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Apirila 24 | 2005 |
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El Correo


Ciertamente, los resultados del pasado domingo 17 de abril no habrán dejado satisfecho a casi nadie. La coalición ganadora lleva una gran ventaja de 11 escaños y 16% de votos sobre la segunda lista, amén de haber vencido en los tres Territorios Históricos (recordemos que en las elecciones de 1998 el PP ganó en Araba y Batasuna en Gipuzkoa). Sin embargo, los restos le jugaron una mala pasada, perdiendo el último de los escaños en reparto en cada territorio por una media de 6.000 votos, lo que hizo que se quedara en 29 escaños. Se esperaba algo más.

PSOE y PP, por su parte, tampoco pueden estar radiantes. Es cierto que los socialistas ha subido en escaños y votos con respecto a las últimas elecciones, aunque sin alcanzar el nivel del PP en las de 2001. Pero considerando el efecto funicular´ de votos en el tándem constitucionalista PP-PSE, ambos partidos han perdido en conjunto 100.000 votos respecto a las elecciones de hace cuatro años. Y no han conseguido articular una alternativa de gobierno viable.

La única que puede estar satisfecha de verdad es la izquierda abertzale volcada en el PCTV-EHAK, que, desde unas perspectivas de descenso paulatino (incluso de desaparición por vía legal), se ha encontrado reforzada por la ciega política de la Ley de Partidos, que ha reagrupado a un mundo que daba claras muestras de fragmentación. Han mantenido sus votos y al haber mayor abstención les ha tocado un trozo mayor en el reparto que hace cuatro años. Su temor obsesivo a no ser protagonistas de las soluciones para este país ha quedado atenuado.

La euforia constitucionalista del primer momento debería ser contenida. Es cierto que la gobernabilidad por parte del tripartito se ha complicado terriblemente. Pero es más que dudoso que se haya parado el plan Ibarretxe. Sin entrar en más detalles, 42 escaños en el Parlamento son defensores del derecho de autodeterminación para el pueblo vasco.

A simple vista, algunos pensarán que caben multitud de alianzas diferentes para el nuevo Ejecutivo y a los más les puede parecer que la escalada de tensión ha hecho que el Parlamento vasco esté condenado a la pronta disolución, dado el complicado encaje de nuevas mayorías (33 frente a 33 con los 9 escaños de PCTV-EHAK de decisivos espectadores). Personalmente, soy optimista en cuanto al desarrollo de la legislatura, sin estar de acuerdo con ninguna de las posturas anteriores.

No creo que el PSOE esté interesado en entrar en el Gobierno vasco en estos momentos, ni tampoco creo que PCTV-EHAK esté interesado en apoyar un Ejecutivo con la coalición nacionalista. Y, sobre todo, no creo que a ninguno de ellos les interese que sean convocadas nuevas elecciones a corto plazo.

El marco de juego empieza a ser más amplio que la geografía vasca. O, mejor dicho, ya lo era, pero ahora empieza a hacerse más visible. La no ilegalización de las listas de PCTV-EHAK no es una casualidad ni, con la sentencia del Constitucional en la mano, se debe a falta de argumentos jurídicos. Tampoco es una casualidad la escenificación en el Congreso de la ruptura práctica del pacto antiterrorista en la sesión de control del miércoles pasado. Tampoco lo son otros detalles. La primera reacción del PSE en la noche electoral fue señalar, como reflejaba la crónica de este mismo diario, que Patxi López iba a presentar su candidatura a la Lehendakaritza. Al día siguiente, en rueda de prensa, Patxi López tuvo que matizar diciendo que ya se vería, puesto que era al lehendakari Ibarretxe a quien correspondía buscar alianzas suficientes para gobernar y que el PSE sólo iniciaría los movimientos necesarios para su propia candidatura en caso de que esas negociaciones fracasaran.

Que al lehendakari le corresponda liderar la negociación es lo lógico, pero de hecho hay voces en el PSE que se rebelan y protestan porque se le vaya a recibir en La Moncloa. Da la sensación de que algunos socialistas vascos están desconcertados. Si hay algo evidente es que quien va a dirigir las operaciones es el presidente Zapatero. Y no es de extrañar porque aquí hay mucho en juego, incluido el Gobierno español de la próxima legislatura. Otra cosa es que algunos sigan llevando orejeras al otear el campo político vasco y no vean que el escenario de juego es más extenso. Por cierto, no ha habido una sola ocasión en que el PSC catalán haya votado en contra de lo establecido por sus compañeros del PSOE en el Congreso, aunque fuera contradiciendo lo manifestado en el Parlamento catalán. No creo que la ciudadanía en general piense que el PSE sea más rebelde o independiente que el PSC.

La posición de Zapatero en sus declaraciones y en las Cortes, más otros datos tangenciales del entorno socialista, así como las declaraciones de Otegi en el sentido de que hay que llegar a acuerdos entre todos en un proceso sin imposiciones, podrían señalar el futuro próximo. Desde luego, la izquierda abertzale deberá demostrar que lo manifestado son más que palabras (nos hemos pasado la campaña con una media de dos ataques por día a las sedes del PNV y del PSOE, actos que difícilmente pueden interpretarse como acciones provocadas por exaltados incontrolados). Sin una actitud de la izquierda abertzale, en cualquiera de sus expresiones, acorde con las manifestaciones de Otegi, será imposible establecer ninguna base sólida.

El panorama permite intuir un Gobierno del actual tripartito en minoría, sin el acoso frentista del PSE ni del PCTV-EHAK, mientras en la trastienda pueda ir cocinándose un acuerdo que definitivamente traiga la paz y la normalización a este país. La disolución no conviene hoy a nadie. Otra cosa es que la legislatura vaya a agotarse o no. Es difícil predecirlo. El plazo máximo para el Gobierno central a fin de normalizar la situación no puede ir más allá de dos años y medio, de manera que Zapatero pueda presentarse con un importante logro a las elecciones generales próximas. Si se alcanzará un acuerdo para la normalización, dependiendo de su contenido quizá podría producirse una convocatoria electoral. Si no se alcanzara, o si en el camino surgieran dificultades, la tensión que se acumularía en el Parlamento podría llevar a una situación en la que sería muy difícil gobernar a no ser que se lograran acuerdos puntuales.

¿Hay margen para un acuerdo de normalización? La tercera pata fundamental de ese hipotético acuerdo sería el PNV. Si alguien piensa que se puede normalizar el país sobre la base de la marginación del nacionalismo mayoritario volverá a equivocarse. El nacionalismo vasco nunca dijo que el plan Ibarretxe fuera inmodificable, al contrario, se solicitó por activa y pasiva que se presentaran enmiendas en el Parlamento, a lo que PSOE y PP se negaron de manera rotunda continuamente. Quizá lo que no fue posible entonces lo sea ahora. Pero tampoco puede pretenderse que se parta de cero. La legislatura pasada delimitó cuestiones básicas. Ya he dicho que hay 42 escaños que defienden el derecho de este pueblo a decidir su futuro. ¿Hasta qué punto está Zapatero dispuesto a recoger esa demanda? ¿Hasta qué punto está la izquierda abertzale preparada para hacer política como el resto de los partidos y decir a ETA que desaparezca?

Una última pregunta: ¿El sorprendente adelanto de las elecciones gallegas no tendrá que ver con que el PP intuye que algo que podría dejarles descolocados en favor del PSOE se está moviendo?

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