En el artÃculo anterior he tratado de examinar las aportaciones del Tratado Constitucional Europeo (TCE) en lo que se refiere a las ‘‘Regiones’’. ¿Pero qué juicio se nos merece de manera global?
Ante todo tendremos que saber cuáles eran los objetivos prioritarios que perseguÃan los Padres de Europa, aquellos prohombres que en los años 40 imaginaron lo que hoy es la Unión Europea.
Para aquellos hombres, Monet, Schuman, de Gasperi, Adenaouer y como no José Antonio Aguirre, Manuel de Irujo o Francisco Javier de Landaburu, esa vocación de Europa podÃa resumirse en tres grandes ideas:
- LA PAZ. Aquella generación habÃa conocido tres terribles guerras. En la primera guerra mundial (1914/1918) los europeos nos matamos a punta de bayoneta y con gases tóxicos más de cinco millones de hombres. En la guerra civil española las luchas y asesinatos fratricidas hicieron un millón de muertos.
Finalmente en la segunda guerra mundial (1940/1945) desaparecieron más de 40 millones de personas, lo equivalente a toda la penÃnsula ibérica. Ante tales genocidios organizados por los propios europeos, estos Padres de Europa decidieron que se debÃa hacer lo que fuere para que nunca más naciese una guerra entre nosotros. Gracias a Dios llevamos 60 años sin conflicto armado dentro de la Unión Europea puesto que la única guerra que hemos conocido en Europa ha sido en Yugoslavia, fuera de la UE, seguramente porque no pertenecÃa a la UE. La PAZ debe estar siempre en el frontispicio de la Unión Europea.
Para ello, los Padres de Europa sabÃan que habÃa que ir más allá de un simple tratado entre estados y por eso idearon un modelo federal. También eran conscientes que esa meta polÃtica era inalcanzable directamente por lo cual aceptaron avanzar paso a paso, asumiendo que cada paso serÃa limitado.
El nuevo Tratado Constitucional Europeo refuerza sin duda la arquitectura polÃtica de la UE. El presidente de la UE será nombrado para dos años y medio, cuando actualmente hay rotación cada seis meses; se nombra por primera vez un ministro de Asuntos Exteriores; el Parlamento Europeo ve ampliadas sus competencias; la delimitación de las competencias de cada institución europea es mucho más clara; son más numerosos los asuntos aprobados por mayorÃa y no por unanimidad en el Consejo Europeo; etc.
Todo ello confiere a la UE una mayor cohesión e integración polÃtica y también más transparencia democrática, creando cada vez más lazos de amistad y sobre todo de compromiso entre los miembros de la UE y por consiguiente alejando los riesgos de enfrentamientos violentos entre ellos.
- EL HUMANISMO CRISTIANO HOY COMPROMISO SOCIAL. Estos hombres provenientes todos de la Democracia Cristiana no deseaban crear un ente polÃtico desalmado y sin valores. La incorporación de los Derechos Fundamentales en el TCE va en ese sentido. Aunque tampoco se avance todo lo que hubiésemos deseado, por primera vez se incorpora en un tratado el concepto de cohesión territorial y social. Los contenidos del TCE promueven la trilogÃa que ha propiciado el ‘‘EspÃritu Europeo’’, tan distinto de los de estados de otros ámbitos mundiales:
- La competitividad que dinamiza el desarrollo y constituye un verdadero motor de nuestra economÃa.
- La cooperación, necesaria para reforzar las acciones dentro de la UE
- La solidaridad, base de la unión entre todos los europeos
Estos tres principios deben presidir juntos la polÃtica social y económica de la Unión Europea y si falta cualquiera de ellos no respetaremos el ideal humanista de quienes crearon el movimiento Europeo. Pues si examinamos el contenido del TCE, en comparación con los tratados anteriores comprobamos que caminamos en la buena dirección.
El hecho de que la totalidad de los partidos social demócratas asà lo hayan considerado es buena prueba de ello. También la Confederación Europea de los Sindicatos, en su reunión del 27 de julio de 2004, ha dado su aprobación al texto del TCE.
No por ello aprobamos al 100% las polÃticas sociales asumidas por la Unión Europea. En especial consideramos que la polÃtica regional comunitaria deberÃa ser mucho más audaz y solidaria en el momento en el que se incorporan diez paÃses con una renta muy inferior a la nuestra. La pretensión de limitar el presupuesto comunitario al 1% del PIB de la Unión es absolutamente inaceptable. Pero ello no depende en absoluto del contenido del TCE, sino de la voluntad polÃtica de los estados miembros.
