Iritzia
08Abuztua
2005
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Objetivo, la paz

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Abuztua 08 | 2005 |
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El Diario Vasco


Dos cuestiones aparecen como prioritarias en el turbulento laberinto vasco: conseguir una gobernabilidad estable, desde el prisma de la confianza del Parlamento, y en segundo lugar, alcanzar, transcurrido un lapsus temporal de muchos decenios, una solución valida al conflicto de este país y en especial en su exponente de violencia. Sería fácil aludir a lo urgente y a lo importante como frontera delimitadora de estos dos proyectos, situando la relevancia y trascendencia en el aspecto dirimidor del conflicto; pero no puede ignorarse que el gobierno, según el color que posea, cuestionará o facilitará en gran medida el pacto finalizador de la lucha armada y del enfrentamiento civil.

Avanzando en el ámbito de la participación en estos proyectos, Euskadi tiene ya una larga tradición de tener tres patas en la mesa representativa. A lo largo de la II República esos tres bloques se manifestaron a la luz pública: el PNV como representante del nacionalismo; las izquierdas republicanas, con especial importancia del PSOE; y las diferentes derechas monárquicas y tradicionalistas. Cuando uno y otro de los bloques establecieron alianzas (PNV y la derecha durante las Cortes Constituyentes; PNV y las izquierdas tras las elecciones del Frente Popular), consiguieron los objetivos propuestos (victoria electoral y Estatuto de Autonomía) en las dos ocasiones mencionadas.


La transición política alumbró un nuevo sostén de la mesa, con la emergencia de la izquierda abertzale, elemento prácticamente desconocido con anterioridad al franquismo, puesto que el partido laico ANV no dejó de ser en este periodo un partido testimonial. Sin embargo, las elecciones del Parlamento Vasco de 1998, y de forma especial las de mayo de 2001, recomponen un frente antinacionalista conformado por los partidos mayoritarios PP y PSOE-PSE, de la mano de Mayor Oreja y Redondo Terreros. Se daba de tal manera absoluta primacía a la cuestión nacional - la España indivisible-, para lo que PP y PSE se pronunciaron al unísono por una común formula de gobierno, enfrentada a la alterna-tiva de un tripartito compuesto por PNV-EA e Izquierda Unida; quedaba el mundo de la izquierda abertzale a la expectativa.


El escenario de la gobernabilidad se hizo particularmente complicado, llegándose al extremo en las últimas elecciones legislativas que se plasmó en un empate infinito entre los componentes del tripartito y los "constitucionalistas", en el momento de la designación de la presidencia del parlamento, con una tercera alternativa compuesta por el nuevo partido EHAK, heredero de la órbita de la izquierda abertzale.


Empate que requiere una breve explicación introductoria en los arcanos de la autonomía vasca. Puesto que el presumible tripartito al que se añade igualmente de forma presumible Aralar suman 33 escaños, con un 46,30% del porcentaje de votos. Los "constitucionalistas" con sus iguales 33 representantes, poseen un porcentaje de sólo un 40,40% de los sufragios. Finalmente, se encuentra el partido abertzale, con 9 parlamentarios y un 12% del porcentaje de votantes. Primer dato a reseñar ¿Cómo puede ser que con una diferencia de un 6% y casi 80.000 votos, la representación sea la misma? Contestación: por el sistema paritario de representantes (25 por cada territorio histórico), equiparación que prima el territorio de menor población (Álava) y deteriora el de mayor (Bizkaia). El hecho incuestionable es la hiperrepresentacion de los dos partidos "constitucionalistas" que permite la aludida equiparación sobre la base alavesa.


El escenario de la gobernabilidad se hace así complejo, cuando no imposible. Como en la época republicana, únicamente una alianza táctica entre dos de esas patas básicas, permitirían restablecer un ponderado equilibrio y acceder a un gobierno en mínimas condiciones. Al fin y al cabo, este imperativo de transversalidad se tradujo en el Gobierno Vasco a través de diversas formas y siempre a partir de 1984, con los ejes del PNV y PSE. En concordancia con el remarcable Gobierno Vasco de 1936 que supuso una firme alianza de casi todas las fuerzas republicanas.


Hemos mencionado la coalición PNV-PSE, cuya posible reedición en la actualidad entra en el reino de la más absoluta incertidumbre. Nicolás Redondo quemó las naves de su anterior participación en un gobierno de coalición, se lanzó a una campaña de virulento antinacionalismo, e incluso dudoso vasquismo, que se saldó con un fracaso. Pero en las recientes elecciones de abril del presente año, el punto programático esencial del partido de Patxi López se fundamentó en la alternancia en el poder y el consiguiente paso del nacionalismo desde el poder a la oposición. De forma encubierta, se mantenía el bloque constitucionalista, solo que invertida la cúpula para dar prevalencia al Partido Socialista frente al Partido Popular.


Si la coherencia rara vez es un valor en la política partidista, la incoherencia total y absoluta resulta difícil de asumir. Girar 180 grados y llegar el Partido Socialista a un acuerdo con el tripartito, entra en lo posible pero las contradicciones subsiguientes serían anchas e inmensas. Por mas que tampoco el tripartito ha mostrado una particular afición a reeditar pactos de antaño, en esta misma dirección.


Sin embargo, resta lo importante y transcendente por encima de coyunturas administrativas: la consecución de una convivencia normalizada en un marco de paz. Es en este espacio donde deben jugar las instituciones, los partidos y sindicatos, la sociedad entera, en la dirección unitaria de alcanzar el gran objetivo. Hacerlo además en el medio plazo, con la suficiente holgura de no inmiscuirse en un nuevo proceso electoral.


Avance coaligado que requiere desbrozar el camino y entrar en un ámbito de distensión y concordia. Superar clichés de buenos y malos, de personajes políticos nefastos -siempre que no coincidan con los nuestros-, de fácil vituperio digno de aplauso y de recompensas si placen a los de siempre. Acabar, por lo tanto, y se señala como un mero síntoma o una pura anécdota, las exposiciones como las expresadas recientemente en la prensa por un titulado profesor de Teología de la Universidad de Deusto que en referencia al lehendakari Ibarretxe le atribuye de tacada las siguientes características: «no conoce la sensatez», «carente de escrúpulos», «conciencia mas dura que la piel de un hipopótamo», autor de «desvergüenzas», «iluminado» y concluye inexorable cual Jehová en el Sinai: «está acabado», dicho sea en cita no exhaustiva referida al ilustre clérigo. Muestra sin más importancia de los avatares de un teólogo y propia de una determinada rancia clase eclesiástica, secularmente en lucha con la representación política. Pero ejemplo de una practica que hace del insulto arma política y del resentimiento modo de existencia. Finalicemos con uno y otro.


Volvamos por tanto los ojos al norte y comportémonos como ciudadanos civilizados de la Europa democrática. Pero sobre todo y ante todo, en esta nuestra Vasconia, decantémonos por la paz y la convivencia, y para ello, pongamos nuestra gota para que una tras otra, consigamos arribar al deseado Pacifico.

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