Los acuerdos logrados son de gran importancia. En todo caso antes de valorar su contenido y consecuencias, haremos una breve consideración acerca el escaso eco mediático que han tenido. La culpa es de la cultura política dominante. La cultura que establece que la sociedad civil -en este caso Elkarri- ni puede ni debe tener iniciativa ni protagonismo político. Los ciudadanos civilmente organizados debemos limitarnos a reivindicar nuestros limitados y concretos intereses y eventualmente quejarnos de lo que hacen (no hacen) los políticos. Pero la iniciativa política está y sólo debe estar en manos de estos últimos. Ésta es la norma cultural establecida. Por eso tiene mucha más cobertura mediática el último -aburrido y retórico- estereotipo del político de turno sobre las bondades del diálogo, que la trabajosa iniciativa de un grupo de ciudadanos que han logrado el que los políticos dialoguen y lleguen a significativos acuerdos. Los medios reproducen esa cultura que todos hemos interiorizado por la cual, si no queremos ser tratados con desconfianza, debemos limitarnos a ejercer nuestra condición de súbditos. Así nos va
¿ Por qué es un acuerdo tan importante?. Porque prefigura lo que debe venir. Y por que busca la posibilidad de ese devenir. Veamos algunos extremos prefiguradores especialmente relevantes
- La afirmación de que cada comunidad (Comunidad Autónoma Vasca, Navarra, Iparralde) tiene capacidad y autonomía decisoria. Los firmantes no están de acuerdo en que las tres comunidades conforman un sujeto político -Euskal Herria- con especifica capacidad de decisión, pero sí están de acuerdo en que las tres comunidades pueden, a través sus propios procesos decisorios, converger hacia la constitución política de esa unidad superior.
- El desarrollo que se establece sobre la cuestión de la consulta popular. Se afirma el derecho de cada comunidad a autodefinirse y a vehiculizar tal definición mediante la correspondiente consulta. Y tales consultas, en la práctica, con sus resultados, otorgarán legitimación a los marcos jurídico/políticos que se establezcan.
- El establecimiento de garantías que hagan imposible la ejecución o interpretación unilateral del pacto que en su día se establezca con el Estado.
El acuerdo predefine algunos de los principales acuerdos previos, y al tiempo constitutivos, sobre los que todos los partidos deberían estar de acuerdo para desarrollar un nuevo marco jurídico. El mismo debe ser negociado por todas al fuerzas políticas sin exclusión alguna. Debe respetarse el pluralismo de la sociedad vasca. Debe respetarse la voluntad popular. Debe garantizarse la obligación de pactar.Y, como acabamos de señalar, deben establecerse medidas y procedimientos que garanticen una auténtica bilateralidad. Es decir, que, como pasa hasta ahora, el ejercicio real de nuestras competencias no quede en manos del Estado, que no quede a su solo arbitrio cuando y qué nos concede del reparto de competencias, del reparto de poder, pactado bilateralmente.
La reflexión y sus conclusiones es además un inteligente ejercicio de operatividad, apuntando las pistas por donde puede resultar mas posible lograr un acuerdo político final.
- Bajo esta perspectiva desaparecen del texto conceptos demonizados´ -soberanía, autodeterminación- a los que, probablemente sin razón, muchos les han otorgado el carácter de conceptos excluyentes. Lo que se destaca es cómo lograr que, al margen de cómo se defina el proceso, la comunidad/sociedad vasca pueda decidir su marco de autogobierno.
- En este terreno posibilista y nuevamente con una función utilitaria, se introducen los Derechos Históricos. No se trata de hacer un canto a nuestros eternos derechos como pueblo milenario, sino de apoyarse en esa referencia histórica para legitimar un derecho a decidir (y también una obligación a pactar desde ese mismo derecho). Legitimación que, por otro lado, puede sortear las constricciones constitucionales, porque se trata de la propia Constitución (Disposición Adicional 1ª).
-También la cuestión de la consulta es resuelta con sentido común. Lo relevante, mas allá de su categorización jurídica, es el compromiso político de respetar y ejecutar la voluntad popular.
Creemos que el acuerdo logrado constituye una aportación fundamental a esa futura - esperemos que inmediata- mesa de partidos que negocien nuestro nuevo marco jurídico Los políticos que vayan a esa mesa ya tendrán hecho un buen trozo del camino. Una magnifica ayuda
Si el acuerdo de Egino evidencia la posibilidad de consenso en algunos aspectos sustanciales de nuestro futuro autogobierno, la cuestión de la pacificación presenta hoy, sin embargo, tintes más sombrios. Da la sensación que ETA no ha entendido cual es el escenario abierto tras el reciente acuerdo del Parlamento Español. Por lo que hacen, parecen estar convencidos de hallarse en una coyuntura de confrontación en la que la exhibición de fuerza determina los contenidos de una futura negociación No se han enterado que tal escenario hace muchos años dejo de existir para ellos.
Ahora lo que todavía tienen es la posibilidad de dar sentido al cese unilateral y definitivo de su violencia. Todavía pueden hacer un discurso en el que se autootorguen legitimidad y reconocimiento. Por el hecho del que el Estado admita dialogar con ellos (aunque solo sea el destino de sus presos), y porque su desaparición posibilite que un sector mayoritario del Izquierda Abertzale tenga un protagonismo relevante en un futuro acuerdo político sobre el destino de Euskadi. Eso es lo que hay. Dado el grado de deslegitimación y desprecio social alcanzado por ETA, es bastante (para ellos). Pues parece que no se han enterado y siguen actuando como si delante suyo estuviese un Estado débil, amedrentado, dispuesto a garantizar concesiones frente la presión las bombas. ¿ Será posible que hayan alcanzado tales cimas de ignorancia ?.
El problema es que la oferta del Estado no es eterna y cualquier día las bombas pueden devolvernos al punto de partida. Sin duda no muy lejos de donde ahora estamos. Pero en cualquier caso una vuelta hacia atrás. ¿Cuánta ceguera!