Consideramos pues que el documento que se nos propone, no solamente permite propiciar las polÃticas sociales más avanzadas sino que nos invita a ello, respondiendo de esta manera a los deseos humanistas de los Padres de Europa.
- EL RESPETO A LA DIVERSIDAD. En el artÃculo anterior (I) desarrollé extensamente este punto por lo que me remito a su contenido.
A la hora de valorar globalmente el TCE, debemos tener muy en cuenta que, formalmente, estamos en presencia de un tratado y no de una constitución y que por consiguiente se trata de un paso, seguramente más importante que el de los tratados anteriores, pero un paso más. No es un texto definitivo sino que se podrá modificar con las mismas dificultades o facilidades que los tratados anteriores. Aproximadamente cada cinco años hemos conocido un nuevo tratado (Maastricht, Amsterdam, Niza). No hay razón alguna que nos haga pensar que algo similar no ocurrirá de aquà en adelante, una vez que hayamos asimilado la ampliación realizada en 2004 y 2007 (Rumania y Bulgaria) y preparemos la próxima incorporación de los paÃses de los Balcanes (Serbia, Montenegro, Croacia, Albania, Macedonia), paÃses todos ellos que sin duda se integrarán pronto en la UE.
La UE siempre ha avanzado paso a paso, más lentamente que lo deseado por europeÃstas convencidos como siempre hemos sido en nuestro partido, pero mucho más de prisa que lo asumible por los euro-escépticos. Siempre que sea posible debemos hacer posible el equilibrio entre las dos tendencias, sin que ello suponga un freno demasiado negativo.
Pero si examinamos los tres aspectos fundamentales a los que me he referido (Paz, Humanismo, Respeto a la Diversidad) tenemos que reconocer que este texto, por primera vez desde hace años, da pasos importantes. El hecho de que esos avances no sean tan importantes como lo que hubiéramos deseado no debe llevarnos a menospreciarlos o despreciarlos. Son el fruto de mucha perseverancia a lo largo de años y no estamos en condiciones para afirmar que se hubiese podido dar un salto mayor en este momento de la historia europea.
Pero ¿que futuro puede predecirse a la UE en el caso de un NO en varios paÃses? Algunos nos anuncian que un NO servirÃa para relanzar una UE más integradora y social. Quienes afirman ello poco han vivido el mundo polÃtico europeo. Las fuerzas que propugnan el NO, en su inmensa mayorÃa, son contrarios a la idea de una Europa polÃticamente integrada y lo único que desean es ver paralizada su evolución; esperan ver una UE imposible de gestionar polÃtica y administrativamente con las ampliaciones y hacer constatar a la ciudadanÃa el fracaso de estos intentos para volver a una Europa simplemente económica. Por otro lado solamente los partidos de derechas o extrema derecha propugnan el NO. ¿Quién puede pretender hacer progresar una filosofÃa más social apoyando el NO y asociándose a la derecha europea más rancia? En Europa el NO o la ABSTENCIÓN que hace también el juego del NO, significa: no a la integración polÃtica y no a la Europa social. No hay otra interpretación posible por mucho que localmente algunos asà lo deseen.
Finalmente nos encontramos frente al documento que más progresos introduce en la Unión Europea desde el Tratado de Maastrich. No debemos asumirlo como un mal menor, como una imposición dictada desde la Comisión o el Consejo Europeo. Nunca hemos conocido un proceso ‘‘constituyente’’ tan participativo como el de la Convención Europea.
Una postura positiva, clara y entusiasta a favor del TCE es la que mejor nos legitimará para reivindicar los cambios necesarios a introducir en etapas posteriores con el apoyo de nuestros socios y aliados europeos.
El Tratado refuerza la integración polÃtica europea e introduce por primera vez la noción de Poder Regional y el reconocimiento del Euskera. Además nos deja la posibilidad de una evolución positiva de este texto. Los Padres Vascos de Europa (Aguirre, Irujo, Landaburu), aún deseando ir más allá, no hubiesen imaginado nunca tales avances teniendo en cuenta tantas experiencias amargas a pesar de las fuertes, y leales, amistades con las que contaban. Creo sinceramente que hubiesen festejado con júbilo esta oportunidad que se les hubiese propiciado. Por ello es reconfortante constatar que la posición asumida por el EAJ-PNV sigue en la misma lÃnea que la que seguramente hubiesen adoptado nuestros ilustres antecesores. No es un argumento definitivo, pero sin duda es reconfortante.
Joxe Mari Muñoa es comisionado del lehendakari para las Relaciones Exteriores