La objeción de conciencia se extiende como una mancha de aceite entre los alcaldes del PP más reaccionarios, creando una situación peculiar en la que los servidores de la ley, y que de ello viven, se niegan a cumplirla.
Nuevo episodio en el que el sector más ultra de la derecha del PP ayuda al partido de Mariano Rajoy en su estrategia de desestabilización, aunque de momento el líder del partido hace preocupados llamamientos a la prudencia ante la iniciativa liderada por los más ultras. La objeción de conciencia es, evidentemente, un pretexto para alcaldes como el de la localidad barcelonesa de Pontons, Lluis Fernando Caldentey (PP), que califica a los homosexuales de tarados , o el de Ávila, García Nieto (PP), para quien negarse a cumplir esa ley es un gesto de buena hombría . Con criterios semejantes, o aún más zafios, proliferarán alcaldes del PP por toda la geografía nacional entorpeciendo el cumplimiento de una ley que no les gusta.
De recoger los réditos de esta rebelión anticonstitucional se ocupará, le guste o no, Mariano Rajoy y su equipo de halcones, felices de haber encontrado otro pretexto para desestabilizar al Gobierno de Zapatero , que es lo suyo.La objeción de conciencia es argumento evanescente al que a veces se apela para no cumplir aquello con lo que se está en desacuerdo intelectual o filosófico. Cuando de la objeción de conciencia se hace estrategia política colectiva es, sencillamente, una especie de rebelión para desgastar al poder. En ello están el PP y sus alcaldes, cuyas conciencias nada objetaron cuando dieron su apoyo a la invasión de Irak con su secuela de muertos.