Una estrategia de este tipo necesariamente tiene que estar orientada a la búsqueda de un doble pacto de carácter constitutivo. Este nuevo tiempo debe ser utilizado para lograr un gran consenso interno entre los propios vascos. Esta es nuestra auténtica necesidad nacional. El otro gran objetivo, también imprescindible, es el pacto entre Euskadi y el Estado. Su plasmación vendría a dar mayor consistencia a la idea de que es posible la convivencia libremente asumida de varias naciones en el marco de un Estado, superando ese supuesto axioma que vincula inexorablemente la formación histórica estatal a una nación determinada. Es decir, una nación un Estado. De la misma forma que Euskadi como sociedad nacional sólo tiene viabilidad en tanto en cuanto se vertebre internamente mediante pacto y conforme a la voluntad plural de sus nacionales, España sólo tendrá garantizada su continuidad de manera estable y normalizada si profundiza seriamente en la idea del Estado no sólo como pacto entre ciudadanos´, sino también como ´pacto entre naciones´. Esta es la idea de autodeterminación que nos interesa defender y ejercer a los vascos en el siglo XXI en el marco de la UE. La autodeterminación como expresión de la capacidad de decidir y del compromiso inteligente para pactar.
He leído a Herrero de Miñón que sólo se autodetermina realmente quien es capaz de pactar. Tiene razón, pues quien pacta libremente se autodetermina Es obvio que este nuevo tiempo solamente se puede llevar a cabo si desaparecen dos factores esencialmente perniciosos. En primer lugar, se debe encauzar el cese definitivo de ETA como garantía de un diálogo multipartito sin coacciones, sin miedos y sin amenazas. No caben medias tintas ni posiciones ambivalentes. La izquierda abertzale oficial tiene que tener esto muy claro y debe hacer todo lo que esté en su mano para ayudar a ETA en la búsqueda de su alternativa. En segundo lugar, se debe pasar página de la ilegalización de Batasuna, ya que no ha conseguido lo que pretendía. Al contrario, hoy esta formación tiene mucho más protagonismo real -aunque no legal- que hace dos años, cuanto era legal. Esta izquierda abertzale nunca había interiorizado como ahora la conveniencia política de cerrar la página de la ´lucha armada´.