EAJ-PNV tiene como fundamento principal de su ser político un proyecto nacional vasco que se articule desde una confederación de todos los territorios vascos en un plano de igualdad. En coherencia, la propuesta de reforma del Amejoramiento recoge en su Preámbulo que "el ejercicio de Navarra a decidir su propio futuro se materializa desde el respeto por parte del Estado español, del que actualmente forma parte, al derecho que tienen los ciudadanos y ciudadanas de Navarra a ser consultados para decidir su propio futuro, y desde el respeto, por parte de todas las instancias, a la decisión adoptada, tanto si esta decisión se concreta en mantener el status-quo vigente como parte del Estado español como si se concreta en conformar cualquier otro tipo de unidad territorial con el resto del pueblo vasco o en conformar, por sí sola, una entidad con estatuto específico".
Resulta increíble escuchar que esto es "un desprecio más del nacionalismo vasco a los navarros", tal y como ha señalado UPN. Este partido, que se autoerige en el único defensor de los navarros y del autogobierno de Navarra, niega ahora a la ciudadanía navarra su legítimo derecho a decidir qué quiere ser en el futuro, demostrándose una vez más la voluntad de UPN de que el futuro de Navarra se decida en Madrid, que es al fin y a la postre de quien depende.
La Propuesta recoge además diversas modificaciones que contribuyen a profundizar en el autogobierno de Navarra y que trataré de sintetizar en las siguientes líneas. Así, el Título Preliminar consagra la especificidad del modelo de relación entre Navarra y el Estado español bajo el espíritu de una libre asociación. Su contenido o alcance concreto será el que defina el Amejoramiento, sin más límite jurídico que los valores y principios que definen el marco constitucional al que se refiere la Disposición Adicional Primera de la Constitución.
Navarra debe aspirar a ampliar su autogobierno y a dotarlo de una exclusividad real en todo lo que afecte a su ámbito institucional propio. Esto implica también todo lo referente a políticas educativas, cultura, medios de comunicación, infraestructuras y ámbito económico, incluyendo por supuesto su exclusividad financiera y tributaria. Se propone en este sentido mantener e incluso ampliar en su funcionalidad la figura tradicional del Convenio Económico con el Estado.
Nuestra propuesta aboga además por la exclusividad de Navarra en todo lo concerniente a políticas sanitarias y de asistencia social; defiende un cambio fundamental sobre el tratamiento normativo de las lenguas oficiales de Navarra al situar en plano de igualdad euskara y castellano; propone crear una verdadera Policía de carácter integral; y establece un nuevo planteamiento en relación con la estructuración del Poder Judicial en Navarra, de modo que todos los asuntos acaben ante órganos jurisdiccionales de Navarra (sin perjuicio de la jurisdicción del Tribunal Supremo para la unificación de la doctrina y del Tribunal Constitucional para el amparo en materia de derechos y deberes fundamentales).
Finalmente, además de la cooperación con el Estado español, con las Comunidades Autónomas, la Propuesta incluye sendos capítulos sobre "Relaciones con el ámbito europeo e internacional" y "Relaciones con la Comunidad de Euskadi y los territorios vascos de Iparralde ubicados en el Estado francés". En este contexto, se plantea que "la Comunidad Foral de Navarra y la Comunidad de Euskadi podrán establecer los vínculos políticos y las relaciones internas a nivel municipal y territorial que consideren más adecuadas para el desarrollo y el bienestar social, económico y cultural de sus ciudadanos y ciudadanas, sin más limitación que la propia voluntad de éstos".
Éste es, a grandes trazos, nuestro planteamiento. Que las primeras reacciones hayan sido para desempolvar los fantasmas del anexionismo vasco y descalificar una Propuesta de Reforma seria y rigurosa, y que hayan procedido de quienes tradicionalmente defienden los intereses del Estado —un Estado que ha sido el responsable del sistemático recorte de nuestras competencias y de nuestros Derechos Históricos—, no hace sino ratificarnos en nuestras convicciones. El debate está abierto. ¿Defendemos que sólo a los navarros y navarras nos corresponde decidir nuestro futuro? En EAJ-PNV lo hemos mantenido desde hace más de cien años. Tal vez sea hora de que los demás también ofrezcan argumentos con los que defender sus posiciones ante la ciudadanía de Navarra.