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Derechos y deberes para todos

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Apirila 22 | 2005 |
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Editorial

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Diario de Noticias


El Congreso de los diputados dio ayer un paso histórico en el reconocimiento de los derechos de los homosexuales al aprobar una modificación del Código Civil con una doble consecuencia: por un lado, se regula la posibilidad de contraer matrimonio entre personas del mismo sexo; y por otro, se permite la adopción a estas parejas, ya que queda establecido que estos matrimonios tendrán los mismos derechos y deberes que los compuestos por hombre y mujer.

El PSOE cumple de esta forma una de sus promesas electorales, una cuestión que durante mucho tiempo, demasiado, ha sido bandera y motivo de múltiples problemas para un colectivo que no hace tantos años aún era perseguido por la Policía. Con las modificaciones aprobadas ayer, España se coloca, junto a Holanda y Bélgica, a la cabeza de Europa en el reconocimiento de los derechos de lesbianas y gays. Euskadi ya lo hizo, a través de la Ley de Parejas de Hecho.Quienes votaron en el Congreso en contra de esta modificación (Partido Popular y UDC) lo hicieron por motivos semánticos (consideran que este tipo de uniones deben regularse al margen de la institución tradicional del matrimonio) y por su manifiesto posicionamiento contrario a que las parejas homosexuales puedan adoptar; un doble motivo que nace, en muchos casos, desde unas profundas convicciones religiosas. Sin embargo, oficialmente España es un estado laico y, por tanto, la fe y la doctrina de cualquier creencia religiosa deben quedar en el dominio de lo privado y no inmiscuirse en las cuestiones públicas, que es de lo que se trata: lo que ayer aprobó el Congreso es la eliminación de ciertas barreras de desigualdad y discriminación a través de una modificación del Código Civil.

 

Guste más o menos, y más allá de los múltiples estudios médicos o psiquiátricos que puedan presentarse desde grupos en defensa de la familia tradicional o desde colectivos homosexuales, lo que ayer se aprobó en Madrid no es más que una adaptación a la realidad del siglo XXI, en la que parejas del mismo sexo hace años que viven juntas y hace años también que educan a sus hijos, adoptados o no. Sólo les faltaba lo que ayer se les reconoció en una votación cargada de significado: sus derechos y sus deberes. La ley es ley para todos.

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