La aprobación del protocolo y su contenido fueron publicitados por la Universidad, si bien aquella información apenas obtuvo repercusión en los medios. Quizás la naturalidad de su difusión y el hecho de que el Consejo de Gobierno lo aprobara por unanimidad desanimaron a algunos interesados. La nota que envió la Universidad el 28 de octubre de 2004 aún puede consultarse en nuestra web. Noticias frescas, por tanto, las que suscitan ahora tanto escándalo.
Los efectos de la publicación en el Boletín Oficial de ese Protocolo (como necesario anexo a la Normativa de Gestión Académica) han sido tergiversados porque hoy por hoy dichos efectos no afectan a las personas reclusas en las instituciones penitenciarias españolas. Nunca ha ocultado este Rectorado sus intenciones al respecto, pero siempre ha demostrado su escrupuloso respeto a la legalidad. Por ello, titulares como "La UPV publica un protocolo para matricular a presos de ETA este curso"; "La UPV se adelanta al acuerdo que negociaba con la directora de Instituciones Penitenciarias"; "La UPV reabre sus puertas a los presos pese a la prohibición del Gobierno"; o, por ir más lejos, "La UPV desafía al Estado", no sólo son inexactos o imprecisos, sino que son mentira. Una total y completa mentira.
La autoría de esta nueva indignidad no es imputable a los medios vascos. Supongo que cualquier medio que recibe una amplia nota de agencia confía, por principio, en la veracidad de sus contenidos. Pero lo incomprensible es que nadie de la agencia emisora se pusiera en contacto con la Universidad para contrastar una información que, de ser cierta, habría revolucionado las condiciones de matriculación para este curso. Soy consciente de que la UPV/EHU se ha convertido hace tiempo en una pieza vulnerable de la parte más siniestra del tablero político de este país, un tablero donde juegan, además, intereses de la peor especie. Esto hace muchísimo daño a la institución y a su buen nombre, y nos obliga además a realizar un enorme gasto de energías en neutralizar polémicas absurdas e invenciones fantásticas.
En este deplorable asunto llueve, además, sobre mojado. A lo largo de este verano se han publicado informaciones carentes de fundamento, absurdas o, sin más, completamente falsas. Así lo he declarado públicamente, aunque soy consciente de que mis declaraciones, que nunca han sido refutadas mediante evidencias, no van a detener el nacimiento y difusión de este tipo de (des)informaciones. Resulta penoso comprobar, además, hasta qué punto se encuentra indefensa la Universidad ante estas agresiones.
Por todo lo anterior he dado instrucciones estrictas para que bajo ningún concepto los órganos centrales de la Universidad alimenten esta polémica cuajada de mentiras interesadas. Cuando ha habido novedades las hemos comunicado a los medios y cuando los órganos judiciales nos han pedido datos, los hemos proporcionado con la diligencia y rigor debidos. Así hemos procedido hasta el momento y así procederemos en lo sucesivo, y además no confundiremos ambas obligaciones. La última noticia, por cierto, que la UPV/EHU difundió sobre este tema fue precisamente la aprobación hace casi un año de este Protocolo. Y la inmediatamente anterior fue la divulgación exhaustiva y rigurosa de los resultados académicos de las personas reclusas durante los últimos años que cursaron estudios en la UPV/EHU, unos datos que demostraban fehacientemente cómo obtenían peores resultados que los demás alumnos y unos datos que, a mayor abundamiento, aún nadie ha rebatido.
Hay quienes difunden mentiras sin tomarse la molestia de contrastarlas, a la vez que silencian sistemáticamente todas las informaciones sobre este asunto que no favorecen sus opiniones. Es patético que los medios de comunicación que más tiempo y páginas invierten en denigrar a la UPV/EHU jamás recurran a la institución para contrastar informaciones ni, por supuesto, se permitan jamás una noticia positiva sobre la misma. Ahora bien, no esperen de esta institución, en tanto en cuanto yo sea responsable de ella, la más mínima colaboración en esa farsa. Y quiero subrayar que he afrontado el desagrado de redactar este artículo bajo la promesa, que formulo públicamente, de que ni yo ni nadie de mi equipo perderá jamás un solo segundo de su tiempo en desmentir, precisar, aclarar o corregir mentiras semejantes. Mientan a partir de ahora cuanto quieran, que la Universidad estará ocupada en tareas más importantes.