Existe un antídoto eficaz contra los efectos de la desmemoria: la lectura. En estos tiempos de ahora, gracias a Internet, es fácil documentarse y comprobar lo que cada cual dijo o afirmó en aquellos momentos. Pero casi nadie lo hace.
Amparados en la desmemoria, los tales partidos pretenden sin sonrojo que hacen bandera del Estatuto de Gernika y el Pacto de Ajuria Enea. Incluso lo pretende el Partido Popular –por entonces Alianza Popular- que llamó a votar en contra del Estatuto.
Si los ciudadanos que ahora leyeran aquellos textos –que, insisto, están a su alcance- se llevarían muchas sorpresas. Comprobarían, por ejemplo, que el Estatuto de Gerniak se inicia afirmando: “El pueblo vasco o Euskal Herria, como expresión de su nacionalidad, se constituye como comunidad autónoma”. “Como expresión de su nacionalidad”. No como concesión de nadie. Verían igualmente que el propio Estatuto aclara que su aprobación no suponía ninguna renuncia a cotas superiores de autogobierno. Y cómo hace expresa mención, a tal efecto concreto, de la posibilidad de su reforma.
No menos asombro les produciría la lectura del Pacto de Ajuria Enea, en particular del punto en el que invita a los violentos a que “se incorporen a la actividad institucional, desde la que estarán legitimados para defender, por vía pacificas y democráticas, sus propios planteamiento políticos”. Les sorprendería, y con razón, que aplaudan ese texto quienes han conseguido que Batasuna quede fuera de las próximas convocatorias electorales. Y quienes rechazan airadamente que todos los planteamientos políticos puedan ser promovidos por vías pacíficas y democráticas, como las que está siguiendo Ibarretxe.
Hay más papeles dignos de recuerdo. Por ejemplo, la declaración de
Podrán alegar que aquellos textos ya no se ajustan a la realidad. Que creen que fueron positivos en su momento, pero que han dejado de valer. Sea. Pero, si eso es lo que piensan, ¿por qué no lo dicen? ¿¿Por qué continúan invocándolos retóricamente?
No vale la pena que respondan. Ya lo sé: para presentarse como continuadores de una causa histórica a la que se sumaron a regañadientes – los que se sumaron – y con la que nunca se han sentido realmente identificados.