Los vascos nos agarramos como a un clavo ardiendo ante la esperanza de que la pesadilla de ETA vaya a terminar de una vez por todas. Pero, personalmente, nunca he estado tan convencido como ahora de que, esta vez sí, la cosa puede ir en serio. Admito y comprendo el escepticismo del lector, pues son ya muchos años de desengaños.
Siempre he visto en la sociología del MLNV un núcleo y tres círculos, más o menos concéntricos. El núcleo duro está formado casi exclusivamente por los militantes de ETA, de dentro y de fuera de la cárcel. No llegarán al millar. El primer círculo, la retaguardia de ETA, quienes les apoyan logísticamente haciendo de buzones, trabajando en la captación de nuevos militantes, sirviendo de «refugio» en sus acciones terroristas, etc. Algunos destacados miembros de HB, Jarrai y de los demás colectivos del organigrama del MLNV pueden estar en este círculo, compuesto de unas 5.000 personas que legitiman las acciones de ETA, como «violencia de respuesta ante la violencia de ocupación». En el siguiente círculo se sitúan las personas que acuden a los actos públicos, manifestaciones, etc. de la izquierda abertzale. Varían entre 30.000 y 50.000 (que, obviamente, son aproximadas y fruto de lecturas de datos electorales, encuestas e informaciones privadas). Entre ellos hay también personas, aunque cada vez menos, que legitiman la violencia armada de ETA. En fin, queda, propiamente hablando, la periferia del MLNV, el tercer círculo. Son los simpatizantes de la izquierda abertzale que nunca han legitimado la violencia de ETA y que han votado a HB según las circunstancias. Contando los miembros de los tres círculos, 230.000 tras la tregua, y, según los votos nulos, rondando los 100.000 en las generales de 2004 y menos de 120.000 en las municipales del año 2003.
ETA y el MLNV están hoy muy debilitados. Unos pondrán el acento en la acción de las fuerzas policiales y judiciales, de la firmeza contra Batasuna que llevó a su ilegalización (aún hoy dudo de su eficacia final) y contra el entramado del MLNV (lo que aplaudimos pese a errores muy graves en la instrucción de algunos procesos, como se comprobará). Otros insistirán en el creciente rechazo a la violencia de ETA en la sociedad vasca, en el efecto dominó del 11 de Septiembre en EE.UU. y el del 11 de marzo en Madrid que hacen aún más insostenible la postura, entre otros, de los componentes del segundo círculo del MLNV, hasta el punto de que ETA se asoma ya al modelo Brigadas Rojas o Banda Baader Meinhof, con la periferia del MLNV desertando en silencio pero sin marcha atrás. Salvo si en las próximas elecciones se repiten los insultos y provocaciones a los vascos nacionalistas de Mayo de 2001.
Pero más importante es constatar que, hoy, tanto el núcleo duro como la dirección de Batasuna han dicho públicamente (con su lenguaje, claro está) que quieren acabar con la violencia. ETA, tras su verborrea habitual, en su reciente comunicado afirma que ve «con buenos ojos
Yo interpreto esto como un adiós a las armas (convencidos ya de que han perdido la guerra y las guerrillas, pero ellos no lo pueden decir así, obviamente) para, mediante el diálogo con todas las fuerzas políticas (luego adiós a Lizarra, donde excluían al PP y al PSOE), llegar a una fórmula (Otegi ha llegado a decir que no piensan en la independencia, en carta a Zapatero este 14 de enero), fórmula que habrá que someter a la consideración del pueblo vasco (el censo electoral de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, en realidad).