¿Cómo es posible que mientras el Estatuto de Cataluña fija una mayoría de dos tercios del Parlament para considerarse aprobada la iniciativa, el de Gernika señale un porcentaje menor como es la mayoría absoluta? En opinión de los socialistas una mayoría inaceptable e insuficiente. En opinión nacionalista, una mayoría cualificada, difícil de conseguir en un parlamento fragmentado en muchas formaciones como el nuestro, y, en cualquier caso, una mayoría establecida legalmente según las reglas de juego cuyo respeto se reclama. Siendo indudable que la mayoría absoluta es legalmente suficiente, sería interesante preguntarnos a quién deberíamos atribuir la responsabilidad de que se fijara esa mayoría y no otra.
Durante el debate del 1 de febrero en el Congreso, el portavoz del Grupo Vasco ya se lo apuntó a los citados señores Rodríguez y Pérez señalando la responsabilidad socialista en el sistema de reforma de la normativa estatutaria. Txiki Benegas, desde su escaño situado en la última fila del hemiciclo, comenzó a hacer aspavientos y a negarlo a voz en grito. No le debió hacer mucho caso el portavoz socialista porque en su réplica ni rechistó ante la acusación, haciendo oídos sordos al griterío de Txiki. E hizo bien Pérez Rubalcaba.
De un análisis de los documentos registrados en la secretaría del Consejo General del País Vasco se desprende que el texto propuesto por el Partido Nacionalista Vasco, que se utilizó como base para la discusión en la ponencia redactora del anteproyecto del texto estatutario, decía «la propuesta habrá de ser aprobada por el Parlamento vasco por mayoría de tres quintas partes».
Sin embargo, la propuesta socialista en este punto, que a la postre se impuso, señalaba literalmente «la iniciativa de la reforma corresponderá al Parlamento vasco por mayoría absoluta de sus miembros».
Ese es el hecho cierto: el que hizo que se estableciera el límite de la mayoría absoluta para la reforma del Estatuto fue el PSE-PSOE, no los nacionalistas vascos. Y no es de extrañar que fuera así. Aunque para intuir lo que pasó hemos de trasladar nuestra perspectiva a la situación que se vivía en el país hace 25 años. Momentos en los que la existencia de una mayoría absoluta electoral nacionalista vasca consolidada de cara al futuro no era algo claro ni mucho menos. En aquellos tiempos la preocupación nacionalista era asegurar que no se pudiera modificar sin su concurso ese espacio autonómico que tanto había costado conseguir, sobre todo considerando la situación de inestabilidad y de incierto futuro político de un país en transición, apenas salido de la dictadura. Desde el nacionalismo sólo se pensaba en utilizar el Estatuto recién aprobado, su reforma quedaba en un horizonte no imaginable en aquel momento. Los partidos estatales, sin embargo, estaban preocupados por las dudas sobre si el desarrollo de la autonomía vasca que se acordaba podría írseles de las manos, sobre si el Estatuto de Gernika había ido demasiado lejos o no en una experiencia autonómica completamente nueva.
¿Cómo cambian los tiempos! Resulta que aquella propuesta de mayoría absoluta se vuelve en contra de sus proponentes.
El lector puede consultar el excelente volumen de Virginia y Carlos Tamayo Salaberria, de título Fuentes Documentales y Normativas del Estatuto de Gernika´, donde podrá descubrir éstos (páginas 375 y 381) y otros documentos harto interesantes.
Como, por ejemplo, aquél que nos revela que en la propuesta socialista para el Estatuto de Gernika se defendía que «el procedimiento de reforma del Estatuto se acomodará a lo establecido en el artículo 152 de
Además, si lo que ahora manifiestan querer es llegar a un acuerdo amplio de reforma del Estatuto no se entiende que perdieran la oportunidad de discutir esa reforma en un foro fundamental como es
Me pregunto, por otra parte, qué pasaría si los partidarios del plan fueran el 48% frente a un 52% contrario a él. ¿Dirían socialistas y populares que habría que contar con la minoría y buscar una salida ampliamente consensuada o les bastaría con esa, aparentemente exigua, mayoría absoluta para cerrarse en banda a cualquier negociación, pues cómo podría osar algo semejante quien no sería mayoritario en Euskadi y nunca lo será en Madrid?
Y es que PP y PSOE juegan con ventaja. Porque es evidente que la llave de la mayoría en Madrid siempre la tendrán ellos. Si también consiguen la llave de la mayoría en Euskadi, ¿quién o qué va a moverles a abrir el cofre de la autonomía vasca? Entonces sí que la capacidad de codecisión, que reclamaba no sólo el lehendakari Ibarretxe, sino ya en septiembre de 2004 el propio president Maragall, se iba a quedar en agua de borrajas.