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2005
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Una esperanza para Euskadi

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Apirila 21 | 2005 |
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Javier Elzo

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El Diario Vasco


La interpretación de los resultados de las últimas elecciones vascas varían sustancialmente según la perspectiva temporal que se tome. En la distancia corta, con relación a 2001, la coalición PNV-EA ha perdido cuatro escaños que, desde una lógica nacionalista se compensan con dos de EHAK y uno de Aralar. En total, el nacionalismo baja de 40 a 39 representantes, aunque en porcentaje de votos sube. Es la coalición PNV-EA la que pierde peso, especialmente el PNV. Desde la misma noche electoral de 2001 he sostenido que tres de los 33 escaños que obtuvo entonces el PNV-EA eran prestados, básicamente del PSOE, por la desaforada campaña que realizó. Y en mis cábalas sobre las elecciones del domingo pasado siempre partí de esa cifra, que la ausencia de Batasuna podría haber hecho subir hasta 34 o 35. El factor absolutamente novedoso ha sido la presencia de EHAK, cuya fuerza ha sorprendido a muchos, entre los que me incluyo. Me equivoqué estrepitosamente pues nunca les di más de cuatro escaños.

Pero hay una pregunta del todo punto pertinente que cabe formularse. Si el MLNV no hubiera metido el golazo a la ley promovida ad hoc para ilegalizar a Batasuna y no hubiera podido presentarse, es muy posible que al día de hoy el tripartito PNV-EA-EB -quizás con la ayuda de Aralar- tuviera la mayoría absoluta y el plan Ibarretxe una legitimación en las urnas. Los titulares de prensa del lunes habrían sido muy distintos, pero no la sociedad vasca ni sus opciones políticas básicas. El resultado electoral del domingo está condicionado mucho más a la resultante final de la ley de partidos que a la evolución de sociedad vasca durante estos cuatro años.

En el campo de los partidos estatales se ha producido el ya sabido fenómeno de los vasos comunicantes entre PP y PSE, aunque ello, por si solo, no explica el aumento de votos del PSE-PSOE-EE, que ha alcanzado su máximo histórico. Además de las razones ya mencionadas -los socialistas han recogido los votos que le prestaron al PNV en 2001 y los flotantes del PP-, en esta subida han sido claves el efecto Zapatero y el que el PSE haya basado la campaña más que en el cambio -ahí ha perdido- en una necesidad de concordia y entendimiento que conecta muy bien con la aspiración básica de la centralidad sociológica vasca. El Partido Popular, pese al descubrimiento de María San Gil como excelente comunicadora, está en horas bajas. ¿Cuándo surgirá entre sus filas un líder conservador moderno que haga política propositiva y deje a un lado la negatividad como tónica? Ezker Batua ha visto su presencia mermada por la tenaza de PSE y Aralar (bienvenida al Parlamento) y más aún por la presencia de EHAK. En todo caso, los partidos de ámbito estatal suben de 35 a 36 escaños, aunque su peso porcentual haya disminuido un poco. Luego estamos prácticamente donde nos hallábamos, sólo que el MLNV pasa de 7 a 9 representantes, lo que es una mala noticia. Un Parlamento muy dividido con una aritmética muy complicada para gobernar.

Fijémonos ahora a largo plazo. Si se mira la evolución de la presencia del voto nacionalista en Gasteiz desde 1984 (cuando ya el Parlamento tiene 75 escaños), éstos son los resultados: 43 escaños en 1984; 43 en 1986 (tras la escisión entre PNV y EA); 44 en 1990; bajón a 41 escaños en 1994, los mismos que en 1998. En 2001, el año del gran triunfo de la coalición PNV-EA, cuando el nacionalismo vasco obtuvo el máximo de votos de su historia, se bajó, sin embargo, a 40 representantes y, este domingo pasado, a 39. Ya se que los escaños no son la mejor forma de medir, aunque con ellos se gobierna, pero en el espacio de un artículo de prensa es difícil andar con números absolutos de votantes que es, sin duda, el dato mas válido. Pero en la larga distancia, en las tendencias, no hay variaciones si hacemos el cómputo en número de votos, en porcentaje de los mismos o en escaños. En mi opinión, las dos lecciones básicas a retener son las siguientes. La primera, que la sociedad vasca siempre ha votado mayoritariamente nacionalista. La segunda, que la diferencia entre el voto nacionalista y el voto estatal (no nacionalista o como se quiera llamar) se está haciendo tendencialmente menor.

