Ayer, la fiscal Olga Sánchez, encargada del sumario abierto en la Audiencia Nacional por los atentados, aseguraba que "no hay duda" de que los actos criminales fueron obra de radicales islamistas y que la investigación está centrada exclusivamente en ese ámbito. Nítidamente aseguró que no hay "ninguna relación ni contacto entre terroristas de la banda ETA y terroristas islamistas". La fiscal Sánchez, con el juez Del Olmo , son quienes más pueden saber de lo que ocurrió. No quiso la fiscal opinar sobre el desencuentro político en torno a las conclusiones de la comisión del 11-M, pero para tranquilidad de quienes no firmaron alegando que no se quería seguir investigando aclaró que no sólo la investigación prosigue, sino que se está "en un momento especialmente interesante".
Al PP, por supuesto, no le importa lo que diga la fiscal, ni lo que pudiera decir el juez ni, quizá, lo que resulte probado en el juicio. El PP no puede rectificar, porque ello supondría asumir los errores del Ejecutivo presidido por Aznar. Supondría reconocer que los atentados fueron consecuencia del empecinamiento en apoyar a Bush en su guerra de invasión. Supondría reconocer que Aznar, Acebes y Zaplana mintieron como bellacos atribuyendo a ETA la autoría de la masacre sólo para ganar tiempo y evitar el descalabro electoral. Supondría, en fin, reconocer la madurez de la mayoría de los ciudadanos de este país que votaron libre y conscientemente.
Ayer, a última hora, pactaron un texto con el PSOE -iniciativa tomada al margen de la comisión de investigación- en el que se subraya el apoyo a las víctimas, pero se elude cualquier mención a los autores de la masacre. Se quedó solo el PP sin firmar las conclusiones de la comisión del 11-M, porque no está dispuesto a rectificar. Y conociendo a la actual plana mayor del partido, todo indica que esa catarsis va para largo.