El Correo
Y partiendo de ello la coalición confía plenamente en su victoria electoral. Porque la gestión realizada en Euskadi es altamente positiva a pesar de los mensajes catastrofistas lanzados por López y San Gil. Esta semana, el propio Instituto Nacional de Estadística (INE) daba datos económicos magníficos acerca de nuestra economía, señalando que Euskadi lideró en el Estado el crecimiento económico por comunidades, estando en cabeza en el crecimiento de la renta per cápita y con nivel del 121% de la media europea (ránking paridad de compra) frente al 97,6% del Estado español. Y eso durante toda la discusión perjudicial y perniciosa según Madrid del Nuevo Estatuto Político del lehendakari´. ¿A quién quieren engañar PSOE Y PP cuando hablan de que las pensiones peligrarían si fueran gestionadas desde Euskadi? Números cantan, y éstos muestran el superávit de la Seguridad Social en Euskadi.
Es evidente que el interés de PP-PSOE no es tanto ganar a la coalición PNV-EA, cosa que dan por inalcanzable, sino que esta última no obtenga la mayoría absoluta. De esta manera creen poder llegar a bloquear cualquier iniciativa de mayor autogobierno que se intente impulsar, puesto que ésa es la mayoría fijada como requisito en el actual Estatuto de Autonomía. El drama para los ´constitucionalistas´ es que, pese a que han pasado meses negando la evidencia, el resto de las fuerzas políticas, que muy probablemente conformarán la mayoría absoluta del Parlamento vasco (PNV, EA, EB, y previsiblemente Partido Comunista de las Tierras Vascas) quieren modificar en clave de decisión del pueblo vasco el actual estatus autonómico.
Y eso es lo que se juega en estas elecciones: la capacidad de decisión del pueblo vasco. ¿Van a decidir desde Madrid qué podemos y qué no podemos ser? ¿Somos mayores de edad? ¿Somos un pueblo con conciencia propia que tiene derecho a decidir democráticamente su organización, autogobierno y relaciones institucionales? La coalición PNV-EA cree que los somos, el PP-PSOE no. Ésa es la disyuntiva a la que se enfrentan los electores.
Pero hay otra consideración que hacer. Una vez conocidos los resultados electorales y el reparto de escaños, las combinaciones matemáticas de las fuerzas parlamentarias son, en principio, inamovibles. Sin embargo, alguien podría tener la tentación de alterar esas mayorías. En efecto, imaginemos que los votos comunistas pudieran ser necesarios para conformar algún tipo de mayoría parlamentaria opuesta al PP o PSOE. ¿No se les ocurrirá entonces a López Aguilar o a Conde-Pumpido que hay que instar un proceso de ilegalización de ese partido por tener connotaciones terroristas? Ya se intentó violentar la soberanía parlamentaria en el caso de la ilegalización de Batasuna. Y, visto lo visto, aquí uno ya puede esperar de todo.
En definitiva, si a tenor de lo que afirman el Gobierno y sus servicios de información, ETA no está en las listas de la campaña electoral, y eso es lo que tranquiliza al PP y al PSOE, pues contentos. Si Batasuna ha podido encontrar un referente electoral llamado Partido Comunista al que apoyar, y cuya actividad electoral es libre, pues miel sobre hojuelas. Que la sociedad vasca hable y que después se respete su palabra.
No nos quejemos luego de los resultados y que nadie intente manipularlos a posteriori.