La sociedad vasca es mayoritariamente nacionalista. Es lo que explica, en última instancia, que sus partidos, año tras año, sean los más votados. La imbatibilidad no está en las formaciones nacionalistas, sino en su capacidad de reflejar la mayoría social, lo que Fraga llamaría la mayoría natural. De ahí que el cambio, entendido por poner a gobernar a los partidos estatales en bloque y mandar a los nacionalistas, en bloque, a la oposición, sea extremadamente difícil. Sin embargo, la presencia nacionalista en Vitoria, aun siendo siempre mayoritaria, va lenta pero persistentemente en descenso. Un retroceso que, a mi entender, es mucho menor del que se dice a menudo, ya que en parte proviene del hecho de que hasta 1990 se contabilizaba a EE entre las formaciones nacionalistas y a partir 1994 entre las estatales. En todo caso, el dato esencial es el descenso del voto nacionalista y ello es tanto más importante cuanto la sociedad vasca dice vivir mejor que hace diez o más años y aprueba la labor del Gobierno Vasco por encima de la del Ejecutivo español.

¿Qué explicación dar a estas cifras? Aquí solamente ofrezco dos que exigen complementos y matizaciones. Primera, la sociedad vasca está más contenta con la gestión administrativa de su Gobierno que con la política de los partidos nacionalistas. Segunda, la sociedad vasca es nacionalista sí, pero conservadora también y más aún con el bolsillo bastante lleno: no quiere aventuras. Además, muchos nacionalistas vieron con inquietud, aún no tranquilizada, la deriva lizarrista. Así se entiende que estén más de acuerdo con Ibarretxe como lehendakari que con el plan que lleva su nombre. Lo que explica también el descenso del domingo pasado. Hay nacionalistas que se quedaron en casa.

La coalición PNV-EA, si quiere ser el cauce central de la sociedad, como dijo Ibarretxe la noche electoral, se enfrenta a un gran reto de orientación política. Puede optar por el exclusivismo nacionalista, como no pocos y de evidente peso en el nacionalismo de EA y PNV piden. Nunca lo ha hecho en el gobierno, cuando siempre pudo hacerlo, y conviene recordar, dicho sea en su honor, que en el Parlamento de Vitoria no ha habido coaliciones gubernamentales con mayorías absolutas nacionalistas porque el nacionalismo bien llamado moderado y democrático no lo ha querido. EHAK es, para mí al menos, una incógnita y mientras no muestre fehacientemente que condena la violencia, también la de ETA, sería suicida gobernar o pactar la legislatura con ellos. Potenciaría el frentismo y radicalizaría al nacionalismo haciéndole perder peso y centralidad en la sociedad vasca Entonces sí podrían ganar las elecciones los partidos de ámbito estatal, por la deserción de no pocos nacionalistas. La otra alternativa es un acuerdo con el PSE, bien de gobierno o de legislatura.

«Todos decidimos» fue el lema de la coalición PNV-EA. Ahora es el momento de llevarlo a la práctica. No están solos, pues, salvo el PP los demás hablan de diálogo. Lo que quiere decir que la pelota, aún estando básicamente en el alero del PNV-EA, pues han ganado las elecciones, también se encuentra en el de los demás. Especialmente en el del PSE-PSOE-EE, que no habría de olvidar que Ibarretxe siempre ha dicho que el plan que lleva su nombre solamente se votaría en ausencia de violencia, que habría de tener un refrendo superior al del Estatuto de Gernika y que tendría que ser aceptado en los tres territorios históricos. Aunque sólo sea por la persistente mayoría de votos estatales en Álava, el pacto se impone. ¿A qué esperan para sentarse en una mesa y llegar a un nuevo texto en el que quepamos, si es posible, dos de cada tres vascos y, en todo caso, más, muchos más, que en el Estatuto de Gernika? Sería un excelente objetivo para la próxima legislatura.

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