Iritzia
18Iraila
2005
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Universidad y formación permanente

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Iraila 18 | 2005 |
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Escribimos estas líneas desde la propia Universidad, queriendo aportar algo constructivo al panorama sociouniversitario en el convencimiento de que no podemos seguir anclados en esquemas ya periclitados que llevarían a un retraso a nuestro tejido social, sobre todo en estos momentos en que Europa y todo lo que esta representa en el ámbito universitario, va siendo ya una realidad. Creemos sinceramente que donde corresponda se han de tomar medidas urgentes para conducir la Universidad Vasca (conjunto de universidades que operan en Euskadi) hacia rumbos más acordes con el panorama internacional y más concretamente con la Unión Europea.
La Universidad históricamente ha sido un ente reservado sólo para las capas más pudientes de la sociedad. Afortunadamente este esquema hace crisis durante la segunda mitad del pasado siglo XX, de manera que hoy día la mayoría de los sectores de población tienen acceso a ella. No obstante, esa universidad mayoritariamente consideraba que su labor, en cuanto a docencia se refiere, acababa con la impartición del correspondiente título, licenciatura o ingeniería, para que de ahí en adelante el titulado se ocupase, si lo creía necesario, de su propia formación. Es cierto que una minoría de los egresados optaba y opta por acceder a estudios de postgrado, doctorado (generalmente los que desean dedicarse a actividades universitarias) o de master, pero sin que ello suponga una seria implicación de las autoridades políticas responsables de la vida universitaria en este ámbito de estudios del postgrado universitario.

Desgraciadamente Euskadi, que no ha conocido vida universitaria propiamente dicha hasta fechas muy recientes, por razones que aquí y ahora no exponemos, ha copiado el sistema universitario español con todo lo que él conlleva. Y en este sentido, si aquel sigue siendo, en gran manera, algo cerrado y bastante alejado, aunque cada vez menos, de los aires que campean por otros lares europeos, otro tanto se puede decir de nuestra situación. A este respecto, es necesario recordar que el Estado español es uno de los más atrasados en su adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) de entre los quince países miembros de la Unión Europea, anteriores a la última ampliación de la misma. Esto se debe a que los sucesivos gobiernos del PP y ahora del PSOE, han estructurado el sistema universitario teniendo en cuenta más sus propios intereses partidistas que los vientos que soplan por el norte de los Pirineos; lo cual obliga a las universidades vascas a ir a remolque de esa reforma legal, cuyo atraso supone ya que la fecha del año 2010 que tanto se menciona, no podrá ser la de una reforma íntegra sino solamente la de algunos aspectos a los que el Estado se ha comprometido ante la Unión Europea en anteriores Consejos de Ministros de Educación.

Precisamente, uno de los conceptos que más impulso necesita en la legislación universitaria, como se puso de manifiesto en la reunión de Bergen de mayo de este año, con vistas a evaluar la marcha de la educación europea ante el reto del 2010, es el de la necesidad de que la universidad se integre de lleno en una estrategia de formación a lo largo de la vida de las personas. Afortunadamente, hoy en día ya nadie pone en duda que con la culminación de una carrera universitaria se termine la necesidad de formación y, por el contrario, la Universidad comienza en Europa a integrarse en actividades de formación continua, además de mantener las de formación inicial establecidas. La formación a lo largo de toda la vida es una necesidad de toda sociedad que desee tener unos recursos humanos preparados y competitivos a todos los niveles, y esto es algo que a nivel de Formación Profesional ya se está haciendo entre nosotros de una manera estructurada. De hecho sabemos que Gobierno Vasco es internacionalmente reconocido en este campo por sus iniciativas y proyectos pioneros, nuestra sana envidia desde la universidad hacia estos proyectos es manifiesta. A mayor abundamiento, recordemos el hecho de que en Europa no se entiende el concepto de Formación Profesional como algo ajeno a la Universidad, ya que la orientación profesional de la formación universitaria es uno de los principales pilares de la misma, junto con la actividad investigadora.

En este sentido, hace ya varios años que instituciones, como la Comisión Europea, están planificando y reestructurando sus departamentos y secciones en el ámbito de la educación para impulsar que el mundo universitario en sus propios entornos sociales, sean Estados o, lo que llaman, Regiones, se implique de una manera más directa en el proceso de la formación continua de acuerdo con algunos de los objetivos fijados en el proceso de Bolonia. Fruto de esta línea de trabajo es la nueva generación de programas de la Comisión Europea, así, toda la Dirección General de Educación y Cultura de dicho ente se encuentra inmersa en una reforma estructural y se han rediseñado sus programas para que también la universidad participe de lleno en iniciativas de formación continua y aprendizaje permanente. Valga como ejemplo la intención de fomentar la participación universitaria en programas similares al actual Leonardo da Vinci, en el que curiosamente muy pocas universidades del Estado español han tomado parte y que está siendo una fuente de financiación a nivel de Formación Profesional muy importante. Otro ejemplo ilustrativo también relacionado con este programa europeo, es el de la posibilidad de permitir la movilidad de estudiantes y recién titulados no ya sólo entre universidades europeas (como con el programa Erasmus), sino también para la realización de prácticas en empresas tutorizadas desde el lugar de origen; actividad muy extendida en Formación Profesional y en la que las universidades vascas no han desarrollado demasiadas iniciativas por el momento.

Por otra parte, si la necesidad de crear cursos de postgrado e incluso masters universitarios es algo más que evidente en las áreas técnicas, debido a la rápida evolución de las mismas, no lo es menos en el resto de áreas, para poder responder también a las nuevas necesidades de la sociedad, más si tenemos en cuenta que el mercado laboral potencial va dejando de ser nuestro entorno más próximo, para ir abarcando el conjunto de la Unión Europea e incluso más allá, habida cuenta de que en la construcción del EEES se han comprometido ya un total de 41 países. En este sentido, la experiencia europea ha sido tan positiva que se está primando la promoción de este tipo de programas.

Es por todo ello el que muchas universidades y gobiernos (del nivel que sean) disponen ya de iniciativas para impulsar la formación continua y el aprendizaje permanente a nivel universitario. Así, sería deseable el que en Euskadi el tema del aprendizaje permanente no sea algo orientado desde nuestro Gobierno únicamente al ámbito de la Formación Profesional y que la sección de universidad del mismo desarrolle y fomente actividades al respecto, más cuando este objetivo camina totalmente en la línea del proceso de Bolonia. Por otro lado, de cara al establecimiento de alianzas y políticas de cooperación con otras regiones de Europa, la materialidad de la colaboración transnacional en el aprendizaje permanente tiene características y naturaleza muy distinta en la Formación Profesional y en la universitaria. De ahí la necesidad de deslindar en cierta forma estos dos campos dentro de una estrategia común.

En esta línea, sería deseable a la mayor brevedad el que desde el Gobierno Vasco se promovieran iniciativas en este sentido, fomentando, por ejemplo, el diseño de masters oficiales (no olvidemos que la oficialidad de los postgrados la determinan las Comunidades Autónomas, según el Real Decreto de Postgrado de enero de 2005). Así, la autoridad política tendría la posibilidad de orientar las universidades hacia las direcciones que consideren más interesantes para el País, según áreas prioritarias de cara al fomento del empleo o al interés socio-cultural correspondiente y de desarrollar políticas propias que permitieran ponernos a la vanguardia, en un espacio tan fundamental, e incluso vital, para nuestro futuro como es el de formación y educación.

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