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La hora de Ibarretxe

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Otsaila 01 | 2005 |
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Editorial

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Diario de Noticias


Hasta aquí ha llegado, o han permitido llegar, el tan mentado Plan Ibarretxe. Hasta un pleno del Congreso que se celebrará hoy en medio de una inusitada expectación a pesar de que el resultado ya es conocido de antemano. Hasta aquí ha llegado, impensadamente, demasiado lejos para unos y demasiado en vano para otros. Lo que se espera de este pleno es que, al menos, pueda celebrarse con sentido de Estado, como corresponde al debate de una ley orgánica. Que por parte de Juan José Ibarretxe haya una exposición serena y pedagógica, y que los diputados presentes le escuchen con respeto.

El problema puede llegar cuando algún sector, más o menos numeroso, de la Cámara no pueda escuchar la exposición del lehendakari sin contener su ira y pretenda provocar la tensión, la crispación, impidiendo el debate, quizá para evitar que puedan escucharse argumentos hasta ahora ocultados, o manipulados, o simplemente falseados. Dada la atmósfera que rodea a este pleno, el presidente de la Cámara, Manuel Marín , tendrá que mantener con mano firme su intención de que se produzca un debate normal, respetuoso y de altura. Tendrán también que cuidar tanto Zapatero como Rajoy la sensatez y el orden en sus propios escaños, porque en los bancos del PP sigue siendo alargada la sombra de Aznar y en los del PSOE no faltan quienes le tienen ganas al lehendakari.

 

Desgraciadamente, ya se han encargado algunos de calentar el ambiente. Mayor Oreja culpaba ayer al PSOE de haber permitido a Ibarretxe que explicase su Plan desde la tribuna del Congreso, aunque no ha hecho otra cosa que mantener la línea de las bravatas e injurias de Rajoy.Ojalá pueda celebrarse ese pleno sin más intemperancias que las dialécticas que permite la cortesía parlamentaria. Y puesto que ya se conoce el resultado, ojalá al menos los ciudadanos tengan oportunidad de escuchar de primera mano y sin interferencias lo que en realidad está contenido en ese proyecto de modificación del Estatuto vasco.Es lamentable, sin embargo, que las normas del debate impidan a Ibarretxe replicar a sus oponentes, quienes, ellos sí, podrán contar con el tiempo que precisen para replicar, contrarreplicar y decir la última palabra.

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