PNV. Adaptándose día a día a lo que es cambio natural, anticipándose incluso a ese cambio pero aferrándose a lo que es inmutable. Basta con cotejar nuestra historia de los últimos treinta años, para verificar que el partido lo está haciendo y además con un éxito realmente notable.


Todos los que nos sentimos Nación Vasca desearíamos por supuesto llegar a acuerdos integradores con quienes todavía hoy en Euskadi no comparten nuestros sentimientos que, al final de todo, de sentimientos se trata. Definiendo y precisando lo que se entiende por integrar que consiste en saber quién integra a quién o quién es el integrador y quién el integrado. Como dijo De Gaulle, a ese juego se juega con dardos de hierro y el que pierde muere... No es ni más ni menos lo que arriesga la Nación Vasca. La España de nuevo cuño que emergió de las Cortes de Cádiz ha querido siempre absorber, liquidar, obliterar entre tantas otras, la identidad del pueblo vasco y ha fracasado. Uniformizar ha sido la gran palabra del Estado español -en sus dos siglos de Historia- y es de temer que bajo formas más sutiles, siga siéndolo.


Una vez que se ha dicho todo, en razón y en derecho, es el referéndum previsto en el Plan Ibarretxe el que debería permitir saber cuál es la voluntad, no de la Nación Vasca, o de la sociedad vasca como se ha puesto de moda decir cuando no se quiere llamar a las cosas por su nombre, sino la de la mayoría de la Nación, fuente irrecusable de toda legitimidad ulterior.


Una mayoría que es abertzale y que se encuentra sola porque no puede contar más que consigo misma. Es difícil negar la buena voluntad del Sr. Zapatero, pero sí dudar de su capacidad para controlar los caciques de su partido y para enfrentarse de forma convincente a ese PP, sinónimo hoy de odio africano.
Todo eso no es ninguna novedad para un PNV con 110 años por detrás. Con una apariencia u otra, es casi una constante. Solos pero resueltos. Así estamos luchando los vascos, desde la noche de los tiempos.

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